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Los gatos también sufren alzhéimer y otras enfermedades neurológicas que les afectan al cerebro

Primer plano de un gato.

Primer plano de un gato. / Joan Cortadellas (Zeta_intramedia)

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Vega S. Sánchez
Vega S. Sánchez

Periodista

Especialista en animales, plantas y curiosidades

Escribe desde Barcelona

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En España, según la ANFAAC (Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía), hay más de 29 millones de mascotas. Y según estos datos, elaborados a partir del Estudio de Censos 2021 ANFAAC y Veterindustria, de ellos más de 9,31 millones son perros y casi 5,86 millones son gatos. Y a pesar de esas altas cifras, los países de la Unión Europea de nuestro entorno todavía superan a España en cantidad de mascotas.

Y pese a que la población gatuna aún no es tan numerosa como la perruna en España, el Día Internacional del Gato, que se celebra este lunes, es una efeméride señalada en cada vez más hogares españoles, puesto que la cifra de felinos ha aumentado en los últimos años un 38%.

8 de agosto: Día Internacional del Gato

Se trata de una jornada para reconocer y defender los derechos de estos animales ante los abusos y abandonos que sufren diariamente, así como concienciar a la población mundial de la importancia de su cuidado y mantenimiento.

"Lo primero que hay que tener en cuenta es que los gatos son animales que pueden llegar a vivir 10, 15 y hasta 18 años" de media, afirma Àlex Salvador, coordinadora de El jardinet dels gats, una entidad sin ánimo de lucro de Barcelona que se dedicada al cuidado y protección de los gatos callejeros y abandonados.

Es básico, por tanto, "reflexionar y ser responsables, teniendo en cuenta que nuestra vida puede cambiar mucho en todos esos años", añade Salvador. Hay que ser conscientes, también, que aunque son animales que pueden quedarse solos en casa un par de días -siempre bien provistos de alimento y agua, por supuesto-, no es conveniente dejarlos desatendidos mucho más tiempo, por lo que hay que llevárselos de vacaciones o dejarlo a cargo de un cuidador, ya sea profesional o una amistad o familiar.

Más memoria que los perros

Los gatos son seres fascinantes. Muy poca gente sabe que tienen más memoria a largo plazo que los perros, por lo que serían más fácilmente domesticables... si se dejaran, puesto que no es fácil adoptar un gato.

Pero pese a su docilidad -o falta de ella-, lo cierto es que los gatos son seres autónomos y cariñosos a la vez.

Su comportamiento, sin embargo, en ocasiones puede resultar un misterio para muchos de quienes conviven con ellos. Por eso es necesario conocerlos mejor para poder garantizar su bienestar, contribuir a su salud y lograr una mejor convivencia.

Cerebro similar al humano

Tampoco mucha gente sabe que los gatos comparten en un 90% el cerebro de los humanos. Y es quizás este hecho el que hace que las enfermedades neurológicas que afectan al cerebro de los felinos sean más frecuentes de lo que pensamos: tienen enfermedades vasculares, de tipo ictus, malformaciones del cerebro, fracturas del cráneo… Y alzhéimer.

"Las enfermedades del cerebro dan mucho miedo, pero los cuidadores deben saber que se pueden apoyar en veterinarios especialistas en neurología que sabrán qué les ocurre a las mascotas y les dirán los siguientes pasos y las formas de tratamiento más adecuadas", explica Anna Suñol, responsable del servicio de Neurología y Neurocirugía de AniCura Ars Veterinaria Hospital Veterinari.

"Las enfermedades de este tipo que con más frecuencia vemos en nuestro centro son la epilepsia idiopática, las meningitis (inflamatorias o infecciosas) y los tumores intracraneales", asegura esta experta. Las causas son múltiples y dependen de muchos factores. Por ejemplo, muchas de ellas dependen del país en el que habita la mascota. Sin embargo, es importante tener en cuenta que este tipo de trastornos puede llegar a afectar a animales de cualquier tipo, raza o edad.

¿Cómo saber si mi gato está enfermo?

Los síntomas de las enfermedades neurológicas que afectan al cerebro dependen de la zona que se encuentra afectada. Algunas de las señales más frecuentes que pueden ayudarnos a identificar un trastorno de este tipo en nuestra mascota son los cambios de comportamiento repentinos, las carreras compulsivas, el dar vueltas sobre sí mismo al andar, ladear la cabeza o tener falta de coordinación -que se traduce en tropiezos o caídas-, que no pueda salir de una habitación y/o que sufra ataques epilépticos.

Si el gato padece alzhéimer -una enfermedad que pueden sufrir los felinos a partir de los 11 años y que suelen tener la mitad de los gatos que han cumplido los 15- es probable que haga sus necesidades fuera de la arena y que sufra cambios bruscos de comportamiento, como que sea más agresivo o arisco o intente llamar la atención en exceso. De hecho, es bastante probable que se muestre desorientado, sobre todo de noche, y se dedique a maullar con ahínco, aunque antes apenas lo hiciera.

¿Alzhéimer o demencia senil?

No obstante, el alzhéimer gatuno puede confundirse con la demencia senil- al igual que sucede con los humanos-: en estos casos, el gato también padece alteraciones del sueño -dormir más de día que de noche- y desorientarse dentro de la vivienda en la que siempre ha residido, haciendo menos ejercicio y moviéndose menos, deambulando con desgana y quedándose bloqueado detrás de un objeto sin saber cómo rodearlo.

También es común que el gato afectado tenga dificultad a la hora de asimilar los cambios y aprender cosas nuevas o muestre poco interés por la comida, el aseo (deja de atusarse y lavarse con la asiduidad con la que solía hacerlo), se muestra más agresivo y/o ansioso de lo habitual o, por contra, más apático: responde con desgana a los estímulos externos.

Cómo actuar

Al identificar cualquiera de estas señales, los expertos recomiendan acudir de inmediato a un veterinario especializado para que examine al animal. Si el veterinario nos deriva a un neurólogo o un centro que no es el habitual, conviene llevar el historial clínico del gato.

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Como sucede en el caso de los humanos, en el centro médico le harán un examen físico y neurológico completo, así como las pruebas diagnósticas necesarias (las más comunes, la resonancia magnética de la cabeza y, en muchos casos, la extracción de líquido cefalorraquídeo).

Tras estas pruebas, se le realizará un diagnóstico y se le pautará un tratamiento adecuado para la enfermedad en cuestión. "En el caso de la epilepsia, el tratamiento son los antiepilépticos. En algunos casos, se valora el tratamiento coadyuvante como cambios de dieta. En cuanto a la meningitis, depende de si es inflamatoria o infecciosa y generalmente se recomiendan antiinflamatorios y en algunos casos antibióticos. En los tumores, depende totalmente: cirugía, radioterapia, tratamiento médico, soporte…", concluye la doctora Suñol.

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