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Agresiones en el fútbol infantil: los niños, los que más sufren

Una imagen de la pelea entre padres en el partido de infantiles en Mallorca

Josep V. MadolellBarcelona

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Miércoles, 22 de marzo del 2017 - 12:59 h

Los hechos tremendos ocurridos en un partido de fútbol celebrado en Palma hubieran podido acaecer en cualquier lugar del país y esto debe preocuparnos mucho.

El fútbol es el deporte más practicado por centenares de miles de niños y jóvenes en España, es el preferido para las horas extraescolares. Tiene unos atractivos extraordinarios, se juega en campo grande, es juego de equipo, permite un sinfín de situaciones técnicas y tácticas, favorece la condición física y la salud, fomenta el esfuerzo, la superación, la competición, el compañerismo, el respeto a las personas y a las normas, equipaciones atractivas.Y un balón, el maravilloso y venerado balón. Demasiados alicientes como para rechazarlos.

Cuando la niña o el niño se inicia en el fútbol suele acompañarle sus padres o abuelos, que lo hacen con gran ilusión para que el incipiente jugador pueda disfrutar con plenitud. ¿Pero le acompañan por algún motivo más? Hay señales evidentes y preocupantes de que sí.

Qué buscan los padres que llevan al hijo a jugar a fútbol? Además de lo lógico y racional, afloran muestras nítidas de un deseo de satisfacer ilusiones personales que en muchos casos son derivadas de frustraciones de épocas de la infancia y adolescencia. La necesidad de querer ver conquistado a través del hijo lo que ellos no fueran capaces de alcanzar. Y es aquí donde comienza el recorrido hacia el precipicio, los padres se convierten en irracionales abogados defensores representantes de sus hijos ante entrenadores y en implacables fiscales de rivales e incluso compañeros. Además de envolverlos en una hiperprotección que los alejan de la realidad  y los trasladan a un escenario nocivo. Si como ocurre en la mayoría de los casos las espectativas de conquistas o grandeza no se cumplen, se disparan todas las alarmas, los padres disparan contra entrenadores, clubs, árbitros, rivales y familiares del propio equipo o del rival.

Es cuando se produce la gran catarsis que provoca que los padres que deberían ser el referente educativo, se conviertan en el mal ejemplo que los hijos tienden a imitar. Esta situación causa estrés, ansiedad, intranquilidad al pequeño que en muchos casos conduce al abandono de la práctica deportiva, el deterioro de la autoestima, que en muchos casos esos padres disfrazan con el archisabido argumento de falta de motivación por parte del entrenador. Sobreproteger al hijo es el papel erróneo que muchos padres creen que les corresponde y son incapaces de ver otra opción.

Estas situaciones se cuecen además cuando en los clubs hay padres especializados en hablar de todo y de todos, emitiendo juicios y evaluaciones de su hijo y de los demás, que son caldo de cultivo para que afloren las reacciones viscerales de los propios hijos que adquieren a través del ejemplo de los padres, un hábito de resolución de conflictos a través de la violencia. Las consecuencias son terribles, deterioro de las relaciones familiares y personales, ausencia de relaciones de cercanía, confusión por el cambio de rol en el comportamiento del adulto. Es muy habitual que en el ámbito del propio equipo haya padres que no se dirigen la palabra o adopten posiciones distantes en la grada.

Demasiados argumentos para que nuestro querido y mimado balón, protagonista sublime del fútbol, decida avergonzado abandonarnos, harto de tanto descerebrado frustrado. Por favor, no rebajemos ni un grado nuestras convicciones, es un deporte único. Que no se nos vaya el balón, que no se nos vaya el fútbol.

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