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Azul oscuro casi negro

Su cabello ha pasado del castaño claro al rubio, persiguiendo la misma intención: la dulcificación de un mensaje verbal radicalizado

Azul oscuro casi negro
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Patrycia Centeno
Patrycia Centeno

Experta en comunicación no verbal.

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Hace ya unos meses que Giorgia Meloni dejó de vestir de negro. Prefiere ahora los tonos pastel o los colores alegres, como el rosa fucsia. Pero no se trata solo de los caprichos de la moda o una evolución estilística personal; la decisión es política. Cuando Annalisa Cuzzocrea, corresponsal de 'La Repubblica', comentó hace un año en un tuit que la líder de Hermanos de Italia lucía un 'total black', Meloni, indignada, se afanó en aclarar que era "È blu. Interamente vestita di blu.". Si deseas convencer a la ciudadanía que no eres la heredera de Mussolini hay una serie de códigos visuales que debes evitar y el primero, junto con no levantar la manita ni para pedir un taxi, es evitar la referencia a los camisas negras. A sabiendas, cuando la italiana no aguanta tanto tono pastel y alegre con el que suaviza su discurso, juega con el azul oscuro casi negro. Y por lo que se ve, la estrategia le ha funcionado: crea daltonismo en la opinión pública que en vez de contemplar un patrón fascista (camisa negra) ven un modelo de ultraderecha o derecha conservadora (azul oscuro casi negro).

Coinciden los analistas que una de las claves de la victoria de Meloni ha sido ofrecer una imagen de mujer del pueblo. Cobra 11.000€ al mes, pero desde que empezó la contienda electoral se descolgó los Louis Vuitton y los Calvin Klein del brazo. Ahora, dice, apuesta por el diseño artesanal italiano ('Italy First'). La primera mujer primer ministra de Italia también ha renunciado a su pasada apariencia institucional, compuesta por el tradicional traje de chaqueta pantalón y 'stiletto'. Prefiere prendas 'oversize' (que huyan de la rigidez), de tejidos de calidad (denotan honestidad) y prefiere calzar deportivas (una persona de la calle). Su cabello ha pasado del castaño claro al rubio, persiguiendo la misma intención: la dulcificación de un mensaje verbal radicalizado. Le ayuda, además, una sonrisa casi permanente que contagia cierto 'buenrollismo' y que no intimida al personal, como sí sucedería si Meloni empezara a agitar al electorado con el ceño fruncido. Aunque, si se la observa bien, detectarán el característico tic gestual autoritario (tanto de derechas como de izquierdas): ese dedito índice apuntando hacia arriba aparece sistemáticamente para amenazar y advertir. ¡Ojito!

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Estos 'tips' de cómo camuflar al fascismo empiezan a sonarnos... La estrategia estética de Meloni no dista de la aplicada por Marine Le Pen en Francia, después de romper con su progenitor. Se trata de la receta creada por el padre del populismo de ultraderechas moderno, Steve Bannon. Asesor de Trump, Bolsonaro, Salvini o Abascal, tiene claro que para que el discurso de odio no produzca tanto recelo debe ser diluido con una imagen amable, cálida y cercana que despiste al electorado. La fórmula funciona. Cuando tuvo lugar el asalto al Congreso de los EEUU, las redes sociales se llenaron de memes sobre los disfraces aparentemente divertidos y ridículos que llevaban los asaltantes (cuernos, ranas, capas... ). Hacía falta conocer a fondo los nuevos códigos semióticos del neofascismo para darse cuenta que en ningún caso aquella puesta en escena era inocente. Ciertamente, habría impactado mucho más (incluso se hubiera catalogado de golpe de Estado y no de asalto) si los manifestantes se hubieran uniformado militarmente. Pero, al no provocar miedo en el espectador, resulta más complicado que este advierta la amenaza y se proteja ante el peligro.

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El domingo, al agradecer a sus votantes el apoyo, alguien le lanzó a Giorgia Meloni una camiseta donde se podía leer "mujer, madre, italiana y cristiana". Y es que sus asesores han trabajado para intentar colar también el falso relato feminista. ¿Cómo va a ser el partido Hermanos de Italia, pese a sus medidas, misógino y machista si hasta permiten que lo lidere una mujer? De ahí que triunfen últimamente tantas líderes féminas (no confundir con el liderazgo femenino) en la ultraderecha. Las utilizan de escudo ante las críticas como Vox Catalunya emplea a Ignacio Garriga ante quienes los acusan de racistas.

Así que será la primera mujer primera ministra de Italia, pero como tan bien la caló una cantante italiana: "Giorgia Meloni es un hombre de 1922".