La noche y la literatura

Insomnio: la piedra infernal del escritor nocturno

Algo pasa con el insomnio: cuatro libros sobre el tema pueblan la mesa de novedades de las librerías, novelas y ensayos que invitan a reflexionar sobre la casi mitológica relación que mantienen los escritores con la noche, con los sueños y con la imposibilidad de dormir. Cuidado con los monstruos que alumbra la vigilia.

Kafka, el escritor que encontró creatividad en el insomnio.

Kafka, el escritor que encontró creatividad en el insomnio.

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Mauricio Bernal
Mauricio Bernal

Periodista

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Existe una idea romántica, construida en parte sobre un umbral de pruebas sólidas, en parte sobre la necesidad de cimentar el mito, que destierra al escritor al territorio de la noche. Allí, solo, despierto cuando todo el mundo duerme, este ser singular crea. No ocurre con ninguna de las otras artes: cuando la gente piensa en un pintor o en un músico no se los imagina de noche, solos en su buhardilla. Al escritor sí. Flaubert, Proust y Kafka no solo tienen en común que escribieron y trascendieron, sino que trabajaron de noche. Kafka no tenía alternativa: como dejó consignado en sus cartas y ha quedado reflejado en su biografía, era insomne.

En el edificio que forman la noche y el escritor el insomnio es la piedra infernal. No dormir pero escribir, ya que no hay nada mejor que hacer. No dormir y alumbrar ideas. No dormir y hablar con fantasmas. En fin: debe ser el año del insomnio o estar cerca el día internacional porque hay cuatro novedades editoriales sobre el tema: ‘El insomnio’, de Tahar Ben Jelloun (Cabaret Voltaire), ‘El mal dormir’, de David Jiménez (Libros del Asteroide), ‘Un malestar indefinido’, de Samantha Harvey (Anagrama), y, el más reciente, ‘Insomnio’, de Marina Benjamin (Chai). Todos publicados este año. Ninguno de divulgación. Ninguno con recetas para conciliar el sueño. Son novelas, ensayos o narraciones que vuelven a poner sobre la mesa esa relación estrecha del escritor con la noche. Silencio. Todos duermen. Todos menos el escritor.

Flaubert, Proust y Kafka no solo tienen en común que escribieron y trascendieron, sino que trabajaron de noche

Un binomio estrecho

“El insomnio es una enfermedad bastante común entre los escritores en el sentido de que es un oficio en el que en realidad nunca se desenchufa, nunca se apaga, una parte del cerebro del escritor está siempre viendo qué sirve y qué no sirve”, dice el escritor argentino afincado en Barcelona Rodrigo Fresán. “En el insomnio, como todo el contexto se vuelve más ‘minimal’ y menos distractivo, probablemente hay un nivel de concentración mayor. A mí se me han ocurrido muchas cosas durante el insomnio, y por supuesto tengo la proverbial libreta al lado en la que escribo a oscuras y que intento descifrar a la mañana siguiente”. El autor de la trilogía que componen ‘La parte inventada’, ‘La parte soñada’ y ‘La parte recordada’ tiene su propia historia con el insomnio que tuvo lugar cuando estaba escribiendo el segundo volumen. Podría haberle ocurrido con el primero, o con el tercero, pero no. Le ocurrió con el segundo.

“Mientras escribía ‘La parte soñada’ tuve un caso de insomnio muy bestia que incluso tuvo que ser tratado y desactivado, y aún hoy no puedo decir que duermo muy profundamente y muy bien. Me pasa una cosa muy extraña y es que todas las noches me despierto a las 2:34 de la madrugada. A las 2:34, fíjese: dos, tres, cuatro. Hay una especie de intención, un cierto orden narrativo, o al menos numeral narrativo. Eso me quedó para siempre, eso me pasó anoche y me va a pasar hoy a la noche”. Un tipo que cada noche se despierta a las 2:34 y que entiende que ahí está contenida una intención narrativa, eso, eso no pertenece al orden del artículo periodístico. Pertenece al orden de la ficción. Pero esto sigue siendo un artículo periodístico.

"Me pasa una cosa muy extraña y es que todas las noches me despierto a las 2:34 de la madrugada. A las 2:34, fíjese: dos, tres, cuatro", cuenta Rodrigo Fresán

Kafka, el maestro

“Yo creo que el insomnio produce mejor material que los sueños”, dice Fresán. La frase es adecuada para introducir al gran escritor insomne, Kafka. “Mi insomnio solo oculta un gran temor a la muerte. Tal vez temo que mi alma, que cuando duermo me abandona, no pueda regresar al despertar”, escribió el checo en su diario. Kafka dejó numerosas páginas sobre el insomnio para la posteridad porque no solo hizo anotaciones en su diario: también consignó sus reflexiones en las profusas relaciones epistolares que mantuvo con Felice Bauer y Milena Jesenská (origen de los volúmenes ‘Cartas a Felice’ y ‘Cartas a Milena’, respectivamente). A pesar de que ha habido otros grandes escritores insomnes (Nabokov o Balzac, por ejemplo), el caso de Kafka es singular, toda vez que ‘a posteriori’ se ha establecido una relación entre su genio y su mal dormir. Se podría resumir de esta manera: en el insomnio se piensa distinto.

Hace unos años, los investigadores italianos Antonio Perciaccante y Alessia Coralli publicaron en ‘The Lancet’ el resultado de su análisis de los escritos de Kafka y señalaron que los efectos hipnóticos y/o alucinatorios que lo atacaban durante la vigilia estaban en el origen de parte de su creatividad. De madrugada, instalado en la frontera brumosa, en el territorio del querer dormir y la incapacidad de hacerlo, Kafka descubría nuevas realidades, nuevas formas de expresarlas, nuevas formas de arte. Según el estudio, el propio Kafka era consciente de ello y lo dejó consignado en frases llenas de significado. “Noche de insomnio. Es ya la tercera de la serie. Me duermo bien, pero una hora después me despierto como si hubiese metido la cabeza en un agujero equivocado (…) Duermo literalmente junto a mí, mientras yo mismo tengo que andar a golpes con los sueños (…) En resumen, me paso toda la noche en el estado en que se encuentra una persona sana unos breves instantes, antes de dormirse realmente”.

"Me duermo bien, pero una hora después me despierto como si hubiese metido la cabeza en un agujero equivocado", escribió Kafka

Escritos insomnes

“Creo que este insomnio se debe únicamente a que escribo”, señaló el escritor checo en la misma entrada de su diario. No es una frase cualquiera, al contrario, es un giro mayúsculo: no el insomnio como estado propiciatorio de la escritura, sino al revés, la escritura como ejercicio que impide conciliar el sueño. De esto puede hablar la escritora catalana Marta Carnicero, que durante la redacción de la recién aparecida ‘Matrioixques’ (Quaderns Crema) acumuló noches sin dormir, asaltada con frecuencia por las imágenes de su libro. “No sé si eran minutos o eran horas, porque intento no mirar el reloj cuando no puedo dormir, para no alimentar la angustia de no poder conciliar el sueño”, recuerda. Ser asaltado por los fantasmas de la escritura y que estos conspiren contra el sueño puede tener dos vertientes. Una, la del escritor torturado por el bloqueo, por la solución que intuye pero que no llega: por la impotencia. Dos, la del que es visitado de noche por los monstruos a los que esta dando vida. La de Carnicero es la segunda.

“En mi caso, el insomnio no tenía que ver con la escritura en sí sino con la temática”, dice. “El hecho de que la novela estuviera centrada en el tema de las violaciones de guerra me producía una angustia difícil de gestionar. Me documenté, leí artículos, busqué documentales y textos varios para escribir la novela y en ese proceso acabé asumiendo un montón de imágenes para las que no estaba preparada, unas imágenes que después volvían de a poco en los momentos de descanso. Eso es lo que me sucedía, entonces había momentos en los que empezaba a dar vueltas a frases, imágenes, historias que había leído y que me perturbaban muchísimo”.

Vila-Matas

-Señor Vila-Matas: ¿qué opina de la idea romántica del escritor insomne? ¿Ese que no puede dormir y se dedica a volcar su genialidad mientras los demás duermen?

-Por suerte, creo que ya superamos al sentimentalismo romántico. No despreciaría, en cambio, situándome ya en nuestra época, la idea del escritor avispado que vuelca su genialidad mientras los demás escritores pierden su tiempo veraneando.

-Señor Vila-Matas, a nadie le gusta no poder dormir, pero, ¿el insomnio tiene algo bueno para quien se dedica a la escritura? Al fin y al cabo, las horas nocturnas son las más tranquilas para escribir. Kafka, que era insomne, llegó a escribir que había palabras e ideas que estaba seguro que no habría encontrado en otro estado que no fuera el de vigilia.

-Me quedo con el horario de Paul Valéry, por ejemplo. Dormía sus horas y se levantaba entre las cuatro y las cinco de la madrugada, se colocaba (para el posible frío) un chal en los hombros y pensaba y meditaba cada uno de los pensamientos que le venían a esas horas a la cabeza. “Los demás hacen libros. Yo hago mi mente”, decía.

-Señor Vila-Matas: ¿le resulta atractiva la idea? Así, en teoría. Si existiera la posibilidad de decidir: "Voy a ser insomne durante seis meses a ver qué sale (literariamente hablando)", ¿le gustaría probarlo? ¿Qué esperaría encontrar en la vigilia obligada?

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-¿Ser el Dorian Grey del insomnio por haberlo pactado por seis meses con el diablo? Ni soñarlo. O, mejor dicho, mejor soñarlo que tener que padecer unas “endemoniadas” horas insomnes.

Material volátil

Nabokov, que tenía problemas para dormir, escribió en 1964 ‘Sueños de un insomne’, donde consignó durante tres meses todo lo que recordaba haber soñado al despertar. El libro vio la luz en 2018. Hace unos años también fue publicado en España ‘Un mundo propio. Diario de sueños’, la selección del británico Graham Greene de los sueños que registró durante 25 años en sus diarios. El escritor estadounidense Blake Butler llevó a cabo un experimento interesante en ‘Nada’ (Alpha Decay), un libro, explica Fresán, “escrito en el insomnio, no razonando sobre el insomnio sino arrastrado por el insomnio”. El hombre que se despierta cada noche a las dos, tres, cuatro, hora con intención narrativa, alerta en cualquier caso sobre el material literario que produce el insomnio. “Como todo”, dice, “debe manejarse con cuidado, es material volátil y altamente inflamable. No hay que abusar”. Cabría agregar: no todo el mundo domina sus monstruos como Kafka.