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¿Cómo se puede aumentar el apoyo a las políticas climáticas?

Las políticas climáticas que garantizan la libertad de elección son más aceptadas que las que se perciben como coercitivas, como los impuestos al carbono. Sin embargo, a menudo son insuficientes. Las políticas más ambiciosas alcanzan consensos con comprensión, participación, confianza y justicia.

Manifestación contra la ampliación del aeropuerto de Barcelona

Manifestación contra la ampliación del aeropuerto de Barcelona / JORDI OTIX (EPC)

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Michele Catanzaro
Michele Catanzaro

Periodista

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La conciencia de que el cambio climático es real está prácticamente generalizada en Europa. También es mayoritaria la disposición a cambiar de estilo de vida para abordarlo, según un reciente sondeo del Pew Research Center.  

Poderosos intereses económicos frenan la acción política contra el cambio climático. Sin embargo, una opinión pública comprometida puede empujar a sus representantes, al menos en los países democráticos, como son algunos de los más contaminantes (como los Estados Unidos y la Unión Europea).

Hay tendencias que apuntan a una opinión pública más verde: por ejemplo, comer menos carne, compartir coche en lugar de comprarlo o vestir ropa de segunda mano están al alza entre los 'millennials'.

Sin embargo, también hay ejemplos de lo opuesto. Por ejemplo, el impuesto sobre la gasolina introducido por el presidente francés Emmanuel Macron desencadenó un duro rechazo, materializado en el movimiento de los chalecos amarillos.

Confianza y participación

¿Qué determina que ciertas políticas contra el cambio climático generen consenso y otras lo opuesto? No hay muchos estudios al respeto, pero sí hay indicios sugerentes. Por ejemplo, “el apoyo a los impuestos sobre los combustibles fósiles apenas depende de cuánto una población cree en el cambio climático”, afirma Malcom Fairbrother, profesor de sociología de la Universidad Umea (Suecia). Hay otra variable que está fuertemente correlacionada con su aceptación: la confianza en la clase política. “Si crees que los gobernantes son unos mentirosos, corruptos e incompetentes, no confiarás [en las medidas climáticas que planteen], por muy preocupado que estés”, explica Fairbrother.

La confianza no se construye en dos días, pero según Lorraine Whitmarsh, directora del Centro por el Cambio Climático y la Transformación Social (Reino Unido), hay una estrategia que la incrementa: la participación. “Lo primero es escuchar a las personas, hablar con ellas, explicar por qué necesitamos un cambio y escuchar sus preocupaciones”, afirma.

Políticas que informan 

Las políticas climáticas que generan más consenso son las que informan sin obligar, como por ejemplo declarar las emisiones asociadas con un vuelo de avión o con un producto. “Las políticas reciben más apoyo cuando no eliminan la elección. A más restricciones, menos apoyo”, explica Whitmarsh. Ofrecer alternativas y dejar elegir puede generar algunos cambios. Si un comedor pasa a ofrecer la mitad de sus platos con recetas vegetarianas, más de la mitad de sus usuarios optan por ellos, según un estudio. No obstante, es improbable que esta estrategia produzca cambios radicales como los que se necesitan.

Políticas que incentivan

Los subsidios a los coches eléctricos, al transporte público, a los paneles solares, a las bombas de calor o al aislamiento de los edificios también atraen cierto consenso. Esto es tanto mayor, cuanto más conocimiento haya sobre la eficacia de estas medidas. “Mucha gente preocupada por el clima todavía desconoce que existen soluciones que funcionan realmente bien”, afirma Fairbrother. Comprender la eficacia de una medida tiene una fuerte relación con el hecho de apoyarla: divulgar los beneficios de esas soluciones es muy importante, afirma el investigador.

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Políticas que regulan

Las políticas que generan más rechazo son las que desincentivan (como los impuestos sobre el carbono) o prohíben (como la eliminación de los motores de combustión). El coste personal que conllevan es la razón principal. Pero también influye su ecuanimidad. Un impuesto sobre la gasolina puede ser injusto si recae sobre colectivos en dificultad que dependen del coche para trabajar. Al contrario, un impuesto que recaiga sobre usuarios frecuentes del avión sería de los pocos que estarían aceptados, según Whitmarsh, porque se dirigiría a una minoría rica. La aceptación de una tasa sobre las emisiones aumenta, según Fairbrother, también si los costes se distribuyen (por ejemplo, cortando otros impuestos) o se destinan a objetivos concretos (por ejemplo, a subvencionar opciones limpias que los consumidores luego puedan elegir). Finalmente, algunas medidas restrictivas acaban pasando del rechazo al consenso una vez que se ven sus beneficios (es lo que ocurre con los peajes urbanos). “Empieza con políticas más rápidas y menos efectivas y luego aumenta progresivamente las restricciones”, recomienda Whitmarsh en conclusión.