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Adiós triste a la centenaria Codorníu

Javier Ruiz Moreno

Javier Ruiz Moreno

Sant Just Desvern

Imagen de una de las bodegas de Codorniu.

Imagen de una de las bodegas de Codorniu.

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En estos últimos días, se ha oficializado la venta del grupo Codorníu al fondo The Carlyle Group: el capital para esta inversión provendrá del fondo Carlyle Europe Partners. No es una noticia empresarial más sobre la adquisición de una empresa por otra. Es mucho más que eso, al ponerse fin a: 

1. la empresa familiar más antigua de España, acreditada desde 1551, o a la tercera empresa más antigua de Europa (luego de una bodega italiana y de una industria papelera francesa) y a la décimoquinta empresa más antigua del planeta.

2. la primera bodega española en elaborar vino espumoso (Josep Raventós Fatjó, en 1872).

3. más de cuatro siglos y medio con compromiso continuo con la calidad; a una empresa contraria a la especulación y siempre comprometida con su responsabilidad social.

4. la empresa que en, en 1914, convirtió una zona desértica en una tierra fértil, o en Raimat (Manel Raventós Domenech); con una primera vendimia en 1917, y donde ahora está la mayor extensión de viñedos de Europa (100% certificados por el Consejo Catalán de la Producción Integrada).

5. una firma con bodegas en el Penedés, en el Priorat, en la Conca de Barberá, en el Cinca, en la Rioja, en la Ribera del Duero (o en siete denominaciones de origen)... además de en Napa Valley (EEUU) y en Mendoza (Argentina).

6. la bodega que, por primera vez en España (década de los 70), cultivó las variedades Cabernet Sauvignon, Chardonnay y Merlot.

Por estos hechos, que no son todos, es una lástima que Codorníu haya acabado así su andadura secular. Pierden mucho las comarcas referidas, y Catalunya y España. Y pierde también la comunidad empresarial y todos quienes somos partidarios de la economía productiva. Es cierto que Codorníu no generaba beneficios a los accionistas en los últimos años, y que había desavenencias entre las diferentes ramas familiares, pero, al no valorarse los puntos señalados y, en esencia, lo intangible, es un final demasiado triste para esa empresa tan centenaria como socialmente responsable. Quizá, desde alguna administración, ¿se podía haber valorado algo más lo sucedido en defensa de la economía productiva? En cualquier caso, gracias a Codorníu por todo lo que ha dado.

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