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'Mzee' Leakey

El desaparecido paleontólogo Richard Leakey desafió a cazadores blancos, furtivos e intereses políticos cuando aceptó el difícil encargo del gobierno keniata para salvar a la fauna y flora salvajes. Lo consiguió

Richard Leakey, junto al presidente de Kenia, antes de incinerar toneladas de marfil incautado.

Richard Leakey, junto al presidente de Kenia, antes de incinerar toneladas de marfil incautado. / Siegfried Modola / Reuters

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Jordi Serrallonga
Jordi Serrallonga

Arqueólogo, naturalista y explorador. Colaborador del Museu de Ciències Naturals de Barcelona.

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La historia de la evolución humana va pareja a una liga de mujeres y hombres extraordinarios: los Leakey. El pasado domingo, 2 de enero de 2022, nos dejaba uno de los personajes más emblemáticos de la saga: Richard Leakey.

 Richard nació en Kenia (Nairobi, 1944). De apellido británico, siempre se consideró africano. No podía vivir sin África. Y le entiendo. El deceso me pilló en Maramboi, de expedición por la Gran Falla del Rift; el accidente geológico que lanzó al estrellato a una banda de homininos bípedos: nuestros más remotos ancestros. Esta pared natural –a su paso por Tanzania– incluso empequeñece a la Gran Muralla China, y muy cerca se encuentra el lugar que sirvió a Leakey de guardería y escuela primaria «forzosas». Hoy sigue siendo punto de peregrinaje científico para los que nos dedicamos a horadar en los estratos del tiempo: la Garganta de Oldupai.

El clan Leakey

Efectivamente, el padre de Richard, tras estudiar antropología en Cambridge, regresó a la Kenia natal. Deseaba hallar al primer humano fósil y en 1931 se dirigió hacia Oldupai donde topó con fósiles de faunas y herramientas de piedra, pero ni rastro del hacedor: hablo de Louis Leakey, el que décadas más tarde enviaría a Fossey, Goodall y Galdikas al hábitat de gorilas, chimpancés y orangutanes. Su segunda esposa, y madre de Richard, fue Mary Leakey. Pitillo en los labios, pantalón largo y científica brillante pateó el terreno hasta que, por fin, el año 1959 dio con el primero de los muchos homininos descubiertos por el clan Leakey: el «Cascanueces». La familia pasaba largas temporadas acampada en el polvoriento Oldupai, rodeados de las maravillas que sigo viendo en el sitio: fósiles, guerreros maasai, jirafas, paisajes de película... Pero, para un niño como Richard aquello era una prisión. Lo describe en una de las mejores autobiografías que he leído; la que escribió postrado en la cama del hospital donde donó un riñón para su hermano.

Excavaciones

Hastiado de la profesión de sus progenitores abandona los estudios de secundaria y trabaja como recolector de esqueletos de animales (los vende a museos), guía de safaris fotográficos y piloto de avioneta. Todo por alejarse de unas piedras del pasado que, según cree, le han robado la infancia. Pero no es así. Durante sus vuelos capta que las horas vividas en Oldupai le han enseñado a reconocer paquetes fosilíferos desde el aire. Picado por la curiosidad, sucede algo que, años más tarde, haría realidad mi sueño. Y es que convence al arqueólogo Glynn Isaac para prospectar una remota zona del río Peninj (lago Natron). Incluso engaña a un oficial de la Royal Air Force en Kenia para que les lleve equipo en un avión militar de transporte. Evita decirle que el punto de aterrizaje se encuentra en suelo tanzano ya independizado.

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La suerte hizo que Leakey y Isaac, además de herramientas de piedra, con la ayuda de Kamoya Kimeu hallasen una mandíbula que hizo las delicias de mamá y papá: encajaba, era de la misma especie que el cráneo de Oldupai: Zinjanthropus boisei (hoy Paranthropus boisei). Corría el año 1964. Y en 1996 llegué a Peninj con un equipo interdisciplinar de la UCM, CSIC y UB para, precisamente, retomar las excavaciones de Isaac y Leakey. Utilizamos y reacondicionamos las mismas pistas abiertas a pico y pala por ellos en el escarpe. Gracias a Richard llegué allí y, por mucho que falten pocas horas para mi vuelo hacia Barcelona, jamás he marchado.

Combate con los furtivos

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Fijo la vista en la panorámica de la Falla, me toco el ala del fedora y bebo un trago de cerveza. ¡Afia! A la salud de un camarada: Richard Leakey. El mismo que tuvo los «...» de desafiar a cazadores blancos, furtivos e intereses políticos y comerciales cuando aceptó el difícil encargo del gobierno keniata para salvar a la fauna y flora salvajes. Solo un ejemplo; en los 80, debido al tráfico de marfil, el elefante africano en Kenia estaba al borde de la extinción. Rangers entrenados por Leakey consiguieron impedirlo. Al cabo de un tiempo la avioneta que pilotaba se estrelló y perdió ambas piernas. Aunque no pudo probarse, todo apuntó a un sabotaje. Su activismo medioambiental y político le valió no pocos enemigos dentro y fuera del país.

Asante sana, mzee (muchas gracias, hombre sabio).

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