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Los aviones de los bisabuelos | + Historia

Las huelgas de los trabajadores de las compañías aéreas están complicando el desplazamiento de muchos viajeros estas semanas porque muchísima gente toma aviones para ir de vacaciones. Hace cien años era algo distinto.

Cartel publicitario de Imperial Airways, en 1929 (San Diego Air & Space Museum Archive)

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Cuando uno imagina las vacaciones a un destino lejano, enseguida se ve en el lugar soñado, como en las películas, donde con un cambio de plano, el protagonista de la historia ya ha llegado a donde quería ir. Pero en la vida real estas elipsis cinematográficas no existen y toca ir al aeropuerto, facturar el equipaje, pasar los controles pertinentes, esperar la hora de embarcar, subir al avión y realizar el trayecto. Y todo esto con colas, esperas y con el temor de que no haya ningún inconveniente de última hora. Como, por ejemplo, lo que está ocurriendo este agosto, en el que los trabajadores de distintas compañías aéreas, cansados de sus malas condiciones laborales, hacen huelga para protestar.

Una de las transformaciones que ha vivido el sector de la aviación en las últimas dos décadas es la aparición de aerolíneas que ofrecen los billetes a precios irrisorios, lo que en inglés (que siempre hace más moderno) llaman las 'low cost'. Que, oh sorpresa, son las protagonistas de las huelgas. Aunque son las que utilizamos la mayoría, hay muchas más. Hay que tener presente que en el aeropuerto de El Prat operan de forma habitual un centenar de compañías.

Nada que ver con lo que ocurría hace unos cien años, cuando el sector empezaba a despegar (perdón por el inevitable y fácil juego de palabras). Aunque, en realidad, desde principios del siglo XX ya se realizaron los primeros intentos de crear líneas regulares. Por supuesto que entonces no se hacía con aviones como los actuales. El 16 de noviembre de 1909, en Alemania, se inauguró la Deutsche Luftschiffahrts-Aktiengesellschaft, que operaba con dirigibles. Y en Estados Unidos, la primera ruta fija fecha de 1914. Gestionada por la St. Petersburg – Tampa Airboat Line, unía estas dos ciudades de Florida con hidroaviones.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el conflicto lo cambió todo. De entrada, dejó paralizada a toda Europa, pero a la larga serviría de impulso para la aviación. La gran novedad de ese conflicto bélico fue la lucha por el dominio del cielo y todos los países invirtieron mucho dinero en tener una fuerza aérea.

Mucho antes de terminar la guerra, algunas mentes preclaras se dieron cuenta de que una buena oportunidad de negocio sería aprovechar los aparatos de combate para el uso civil. Este fue el caso del británico George Holt Thomas, que antes de 1914 ya había empezado a desarrollar proyectos en el mundo de la aviación. En 1916 fundó la Aircraft Transport & Travel y formó la flota a partir de aeronaves militares reconvertidas, para llevar a una docena de pasajeros.

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Enseguida le salieron imitadores, tanto en Reino Unido como en Francia y Alemania. En todas partes nacían pequeñas iniciativas que operaban con unos pocos aparatos. La mayoría hacían conexiones en su propio territorio, pero en 1919 ya se pusieron en marcha los primeros vuelos regulares entre París y Londres. Entonces, el trayecto duraba algo menos de tres horas.

En Europa, las empresas germánicas eran las más potentes porque contaban con apoyo estatal y, además, la firma Junkers fabricaba muy buenos aparatos. De hecho, la compañía no solo los producía, sino que gestionaba una aerolínea propia que volaba a Países Bajos, las repúblicas bálticas y las principales ciudades de la península escandinava.

Con la reactivación económica después de la guerra, las empresas quisieron crecer pero era necesario unir esfuerzos. En cada país empezó a favorecerse la fusión de las pequeñas aerolíneas para crear las llamadas compañías de bandera. Así, por ejemplo, en 1923 nació Air France; en 1924, en Reino Unido la Imperial Airways (predecesora de la British Airways) y en 1926 fue el turno de las teutonas, que constituyeron la Luft Hansa. Sin embargo, las que tienen el honor de ser las más antiguas en activo son la KLM neerlandesa y la Avianca colombiana, ambas son de 1919; junto con la Qantas australiana, fundada en 1921.

Vete a saber si todos aquellos pioneros imaginaban que sus compañías llegarían al siglo XXI. Seguramente, deberían ver el futuro tan incierto como nosotros el nuestro, porque es imposible saber si el negocio de las 'low cost' será capaz de aguantar tanto como aquellas aerolíneas que nacieron hace cien años.


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