"¡Qué pobres estos tenistas!"
Manuel Pablo Isla Premià de Dalt
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Escuela infantil municipal de Barcelona en mayo de 2022. / JOAN CORTADELLAS
Núria Aparicio
Escribo esta carta después de haber participado, por tercer año consecutivo, en el proceso de preinscripción de escuelas infantiles municipales de Barcelona sin obtener una plaza para nuestra hija. Somos una familia del Eixample. Vivimos, trabajamos y contribuimos a la ciudad, pero cuando llega el momento de acceder a un servicio público tan esencial como una escuela infantil descubrimos que no hay plazas suficientes.
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Esta situación nos ha obligado a recurrir a una escuela infantil privada, no por elección sino por necesidad, asumiendo un coste elevado que se suma a las dificultades de acceso a la vivienda y a los gastos propios de la crianza. Es imprescindible aumentar las plazas públicas, pero también reconocer el papel de las escuelas infantiles privadas que acogen a niños y niñas sin plaza en el sistema público.
Cuando una familia queda excluida de la oferta pública, la Administración debería garantizar ayudas suficientes para que el coste no recaiga exclusivamente sobre las familias. Las familias trabajadoras no pedimos privilegios, sino apoyo y corresponsabilidad. Cuidar a las familias es también cuidar el futuro de Barcelona.
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