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El escote de Patrícia Plaja en TV-3: por culpa de las tetas | Por Patrycia Centeno

La portavoz del Govern vestía de forma impecable y respondía confortablemente a las preguntas de la entrevista en TV-3. No había nada que pudiera distraer la atención de nadie. Como canta Rigoberta Bandini: ¿por qué dan tanto miedo nuestras tetas?

El escote de Patrícia Plaja en TV-3: por culpa de las tetas | Por Patrycia Centeno
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Patrycia Centeno
Patrycia Centeno

Experta en comunicación no verbal.

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"¿Voy bien?", le pregunté a mi pareja antes de salir de casa con un dos piezas de lino blanco de pantalón y chaleco con escote en V. "Sí, no se ve nada", contestó. Aun así, empecé a contorsionarme delante del espejo para comprobar que ningún movimiento provocara que enseñara demasiado. Una vez convencida, salí de casa. Me topé por el camino con una conocida que nada más verme me dijo: "Caray, qué escote”.Y entonces entré en pánico: ¿sí, era excesivo? Pero si yo no tengo casi pecho, ¿qué se podía ver, piel? Aun así, avergonzada, tomé prestada una chaqueta y me cubrí. Cuando mi madre -sí, mi madre- me vio, me soltó: “Pero, Patry, ¿qué haces con la chaqueta puesta, pero si no combina y el chaleco, en cambio, es precioso?” ¡Ay, mamá!

Hace un par de años, en un muy mal momento personal, tuve un pequeño descuido de imagen. Para una intervención televisiva donde iba a estar de pie, escogí un vestido con un escote caído en V (para mí son los más elegantes). Estando erguida, como la apertura era desestructurada, no había nada que temer. El problema es que nadie me había informado de que a continuación debía sentarme, y ahí empezó la pesadilla: al intentar taparme con la mano descolgué el micro. El técnico que me ayudó, colocó de nuevo el micro de corbata (porque el micro solo está pensado para ellos y solo para aquellos que usen corbata o americana) de un modo que aún sumó más peso a la tela y el escote se incrementó (aunque no se veía nada porque, por suerte o por desgracia, hay poco que enseñar). Una mujer tomó una captura con bastante mala baba para desacreditarme profesionalmente. Creo recordar que el mensaje que acompañaba la estampa decía algo así como que yo ya no podía criticar a nadie por su estética (ciencia que estudio desde hace 15 años) después de haber aparecido “en horario infantil a lo Jennifer López”. Alguien de la primera línea política con miles de seguidores, y a quien un día le dejaron de hacer gracia mis opiniones, hizo retuit. Y lo demás, os lo podéis imaginar...

Comparto todo esto -para mí no es fácil- por lo sucedido el pasado miércoles durante una entrevista a la portavoz del Govern en TV-3. Patrícia Plaja, impecablemente vestida con un blazer blanco y una blusa azul, contestaba tan cómodamente las preguntas del presentador cuando, de pronto y aprovechando una breve pausa, apareció de nuevo en pantalla con el escote subido cuatro dedos (el canalillo había desparecido). Insisto: Plaja respondía confortablemente (no hay ninguna muestra gestual de incomodidad como se ha querido sugerir). Además, casualidad o no, el ‘chyron’ (el rótulo que aparece con el nombre, cargo o declaración del entrevistado) que tapaba el escote de la portavoz duró mucho más de lo habitual… Siempre repito que la imagen jamás debe eclipsar al mensaje, sobre todo si ostentas un cargo público. Por lo tanto, llevar un escote hasta el ombligo no es conveniente si deseamos que se nos escuche (lo reservaremos para nuestra vida personal). Esto no solo afecta a las mujeres, imaginen a Pedro Sánchez en el Congreso con la camisa abierta hasta el ombligo. De hecho, no hace falta fantasear: ¿en qué se fijaron de la polémica foto de Macron con pelo en pecho? Pero en el caso de Plaja, no había nada que pudiera distraer la atención de nadie (y si lo hizo, quien sea que busque ayuda psicológica urgentemente).  

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Este artículo no pretende culpabilizar a nadie. Pero lo que sí humildemente busca es quitarnos la maldita culpa a las mujeres intentando ofrecer algo de información sobre por qué pasan estas cosas. Veréis, los humanos empezamos a vestirnos por tres causas: 1) adorno (la supervivencia depende de que seamos capaces de estimularnos sexualmente); 2) protección (frío, calor, maleficios, pandemia...); y 3) pudor. El pudor fue el último motivo y lo crearon las religiones monoteístas al presentar el cuerpo (especialmente el femenino) y todo lo que le afectara como pecaminoso. Si por un lado los humanos tenemos el instinto natural (y sano) de sentirnos y resultar atractivos (como un pavo real que muestra su cola), pero por el otro se nos culpabiliza por hacerlo; aparece la vergüenza. Y esta contradicción explica cómo seguimos presentando el cuidado del cuerpo como algo superfluo, frívolo y trivial (cuando no lo es). 

Pero vayamos a las mamas. ¿Cómo una parte del cuerpo tan poderosa (fuente de vida) puede haber acabado generando tanto pudor? O como canta Bandini: ¿por qué dan tanto miedo nuestras tetas? Precisamente porque fue una forma de ridiculizar el poder de las mujeres y segundo porque cuando el ser humano se puso de pie, ya no andaba a cuatro patas y no penetraba exclusivamente por detrás, el trasero dejó de ser la parte del cuerpo más deseada y las tetas (su forma pueden recordar a unos glúteos) pasaron a (hiper)sexualizarse. Obviamente, han pasado numerosos siglos y cabría esperar que hubiéramos evolucionado en este aspecto tan animal (si la ventaja que tenemos es ser racionales, usemos la cabeza). Sin embargo, cada vez que alguien despotrica porque una madre amamanta a su hijo en un espacio público, cuando Instagram censura un pecho femenino (nunca masculino aunque algunos tengan más tetas que yo), un tío considera que solo se nos marcan los pezones cuando estamos cachondas o se prohíbe el ‘topless’ en una piscina, seamos conscientes de que con esa mirada estamos retrocediendo miles de siglos la civilización.