Entrevista

Rebeca Pardo: "Hay jóvenes que van al cirujano para parecerse a sus selfis"

A su apretado currículum de licenciada en Comunicación Audiovisual, doctora en Bellas Artes, máster en antropología y etnografía y estudios de fotografía, suma una experiencia familiar con el alzhéimer. Con este rico bagaje ofrece una completa panorámica sobre cómo el ser humano ha narrado visualmente la enfermedad a lo largo de los tiempos y la relación de esa representación con la memoria y la identidad. Pardo dictará la conferencia ‘La enfermedad. Narrativas visuales’ en CaixaForum de Barcelona el día 18 a las 19.00 horas

Rebeca Pardo es decana de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la UIC.

Rebeca Pardo es decana de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la UIC. / ZOWY VOETEN

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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-¿Cuál es la primera representación conocida de la enfermedad?

-Yo empiezo la conferencia con una pintura rupestre del Chad que data entre el 4.000 y el 7.500 a.C. Se ve a cuatro mujeres junto una persona tumbada y puede interpretarse que es alguien enfermo o moribundo.

-Los nuevos enfoques académicos atribuyen la clave de la evolución humana más a los cuidados que a la competencia.

-Esa es la parte que más me interesa: el cuidado y la enfermedad como parte de la esencia del ser humano.

-¿Cómo ha evolucionado la representación de la enfermedad?

-Depende de la época y el contexto. En épocas en que la religión era muy importante se ven misioneros y santos cuidando leprosos. Luego llega la ilustración y aparecen los hospitales. Con el romanticismo se idealizan algunas enfermedades y abundan las damas frágiles que necesitan que alguien las salve. Y con los avances científicos el protagonismo es de los médicos.

"En los años 70 muchos artistas comienzan a hacer un trabajo autobiográfico con fotos familiares"

-Siempre es la mirada de otro sobre el enfermo.

-Sí, hasta que a finales del XIX se produce el gran cambio, que yo achaco a la autorrepresentación. Con la posmodernidad empieza una búsqueda de la propia identidad y a partir de los años 70 muchos artistas comienzan a hacer un trabajo autobiográfico con fotos familiares y cine doméstico.

-Ese es precisamente el tema de su tesis doctoral.

-Y mi conclusión es que el punto de partida de esa búsqueda es un duelo, ya sea por una muerte, por un proceso de emigración o por una enfermedad. En parte yo hice esta tesis porque mi abuela tuvo alzhéimer y la cuidamos nosotros en casa. Pero dejó de salir en los álbumes de fotos y yo ya no la recordaba a ella sino solo los síntomas de su enfermedad. Cuando pierdes la memoria te pierdes a ti y ese fue mi punto de partida.

-Con la fotografía digital, los móviles y las redes sociales, la autorrepresentación se convierte en un fenómeno generalizado.

-Ahora llevamos una cámara encima las 24 horas y hacemos fotos de todo. Personas que estaban aisladas en casa porque la enfermedad no les permitía salir a la calle empiezan a encontrarse y a identificarse con gente como ellos a través de las imágenes, que es un lenguaje internacional que despierta la empatía. Son vidas que se cimentan a través de fotos.

"Con el cáncer de pecho se ha hecho una revolución a través de las imágenes"

-¿Por ejemplo?

-Con el cáncer de pecho se ha hecho una revolución a través de las imágenes. Jo Spence, que retrató su cuerpo después de que le amputaran un pecho, empezó una revolución del cuerpo femenino y hoy en día millones de mujeres anónimas comparten experiencias y conocimientos sobre el cáncer.

-Hay fotos icónicas como la del enfermo de sida moribundo que Benetton convirtió en anuncio. 

-David Kirby era un activista y la familia permitió que le hicieran esta foto. Pero no la hizo un fotógrafo profesional, sino una chica estudiante de periodismo que hacía de voluntaria en un centro para enfermos de sida. Para mí eso lo cambia todo. 

-¿Por qué?

-Porque cambia el punto de vista. Deja de ser una perspectiva externa (ya sea religiosa, médica o periodística) y se convierte en una mirada desde dentro. Se empieza a valorar el yo. En las redes sociales son los propios enfermos los que se fotografían.

"La representación de la enfermedad desde dentro es más tolerante"

-¿Qué consecuencia tiene ese cambio de mirada?

-Cuando el punto de vista era médico o periodístico interesaba sacar los peores casos porque había una intención científica y de denuncia. La visión de la enfermedad desde dentro no resulta en algo monstruoso, sino más cotidiano. Es una representación más tolerante, democrática y pegada a la realidad.

-¿La autorrepresentación debería tener límites?

-En general es algo bueno, pero la cosa se complica cuando tienes 13 años y sufres una depresión o un trastorno de alimentación. Empiezas a compartir imágenes, la gente te hace caso y cuanto más truculentas son más ‘likes’ obtienes. ¿Eso es bueno para un enfermo? Para mí el límite es el morbo.

-Adoramos la juventud, la salud y la belleza.

-Empezamos a tener un problema no ya con la representación de la enfermedad, sino con la representación en general. Hay jóvenes que van al cirujano para parecerse a sus selfis.

"En la fase más dura de la pandemia dejaron a la sociedad ciega ante lo que estaba pasando"

-En la fase más dura de la pandemia hubo un apagón visual.

-Dejaron a la sociedad ciega ante lo que estaba pasando. No hacía falta ver muertos ni enfermos agonizantes, pero no se puede estar hablando de miles de muertos diarios y que las imágenes sean de gente aplaudiendo en los balcones o médicos recogiendo pizzas. ¿Con qué nos quedamos con el texto o con las fotos?

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-¿Qué había tras la prohibición de entrar en ucis y tanatorios para contar lo que estaba pasando?

-Yo creo que no había un plan premeditado sino que en los gabinetes de comunicación había miedo. Ahí hay temas muy graves que tienen que ver con el derecho a la información y a la libertad de expresión. Hubo una infantilización del público y de los profesionales de la información. No nos creyeron capaces de asumir ciertas imágenes.