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Pasado y presente de la corrupción I + Historia

Este jueves se celebra el día internacional contra la corrupción para reclamar unos sistemas de gobierno más transparentes. Es un tema que también preocupa a los historiadores y esto ayuda a ver el presente de otra forma.

Pasado y presente de la corrupción I + Historia
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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Este jueves es el día internacional contra la corrupción, una jornada promovida desde 2005 por la Organización de las Naciones Unidas con el objetivo de denunciar una práctica habitual, que favorece a los poderosos y perjudica a la gente con menos recursos.

Aunque la corrupción es un término que forma parte de la gestión política y de la administración pública desde la Antigüedad, en los dos últimos siglos el umbral de tolerancia a la hora de aceptarla es sensiblemente menor.

Fue casi coincidiendo con el principio del siglo XIX en que se empezó a trazar la frontera entre los asuntos públicos y la esfera privada. A partir de entonces, quien se atrevía a traspasarla era señalado y acusado de corrupto. Es evidente que esto todavía ocurre, pero el hecho de que genere debate demuestra que no es un comportamiento aceptado con la misma ligereza que en otros tiempos. Como es habitual, cuando existe un tema de interés social, los historiadores interrogan al pasado sobre aquella cuestión y tratan de poner perspectiva a nuestro presente. Esto ha hecho que en las últimas décadas, en todos los países de Europa, hayan proliferado investigaciones sobre la historia de la corrupción. Nunca hasta ahora se había estudiado tanto este tema.

Ahora bien, hay que ir con cuidado para evitar caer en la tentación de hacer lecturas presentistas, porque nuestros valores morales no son los mismos de otras épocas. De hecho, prácticas que en el siglo XXI nos parecerían censurables, centurias atrás eran perfectamente legales, como podría ser el caso, por ejemplo, de la compra o arrendamiento de cargos públicos. Esto no quiere decir que no hubiera regulaciones, que existían. Y como ocurre siempre, también había quien se las saltaba.

De hecho, transformaciones profundas como la Revolución Francesa o movimientos de reforma política como la que se produjo en Prusia, hicieron bandera de la lucha contra la corrupción. Y, desde entonces, ha sido habitual que cada nuevo planteamiento político haya utilizado esta cuestión para señalar la decadencia del régimen anterior. El profesor de la Universidad Técnica de Darmstadt, Jens Ivo Engels, que es una de las eminencias en este campo, lo explica muy bien en sus trabajos. Cualquier nueva propuesta política se erige como garante de una gestión libre de corrupción. Es lo que hicieron las democracias liberales del siglo XIX contra las monarquías absolutistas y después utilizaron el mismo mecanismo desde la derecha el fascismo italiano, el nazismo alemán y el falangismo español, para erosionar a los regímenes democráticos. Desde la izquierda, el comunismo y el socialismo también se sirvieron de él para atacar al capitalismo, al que responsabilizaban de corromper a la clase política. Se apuntaba que la economía privada influía en la gestión pública en beneficio de sus propios intereses, una cuestión todavía de actualidad en todo el mundo, y que ya era motivo de polémica en Reino Unido, durante el siglo XIX. Los bancos británicos incorporaban a los parlamentarios en sus consejos de administración para que favorecieran sus negocios a la hora de redactar leyes y gobernar. Por lo menos, ahora tienen la decencia de dejar el escaño antes, pero todos sabemos qué significa la expresión 'puertas giratorias' y la connotación negativa que se le da.

El profesor Ivo Engels también hace notar que, tras la caída del bloque soviético, se empezó a apuntalar una nueva fase del discurso anticorrupción. Al hacerse evidente que los regímenes comunistas sufrían también esta lacra, se aseguró que la corrupción perjudicaba al buen funcionamiento del libre mercado.

Las investigaciones historiográficas europeas han puesto de manifiesto cuestiones muy interesantes. Para empezar, que en todas las épocas y en todos los países ha habido corrupción; y que la perpetran formaciones de todos los colores políticos, incluso aquellas que llegan al poder liderando la lucha contra esta práctica. Merece la pena tenerlo presente cuando los populismos proclaman sus cantos de sirena, asegurando que cuando consigan el poder todo será diferente y que desaparecerán los tratos de favor. La historia demuestra que mienten.


El caciquismo

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