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Hemingway estuvo en Pamplona, pero no tanto | + historia

Este jueves comienzan los encierros en Pamplona, una de las fiestas populares más reconocidas a nivel internacional, en buena parte, gracias al escritor Ernest Hemingway, aunque quizá se haya exagerado un poco.

Hemingway, en una terraza de Pamplona durante los Sanfermines.

Hemingway, en una terraza de Pamplona durante los Sanfermines. / Archivo

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Es decir "7 de julio" y automáticamente se nos dispara una respuesta: "¡San Fermín!". Y ya no hace falta decir más porque enseguida a todos nos vienen a la cabeza las imágenes de un alegre y enorme gentío vestido de blanco, con pañuelos rojos y bebiendo sin parar. ¡Ah! Y los encierros y la calle de la Estafeta.

Evidentemente esto solo es un cliché, casi caricaturesco, de una fiesta muy arraigada en Pamplona y que atrae a miles de turistas de todo el mundo. Uno de los que más contribuyó a su internacionalización (y mitificación) fue el escritor estadounidense Ernest Hemingway.

Su vinculación con la ciudad navarra es tal que a pesar del paso del tiempo sigue sirviendo de reclamo turístico. Lo que ocurre con estas figuras es que las leyendas y rumores que les rodean acaban pesando más que los hechos comprobables. Esto lo ha demostrado el escritor Miguel Izu en el libro 'Hemingway en los sanfermines', donde trata de distinguir lo real de lo fabulado en la relación entre el novelista y la fiesta.

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Para empezar hay que tener claro que Hemingway solo estuvo en Pamplona por los sanfermines en 10 ocasiones. La primera hace 99 años y después, de manera consecutiva, repitió la visita hasta 1927. Durante estos años gestó, escribió y publicó el famoso libro 'The sun also rises' (traducido el español como 'Fiesta'), donde narra el viaje por Francia y España de un grupo de americanos que llegan a Pamplona en plenas fiestas. Sus detalladas descripciones contribuyeron a fijar en el imaginario del mundo anglosajón qué ocurría cada julio en esa localidad del norte de la península ibérica. Y, de hecho, sirvió para que muchos de sus lectores quisieran acercarse a Iruña para experimentar las mismas sensaciones que los protagonistas de la novela, pero esto fue después de la guerra civil.

Antes de que estallara el conflicto, Hemingway solo volvió a los sanfermines en 1929 y 1931. Después, a raíz de su apoyo al gobierno republicano en 1936 y a las críticas al fascismo, pareció que no podría volver a España por su significación política. Todo cambió en 1953.

En plena Guerra Fría, Franco intentaba aproximarse a Estados Unidos jugando la carta del anticomunismo (más que nada porque sus aliados internacionales en Europa, Hitler y Mussolini, habían sido derrotados en 1945). El acercamiento de Madrid a Washington comenzó en 1947 y se fue concretando cuando en 1952 se iniciaron las negociaciones por un tratado bilateral. En ese contexto, la visita de Hemingway a los sanfermines de 1953 fue perfecta para reforzar la imagen positiva de España ante la opinión pública americana. Según explica Izu en su libro, el escritor se prestó a ese papel porque no quiso hablar de política ni se dejó entrevistar por la prensa local para no comprometerse.

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Apenas dos meses después, en septiembre, se firmaban los Pactos de Madrid, que daban luz verde a la instalación de bases del ejército de EEUU en territorio español a cambio de ayuda económica y militar. Al año siguiente Hemingway recibió el premio Nobel de literatura y se consagró definitivamente como una celebridad mundial que la dictadura nacionalcatólica hábilmente supo utilizar en su proceso de blanqueamiento internacional. Sin ninguna manía se sirvieron de su figura como reclamo turístico. Eso sí, evitando recordar su pasado antifascista. Simplemente lo 'vendieron' como un don juan excesivo, bebedor y amante de la España 'auténtica', o sea la del vino y de los toros. Era una imagen que encajaba muy bien tanto con la que ya había descrito en su libro de los años veinte como con el estereotipo de España que esperaban encontrar los primeros turistas americanos de clase media que viajaban a Europa aprovechando la bonanza económica de los años 50. No es de extrañar, pues, que cuando Hemingway regresó a Pamplona en 1956 y 1959 fuera recibido con todos los honores. Y hasta hace poco los jóvenes americanos seguían visitando los sanfermines para emular sus pasos. Sin embargo, ahora con la conciencia de las nuevas generaciones con temas como el respeto a los derechos de los animales esto ha empezado a pasar a la historia.


Libro póstumo

Ernest Hemingway se suicidó en 1961 cuando estaba trabajando en un texto para la revista 'Life' sobre las corridas de toros que vio durante su última visita a Pamplona dos años antes. Finalmente, aquellas páginas acabaron formando parte de un libro póstumo, lo que aún ayudó a aumentar más el mito de su relación con los sanfermines.