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"El amor en la generación Z: bendito sea el progreso evolutivo"

"El amor en la generación Z: bendito sea el progreso evolutivo"
César Carulla

No hace mucho, una amiga me dijo que su hija le comentó que no creía en el amor. Literalmente: “Mi hija me ha dicho que no cree en el amor y que eso es culpa mía y de su padre”. Su hija tiene 17 años, en breve cumplirá la mayoría de edad; precisamente, yo también tengo un hijo con tan solo seis meses de diferencia (menor).

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El caso es que mi hijo no me habla del amor. No le preocupa, ni siquiera se cuestiona su concepto, por lo menos conmigo no lo trata. Hablamos de otros temas existencialistas de gran relevancia como la libertad, la justicia, el sentido del deber, la teología, el progreso de la humanidad, la ecología, la política y asuntos sociales (ser cosmopolita, nacionalismo, globalización, flujos migratorios, esclavitud [enmascarada], etnocentrismo) de la pobreza, la soberbia, la humildad, la esperanza, la guerra... pero que yo recuerde nunca hablamos del amor.

Personalmente creo que su generación ha trascendido el concepto cultural del amor entre dos personas como un aspecto necesario en la vida de un individuo. Es la generación Z, en la que todo vale: lo bueno y lo no-bueno, ya que los paradigmas morales han pasado de ser rígidos a ser caóticos, y, ni lo uno ni lo otro es bueno para el amor (considerando su sostenibilidad).

Es decir, creer (o no) en el amor no es más que el resultado de la experiencia obtenida por referencia: padres, tíos, abuelos... de lo que se desprende una fe incuestionable en caso de que en su entorno se haya dado en armonía o todo lo contrario si se ha dado de forma convulsa. Por tanto, creo que mi hijo y la hija de mi amiga han tenido sus respectivas referencias y de ahí resulta la indiferencia ante el amor por parte de mi hijo y la falta de fe en el amor por parte de la hija de mi amiga.

En ambos casos, estoy seguro de que nuestros hijos serán mejores amantes que sus respectivos padres (mi amiga y yo) ya que en ellos no se aprecia el egoísmo. Bendito sea el progreso evolutivo.

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