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"El ayuntamiento debería revisar esa moda de organizar acampadas nocturnas"

Los jardines de la Maternitat, en el barrio de Les Corts de Barcelona.

Los jardines de la Maternitat, en el barrio de Les Corts de Barcelona. / ANTONIO MADRIDEJOS

Hace veranos que los vecinos del barrio de la Maternitat-Sant Ramon denunciamos la dejadez en materia de seguridad y convivencia. Las obras del Camp Nou, el aumento de robos o la suciedad son problemas que llevamos demasiado tiempo soportando. Pero hay cosas que no las traen los de fuera. Hay comportamientos que nacen aquí y que demuestran que el dinero nunca podrá comprar la educación.

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A finales de julio, los vecinos de Sant Ramon vivimos una situación lamentable. El Club Laietà, que desde hace un tiempo parece creerse el amo y señor del barrio gracias a las continuas visitas de representantes del ayuntamiento, la Generalitat y otras instituciones, organizó una acampada nocturna para sus socios infantiles. Lo que podía ser una actividad puntual acabó convirtiéndose en una noche de gritos constantes hasta pasadas las doce.

Varios vecinos nos dirigimos primero a los monitores para recordarles que el horario de descanso existe para todos, también para quienes nos levantamos a las seis de la mañana para trabajar. La respuesta fue que hacían lo que les daba la gana. Los niños, lejos de bajar la voz, siguieron gritando todavía más. Cuando acudimos a recepción encontramos la misma actitud. Y la sorpresa llegó con algunos padres, que nos llamaron "amargados" y llegaron a decir que, si había que pagar una multa por ruido, tenían dinero suficiente para hacerlo.

Aquella noche, el problema no fue el ruido. Fue la falta de empatía, de solidaridad y de educación de trabajadores y padres. Esos niños no venían de Ceuta ni de Marruecos; venían de familias que pueden pagar clases de tenis. Pero señores, el dinero puede pagar una multa, pero nunca comprará la educación y si no son capaces de decirles a sus hijos que bajen el volumen, tienen un problema que el dinero no comprará cuando se hagan adolescentes. Y quizá esa moda de organizar acampadas nocturnas también debería revisarse en Barcelona. Y no, no estamos amargados, solo queremos dormir lo normal.

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