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¿A qué juegan en la Moncloa?

Olga Galindo

Barcelona

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / REUTERS / SERGIO PÉREZ

No es lo mismo jugar al parchís que al dominó, ni al ajedrez que a las damas, ni al póker que al julepe. En deportes rigen distintas normas para el fútbol o el rugby, para el tenis o el pingpong, para la equitación o el ciclismo.

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Para una negociación, que se podría catalogar como un juego de estrategia, antes de sentarse a la mesa hay que decidir a qué pretendemos jugar y, sobre todo, qué normas o reglas nos comprometemos a acatar: qué fichas, qué piezas y tableros, qué naipes, qué pelotas, qué pelotitas, qué raza de caballo o qué clase de bicicleta. Y también marcar un objetivo claro, que oscila entre ganar o clasificarse para futuros torneos.

En esas estamos. Negociación tras negociación. ¿Para qué estamos negociando?¿Para conseguir que alguien continúe cuatro años donde está o que alguien salga pronto de donde está? ¿Para que algunos se coloquen en los mejores puestos de salida en una futura carrera de caballos, pero empeñados en hacerlo pedaleando, montados en bicicleta? ¿Para que otros se presenten a la partida de pingpong armados con una flamante raqueta de tenis? ¿Y qué tal los que pretenden lanzarse en plancha a la portería de fútbol abrazados al balón de rugby?

En estas fechas prenavideñas, les resultaría más provechoso (y además lo pasarían mejor) echar unas partidas de parchís, dominó, ajedrez, damas, póker o julepe. Pero siempre apostando su dinero y no el nuestro.

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