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Lucy, la NASA y los vikingos | + Historia

Mientras se confirmaba que los vikingos estaban en América hace mil años, la NASA mandaba Lucy al espacio. Una feliz coincidencia que demuestra lo importante que es el trabajo en equipo de todas las ciencias.

Réplica de una nave vikinga llegando al campamento de  L’Anse aux Meadows, en Canadá.

Réplica de una nave vikinga llegando al campamento de  L’Anse aux Meadows, en Canadá. / Reuters

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Hace mil años, los vikingos ya habían llegado a América. Con esta noticia, que dio la vuelta al mundo hace pocos días, saltó por los aires la idea de que Cristóbal Colón fue el primer europeo en cruzar el Atlántico y llegar a aquellas tierras.

En realidad los historiadores ya hacía tiempo que sabían esto de los vikingos, pero era necesaria la demostración científica definitiva. Por esta razón la información ha aparecido en los medios de comunicación cuando se ha publicado un artículo en 'Nature', una de esas cabeceras que se presentan utilizando la muletilla de "la prestigiosa revista".

Lo que explica el grupo de la Universidad de Groningen que firma el artículo es que gracias a los conocimientos actuales han podido afinar los métodos de datación. Concretamente, los arqueólogos se han beneficiado de los estudios sobre tormentas solares. Ahora se sabe que cuando este fenómeno se produce, provoca una alteración de los átomos del carbono, y que esto es perceptible con los análisis microscópicos.

Gracias a los estudios realizados en todo el mundo, se recopilan los años en que se han producido tormentas solares a lo largo de la historia. Pues bien, una tuvo lugar el 992. Era una oportunidad de oro para confirmar las sospechas que se tenían desde la década de 1960, cuando en Canadá se descubrió un yacimiento con restos vikingos.

Recientemente se analizaron una serie de muestras de troncos encontrados durante las excavaciones y se dieron cuenta de que tenían las marcas del carbono alterado solo 29 anillas antes de ser talados. Por lo tanto, quería decir que aquellos árboles habían sido cortados 29 años después de la tormenta solar (ya se sabe que cada anillo representa un año). Es decir el 1021. Además, el tipo de herramienta utilizada era propia de los vikingos y no de las tribus americanas. Así pues, ya no hay duda de que hace mil años un grupo de hombres y mujeres cruzó el océano.

Esta noticia es un buen ejemplo de la necesidad de que especialistas de diferentes disciplinas trabajen de manera conectada y global. Ya no basta con saber mucho de un campo si no se es capaz de hacer equipo. En caso contrario, el conocimiento queda estancado.

Y no son solo la arqueología y la historia las que se benefician de la física. El viaje también puede ser en sentido contrario. Precisamente, mientras el mundo comentaba el artículo de los vikingos americanos, la NASA enviaba al espacio la sonda Lucy. Su objetivo es acercarse a Júpiter y en palabras de la agencia espacial "hacer de arqueóloga de los planetas". Precisamente por eso se llama Lucy. Es el nombre con el que se bautizó cariñosamente un esqueleto de hembra de 'Austrolopithecus afarensis', un especie de homínido de hace 3,2 millones de años. El paleoantropólogo Donald Johanson y su equipo lo descubrieron en Etiopía en 1974.

Aquellas restos revolucionaron el estudio de la evolución de la especie humana. Seis años más tarde, en 1981, para homenajear la labor de Johanson se le dedicó uno de los asteroides que orbita alrededor del sol. Para cerrar el círculo está previsto que Lucy (la sonda, no el 'austrolopithecus') pase a saludarlo en 2025 camino de Júpiter.

Esta no es la única referencia histórica de esta misión, porque el aparato de la agencia estadounidense se paseará entre los troyanos. Es como se conoce un grupo de asteroides próximos a Júpiter que, según los científicos, pueden aportar información sobre el proceso de formación de los planetas. Este conjunto de cuerpos celestes reciben este nombre por iniciativa de los astrónomos Max Wolf y Johan Palisa, que los empezaron a descubrir a principios del siglo XX. Cada vez que identificaban uno nuevo le daban el nombre de un héroe de la Guerra de Troya, empezando por el 588-Aquiles, localizado desde el observatorio de Heidelberg en 1906. Después vinieron otros: Héctor, Patroclo, Agamenón, Paris... Con los años encontraron tantos que una vez terminada la lista de troyanos, se recurrió a las divinidades de la mitología griega.

La NASA espera que la Lucy alcance a los troyanos alrededor del 2033. Seguro que durante su particular odisea nos llegarán noticias de sus aventuras. Y cada vez que esto ocurra y se la mencione, recuerden que hace 3,2 millones de años había una 'austrolopithecus afarensis' que caminaba por la Tierra.


La canción de los Beatles

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Enseguida que hallaron los restos de aquella homínido, los arqueólogos supieron que era un descubrimiento importante y lo celebraron con una fiesta al terminar la jornada. Aquella noche de 1974, en la radio, sonó la canción de los Beatles 'Lucy in the Sky with Diamonds'. Por eso eligieron ese nombre para bautizar aquella 'Austrolopithecus afarensis'.

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