Contenido de usuario Este contenido ha sido redactado por un usuario de El Periódico y revisado, antes de publicarse, por la redacción de El Periódico.

"Hemos confundido aprender con acceder a contenidos durante demasiado tiempo"

Alumnas y alumnos universitarios realizan un examen.

Alumnas y alumnos universitarios realizan un examen. / EP

Hay imágenes pequeñas que explican mejor una época que cualquier estadística. Un profesor que entra en un aula casi vacía con una clase preparada en una memoria USB es una de ellas. Ocurre cada día en universidades públicas y privadas de Catalunya. Grupos con decenas de alumnos matriculados terminan reduciéndose a dos o tres estudiantes. A veces, a ninguno. Y aun así, el docente espera por si alguien aparece tarde, como quien todavía confía en escuchar unos pasos en un pasillo desierto.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un 'post' para publicar en la edición impresa y en la web

La IA no ha creado este problema. Solo lo ha hecho más visible, y ha puesto de manifiesto una realidad que llevaba años creciendo silenciosamente. Durante demasiado tiempo hemos confundido aprender con acceder a contenidos, como si bastara con descargar apuntes, ver presentaciones o entregar tareas para que hubiera educación.

Pero una clase nunca ha sido solo transmisión de información. También es conversación, discrepancia, pensamiento compartido y humanidad. Se trata de descubrir matices inesperados en una intervención, escuchar una duda capaz de cambiar el rumbo de una explicación o comprobar cómo crece una idea cuando la piensan varias personas juntas.

El absentismo no solo empobrece a los estudiantes. También desgasta lentamente la vocación de quienes enseñan. Llega un momento en que uno deja de preparar debates o actividades complejas ante la sospecha de que quizá nadie acudirá. Y así, casi sin darnos cuenta, la enseñanza presencial se convierte en una rutina mecánica, privada de parte de aquello que le daba sentido.

Quizá el gran reto educativo de nuestro tiempo no sea tecnológico, sino humano: recuperar el valor de la presencia, la atención compartida y ese espacio insustituible que todavía llamamos aula.

Participaciones de loslectores

Másdebates