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Las 6 especies de 'bolets' comestibles más fáciles de encontrar en Catalunya

Distintas especies de setas dispuestas en cajas listas para su venta.

Distintas especies de setas dispuestas en cajas listas para su venta. / Pixabay / Meineresterampe

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Vega S. Sánchez
Vega S. Sánchez

Periodista

Especialista en animales, plantas y curiosidades

Escribe desde Barcelona

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Al llegar las lluvias del otoño, es común encontrar a personas que, cesto en ristre, acuden a los bosques a pasear y llenar sus capazos de setas. Sin embargo, hay que tener cuidado, porque algunas especies son tóxicas y muy peligrosas.

Prueba de ello son las centenares de intoxicaciones que se producen cada temporada por desconocimiento o confusión con especies comestibles similares.

La norma básica para evitar sufrir una intoxicación, que en algunos casos puede ser incluso mortal, es consumir únicamente aquellas setas que se saben identificar sin lugar a dudas. “Solo se puede coger una seta si uno está 100% seguro de qué variedad es y si es comestible”, señala el biólogo Andrés Valverde, miembro de la Societat Catalana de Micologia, que añade que, en realidad, lo ideal y “ecológicamente sostenible es no tocar ninguna seta si no tenemos un interés culinario o científico en ella”.

Conocer las especies

Valverde insiste en la necesidad de conocer las especies de setas o, en su caso, de ir con alguien que las conozca, puesto que es fácil confundir las variedades comestibles con algunas tóxicas que, aunque no tienen por qué provocar la muerte, sí causan indigestión e incluso vómitos.

Por ejemplo, algunas variedades de rovellón, como el pinatell, “puede confundirse con el rovelló de cabra peludo, que es tóxico”. Un experto lo diferenciará al mirar la parte de debajo de la seta. Y los ‘rossinyols’ se confunden comúnmente con la ‘gírgola d’olivera’, “una especie bastante tóxica, aunque sin llegar a ser mortal”, concluye Valverde.

“La gente se asesora a través de las redes sociales”, continúa, “y eso tiene un riesgo muy elevado, porque determinar de qué especie se trata a través de una foto es complicado y no es aconsejable, porque pierde detalle”, afirma Valverde. “Incluso una seta cortada pierde matices”, añade.

Simbiosis con los árboles

Valverde señala que hongos o setas “viven en simbiosis con los árboles a través de ectomicorrizas”. De hecho, la etimología griega de ‘micorriza’ viene de mýkēs (hongo) y rhiza (raíz), es decir, la conexión que muchas especies de hongos establecen con las raíces de los árboles. Por tanto, las setas son organismos que proporcionan amplios beneficios a la planta porque le suministran nutrientes y “sales minerales”, y proporcionan múltiples servicios ecosistémicos a los bosques.

En Catalunya, hay gran tradición de coger setas y los ‘boletaires’ llenan los bosques en temporada para ‘cazar’ las setas comestibles más comunes que, según Valverde, son:

Rovelló (Lactarius sanguifluus)

Quizás es el más conocido en Catalunya, por ser el más común. Llamado también níscalo, guíscalo o esclatasang según las zonas, crece en las pinedas o coníferas; de ahí que sea tan abundante en zonas mediterráneas. Aunque hay muchos tipos de 'rovellons', se caracterizan por tener un sombrero, carnoso y quebradizo, y un anaranjado que se vuelve verde cuando se toca. Si hay lluvias, se pueden encontrar a finales de verano y hasta que llegan las heladas o el frío del invierno. Los ejemplares pueden llegar a medir hasta 16 cm.


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Cep (boletus edulis)

También conocida como seta calabaza o seta de calabaza, es un ‘bolet’ de grandes dimensiones cuyo sombrero puede medir entre 7 y 20 centímetros de diámetro, y el pie puede alcanzar la misma altura. Tiene el sombrero en forma de paraguas, de color marrón claro y de textura esponjosa. La superficie tiene rugosidades y es viscosa. El pie es de color robusto, de color marrón más clarito que el sombrero. Al igual que sucede con los ‘rovellons’, suele hallarse en bosques con pinos. Pero los ceps, hongos calabaza, edulis, … son setas que se adaptan a una gran cantidad de suelos, como castaños, robles o hayas. Esta facilidad de crecimiento es sin duda una de las causas de su popularidad.


/ Pixabay / Krzysztof Niewolny

Rossinyols (Cantharellus cibarius)

De carne blanca o amarilla y compacta, tiene forma de copa, a lo que hace referencia su nombre latino Cantharellus. Sin embargo, el color que presenta no es característico, porque depende de cómo sea el terreno donde crece, aunque suele ir entre el amarillo blanquecino hasta el naranja. El sombrero varía mucho de tamaño y puede llegar a medir de 6 a 10 cm. Se encuentra escondido en la hojarasca y en hayedos, castañares, robledales, encinas y rebollos. También cercano a jaras y helechos y en menor medida en coníferas, aunque depende mucho de la zona.


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Llengua de bou (Hydnum albidum)

Seta completamente blanca y con unas rugosidades que recuerdan a la aspereza de una lengua, puede ir adquiriendo un tono negruzco con el paso del tiempo una vez cortada. El sombrero a menudo tiene forma de nube y tanto este como el pie son muy quebradizos. Crece en terrenos calcáreos y húmedos, generalmente en zonas escarpadas. Es una seta que sale en otoño avanzado y, como es de desarrollo lento, se puede llegar a encontrar incluso en marzo en cotas bajas.


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Trompetes de la mort (Craterellus cornucopioides)

Deben su nombre a su curiosa morfología, semejante a un embudo hueco por la parte central. Tiene un sombrero es frágil y ondulado de color siempre muy oscuro: gris ceniza, negro azulón… Crece desde finales del verano hasta finales del otoño en zonas de suelo húmedo, en bosques de hayas o robles. Se pueden encontrar sobre todo si hay musgo y hojas caídas y suelen crecer en grandes cantidades.


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Carlets (Hygrophorus russula)

También denominados escarlets o escarlatas, se caracteriza por tener un sombrero de 5 a 10 cm. y de colores rosa púrpura y manchas vinosas, en el que se puede apreciar perfectamente su viscosidad, sobre todo en tiempo húmedo. Es una seta que se encuentra bajo frondosas como las encinas, pero también robles o hayas. Y suele crecer en grupos numerosos.

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