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Un faro, un metro y un reloj | + Historia

En el puerto hay un reloj que no pasa desapercibido a los ojos más observadores. Ahora está de cumpleaños y sus 250 años de historia permiten descubrir episodios hoy olvidados de la Barcelona de hace más de dos siglos.

La torre del reloj de Barcelona en una foto de 1926.

La torre del reloj de Barcelona en una foto de 1926. / Brangulí, AFB

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Desde hace semanas, los relojes son protagonistas de la actualidad barcelonesa. Por un lado por las noticias de los robos a los turistas y por otro, aunque de forma mucho más desapercibida, porque se está celebrando el 250 aniversario de la Torre del Reloj, ubicada en el Muelle de Pescadores del Puerto.

Como dice el tópico, si sus piedras hablaran nos contarían un montón de historias. Y, sobre todo, nos ayudarían a entender la transformación de la ciudad y del mundo. Para empezar porque cuando se construyó, en 1772, su función no era marcar el paso del tiempo. Originariamente era un faro, ya que ahí estaba la bocana del puerto. No se convirtió en reloj hasta 1904, cuando ya había perdido su función primigenia debido a las ampliaciones de los muelles y a la instalación de un faro más potente en Montjuïc. Desde entonces, poco a poco, se convirtió en un personaje secundario de la ciudad y perdió el protagonismo del que había disfrutado durante sus primeras décadas de vida. Igual que les pasa a aquellos actores y actrices que, al envejecer, son olvidados por la gente porque ya no son las principales estrellas de las películas.

En verano de 1792, cuando hacía dos décadas que el faro había entrado en funcionamiento, un matemático llamado Pierre François André Méchain llegó a Barcelona por encargo de la Academia de Ciencias de París. Su misión era medir al meridiano que pasaba por la capital francesa en el tramo que iba desde Dunkerque hasta Catalunya. Aquel trabajo formaba parte del proyecto para establecer un sistema universal de medidas que pudiera adoptar todo el mundo y acabar con el desbarajuste que había entonces, donde cada región tenía una escala propia, lo que dificultaba mucho los intercambios comerciales.

El proceso se basaba en un método de triangulación geodésica, en el que los vértices de los triángulos eran accidentes geográficos o puntos emblemáticos. En Barcelona, Méchain escogió como elemento principal la torre del castillo de Montjuïc y el Faro (ahora Torre del Reloj) fue uno de los puntos geodésicos complementarios.

El problema es que en aquellos momentos Francia estaba en plena revolución y mientras Méchain estaba en Catalunya, la situación se complicó porque Luis XVI fue decapitado y estalló la guerra con la España borbónica, que quería evitar que los aires revolucionarios llegaran a la península ibérica. Atrapado en esta situación, el matemático galo no pudo regresar a su país hasta 1798. Allí completó los cálculos y los compartió con el resto de académicos.

El resultado de ese trabajo cambiaría el mundo para siempre porque permitió crear el sistema métrico decimal. El encargado de darlo a conocer al mundo fue Napoleón, que aprovechando el caos revolucionario, se había hecho con el poder para convertir a Francia en un imperio. Las conquistas de Bonaparte ayudaron a extender el nuevo sistema de medidas, que él mismo dijo que serviría para todos los pueblos. Para todos excepto para los anglosajones que no estaban dispuestos a aceptar nada que viniera de tierras galas.

Con las medidas de Méchain ese faro, que ahora es reloj, quedó situado en la intersección entre el meridiano de París y uno de los paralelos. Esto fue utilizado posteriormente por Ildefons Cerdà a la hora de diseñar su plan de Eixample ya que ese enclave le sirvió como punto de referencia imaginario desde donde trazar las avenidas Meridiana y Paral•lel.

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El proyecto de Cerdà permitió el crecimiento de la ciudad por la zona del Pla de Barcelona. Pero la urbe también se expandía cabalgando las olas. En el siglo XIX los barcos todavía eran el principal medio de transporte y el puerto se fue adaptando a un mayor volumen de tráfico ya unas naves de mayor y mayor envergadura. En consecuencia, las infraestructuras portuarias se fueron amoldando a toda esa transformación y el faro quedó relegado a segunda línea. Como ya no tenía sentido que mantuviera su función, se le buscó una nueva utilidad y fue transformado en reloj. Y ahí sigue, marcando el paso del tiempo a todo el mundo que le presta atención.


Remodelación

El Puerto ha iniciado la remodelación de la zona del muelle de pescadores, donde se encuentra la Torre del Reloj. Parte de las obras tiene por objetivo que el espacio sea más accesible para la ciudadanía y para poner en valor el patrimonio arquitectónico portuario. Por eso se ha instalado una exposición en el Portal de la Pau donde se cuenta la historia de esta construcción.