"La ilusión como estrategia para preservar nuestra salud mental en tiempos de covid"

Una mujer mira por la ventana, en abril del 2020, en pleno estado de alarma en España.

Una mujer mira por la ventana, en abril del 2020, en pleno estado de alarma en España. / Efe

Alberto Alamo Díaz

Me dirijo hacia la ventana con el fin de mirar al descampado que hay enfrente, ni siquiera con la intención de abrir y asomarme. De forma casi instintiva acerco mi mano hacia el perchero en el que tengo colgada una mascarilla, con la intención de ponérmela, simplemente para aproximarme a la ventana… Antes de coger la mascarilla me detengo. Me quedo, por unos segundos, paralizado.

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“Estoy habituándome a esto”. Hasta para una persona tan ilusa, soñadora, utópica e ingenua como yo, la ilusión de volver al punto en el que estábamos antes se está desvaneciendo, en detrimento de esta resignación que se traduce en poner el ‘modo automático’ en muchos de los gestos más frecuentes.

Como persona inexperta en virología, biología o medicina, no puedo luchar contra algo tan grande. Esa es la idea que germinó en mi mente cuando me di cuenta de las dimensiones de esta situación global. No puedo luchar contra tanta incertidumbre. Sin embargo, me he dado cuenta de que sí puedo luchar, pero en un campo de batalla diferente al que creía: la conciencia y la actitud. Y no hablo de otra muestra más de la tiranía del positivismo, sino de un posicionamiento con un determinado propósito.

¿Qué sucedería si no nos ilusionamos con que todo va a volver a la normalidad? Que nos acostumbraríamos hasta tal punto que consideraríamos normal algo que nunca lo ha sido. No pretendo apelar a un análisis irreal de la situación, sino revisar la actitud que tenemos ante esta situación, porque tener ilusión e incluso fantasear con volver a la vida que teníamos antes (sin olvidar que muchas personas jamás podrán tener la vida que tenían debido a las irreparables pérdidas de seres queridos) puede ser el único recurso que nos quede para evitar la siempre contundente resignación.

En definitiva, ilusión como actitud adaptativa, como estrategia para preservar nuestra salud mental y como recordatorio de cómo son nuestras vidas, no de cómo fueron.

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