Entrevista
Roman Krznaric: "La ciudad es el espacio más dinámico para el desarrollo de políticas a largo plazo"
En ‘El buen antepasado’ (Capitán Swing), el filósofo australiano pone en guardia contra la preeminencia del pensamiento cortoplacista, tanto a nivel de las personas como de las instituciones. Dice que es nuestra perdición, y que solo evitaremos la extinción como especie si pensamos en hacer a las generaciones futuras lo que nos gustaría que hubieran hecho por la nuestra.
Roman Krznaric. /
-En el libro explica que el ser humano está cerebralmente equipado para el pensamiento a largo plazo. ¿Qué ocurrió, entonces? ¿Cómo se explica esta parálisis ante un reto tan mayúsculo como el cambio climático?
-Creo que el gran problema es que nuestras instituciones políticas y económicas no están diseñadas para pensar a largo plazo. Por eso, para ser buenos ancestros tenemos que cambiar la política y tenemos que cambiar la economía. Toda esta crisis climática es un test para saber si somos capaces de usar la capacidad de pensar a largo plazo que llevamos en el ADN.
Entretodos
-¿Se necesita que ocurra algo realmente catastrófico que nos haga reaccionar? Estoy pensando en el ejemplo del alcantarillado de Londres, que glosa en su libro. Fue el producto de una gran crisis.
-Mire, el caso del cambio climático es bastante problemático porque nos asusta lentamente, no lo sentimos como una emergencia, así que al parecer necesitamos otros dos factores además de la crisis en sí: ideas adecuadas y agitación social. Históricamente, la combinación de ‘crisis’ más ‘nuevas ideas’ más ‘movimientos sociales’ propició la clase de cambio en el sistema que hoy necesitamos. Ocurrió con los movimientos contra la esclavitud y a favor de los derechos de las mujeres o los derechos sindicales. Los políticos por sí solos no lo hacen.
"Históricamente, la combinación de ‘crisis’ más ‘nuevas ideas’ más ‘movimientos sociales’ propició la clase de cambio en el sistema que hoy necesitamos"
-Teniendo en cuenta que hay que cambiar la política y la economía, ¿cree que la democracia es el mejor sistema para llevar a cabo estos cambios radicales? Suele ser lenta, y últimamente da a luz a personajes como Donald Trump.
-Creo que es importante cuestionar la democracia y preguntarse cuál es el sistema político más efectivo para desarrollar políticas a largo plazo, pero, como explico en el libro, un estudio hecho en 122 países arrojó que la democracia es mucho más efectiva que los gobiernos autoritarios, que tienden al cortoplacismo. Dicho esto, no creo que sea a nivel de países donde vamos a ver las más relevantes políticas de largo plazo.
-¿Sino?
-Ciudades y regiones. Las ciudades tienen una historia de planificación a largo plazo, mire la antigua Grecia, Roma… Son el espacio más dinámico para el desarrollo de políticas a largo plazo, responden más ante los ciudadanos que los países, así que mi esperanza es en cierto modo un regreso a la ‘ciudad renacimiento’, porque creo que es allí donde está el futuro de la democracia. España es un país interesante en este sentido por su tradición de descentralización y el mayor peso de ciudades y regiones. Deberían sacar partido de eso.
"Mi esperanza es en cierto modo un regreso a la ‘ciudad renacimiento’, porque creo que es allí donde está el futuro de la democracia"
-“Saquear el futuro”. Me quedé con esa expresión. ¿Es lo que estamos haciendo?
-Es una idea que todo el mundo entiende, sea político o empresario o activista ecológico, porque nunca antes en la historia lo que hemos hecho ha tenido consecuencias tan peligrosas para las generaciones futuras, y no hablo solo de la ecología. Esas futuras generaciones no tienen voz, y yo creo que necesitamos oír sus voces, deben estar en la sala donde se toman las decisiones. Puede que esto suene un poco loco, pero algunas culturas indígenas de EEUU toman sus decisiones pensando en el impacto que van a tener en la séptima generación, y la pregunta es si no podemos hacer lo mismo en Barcelona, en Bombay o en Tokio.
-El ‘pensamiento catedral’, ¿no? Que no deja de ser otra forma de pensamiento a largo plazo.
-La pregunta es, ¿qué tipo de ‘pensamiento catedral’ necesitamos? ¿Acaso necesitamos más sagradas familias? No, lo que necesitamos son catedrales ecológicas para el futuro. Los modelos económicos de progreso que están adoptando diferentes ciudades son la clase de ‘pensamiento catedral’ que necesitamos, porque quieren dejar atrás los últimos dos siglos de consumismo capitalista y construir una nueva economía. Eso es una cuestión de diseño, quizá no el de una catedral, pero sí el diseño de instituciones, relaciones económicas, etcétera.
"Las futuras generaciones no tienen voz, y yo creo que necesitamos oír sus voces, deben estar en la sala donde se toman las decisiones"
-Pensar a largo plazo nos obliga a pensarnos como seres insignificantes y a pensar más en el futuro que en el presente. Pero somos lo contrario, individualistas y gente del presente, por algunas elecciones hechas en el pasado. ¿Mirar al futuro obliga a mirar atrás y reparar?
-Totalmente de acuerdo. Sí, creo que las herencias del pasado son algo que tenemos que combatir. Obviamente hay legados buenos, pero también somos los herederos de legados negativos, el colonialismo, el racismo, por ejemplo, así que la pregunta que tenemos que hacernos es, ¿qué partes del pasado queremos y qué partes del pasado debemos dejar ir? La mayor parte de las religiones y culturas tienen esta regla de oro: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Ser un buen ancestro consiste en hacer por las generaciones futuras lo que habríamos querido que las pasadas hicieran por nosotros.
Noticias relacionadas-El 'smartphone', ese objeto que todo el mundo usa, ¿cree que llegó para empeorarlo todo? Es decir, es un síntoma, una herramienta, pero también es algo que determina nuestro día a día, y que ha cambiado totalmente la relación del hombre con el tiempo.
-En lo que se refiere a las nuevas tecnologías creo que somos como bebés aprendiendo a andar. El ‘smartphone’ está diseñado para robar nuestra atención, destruir el futuro y sumergirnos en un presente constante, pero me quedo con la manera en que la gente intenta ser más imaginativa con sus teléfonos, con las tecnologías en general. La tecnología es inherentemente neutral en lo que tiene que ver con el tiempo, así que la cuestión es diseñar una filosofía distinta para usar nuestros teléfonos.
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