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¿Qué hay que tener en cuenta sobre la castración en perros y gatos?

  • La esterilización de los animales evita su reproducción, pero no les inhibe el deseo sexual

Operación de un gato.

Operación de un gato. / Pexels / Pranidchakan Boonrom

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Vega S. Sánchez
Vega S. Sánchez

Periodista

Especialista en animales, plantas y curiosidades

Escribe desde Barcelona

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La castración en perros y gatos es una práctica muy común entre los amantes de los animales que los veterinarios suelen recomendar por motivos de salud, sobre todo porque previene enfermedades que perritas y gatitas pueden sufrir a largo plazo, como el cáncer de mama o las infecciones de útero.

No es una cuestión baladí: alrededor del 50% de las perras y el 90% de las gatas desarrollan cáncer. En el caso de los machos, además de prevenir camadas indeseadas, previene el cáncer de testículos si se realiza antes de los seis meses de edad.

Extirpación o no

La principal diferencia entre castración o esterilización es que en la primera se extirpan quirúrgicamente las glándulas sexuales: los testículos si es perro o gato y los ovarios y/o útero si son hembras. Si hay extirpación de los órganos sexuales se consigue que el animal sea estéril y no tenga deseo sexual.

Sin embargo, si solo se esteriliza al animal se evita que sea fértil y pueda reproducirse, pero puede aparearse normalmente, igual que sucede en el caso de la esterilización humana.

La castración es una intervención segura de la que perros y gatos se recuperan con rapidez si no ha habido complicaciones. Es una intervención quirúrgica muy habitual en la que se practica una ovariohisterectomía a las hembras con anestesia general, es decir, se le extirpan quirúrgicamente los ovarios y el útero mediante una pequeña incisión en el abdomen. Tras la intervención, se cosen los cortes interiores con puntos de sutura que se absorben (se eliminan solos) y la incisión externa. Apenas se nota la cicatriz.

Incisión en el escroto

En los perros y gatos machos, se les hace una incisión en la piel sobre el escroto, se les atan los cordones espermáticos y los vasos sanguíneos y se les extraen los testículos. Al igual que las hembras, también requieren de anestesia general y su recuperación también es rápida. Sin embargo, el macho debe llevar un collar isabelino o una venda para evitar que se lama la zona y se abra la herida.

La extirpación completa de los testículos y de los ovarios y útero provoca un cambio en el comportamiento de los animales porque afecta a su sistema hormonal. Con la operación, se acaban la menstruación y los embarazos psicológicos en las hembras y en los machos, la secreción de esmegma, que plantea grandes problemas de higiene.

Además, puede afectar al pelaje de perros y gatos en general. En las razas de pelaje largo, le puede cambiar la estructura del pelo cambie y le quite brillo al pelaje.

También hace que aumente el apetito de perros y gatos, algo que, unido a la reducción del ejercicio que hacen muchos animales castrados, provoque sobrepeso en los ejemplares.

Soluciones

El problema del brillo en el pelaje de los animales y la amenaza de sobrepeso se puede paliar o corregir con productos específicos para ello. El especialista que haya intervenido quirúrgicamente al perro o gato proporcionará unas pautas farmacológicas y de alimentación a seguir para que la transición del animal sea lo menos traumática posible para él.

Otro aspecto importante de la castración son los efectos en el comportamiento de los animales, puesto que la eliminación de los órganos reproductivos influye también de forma directa en la mente y el comportamiento social.

Un macho castrado no se peleará con otro por una hembra en celo ni intentará salir de casa por cualquier recoveco impulsado por el deseo sexual. También se acabarán los ladridos, aullidos y maullidos provocados por el mismo, y el molesto cúmulo de orines por toda la casa  para marcar territorio.

Edad idónea

La edad para esterilizar o castrar a una mascota puede variar según el tamaño de la misma, pero a rasgos generales se puede practicar el procedimiento a partir de los 4 meses. Cada propietario debe discutir sus circunstancias específicas con su veterinario, puesto que hay razas de perros y gatos que maduran más tarde que otros y un proceso de castración o esterilización puede dejarles con un comportamiento infantilizado. También influye la situación del hogar en el que viven y si son mascotas únicas o del mismo sexo en la vivienda.

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En todo caso, es conveniente tratar el tema con el veterinario o especialista para darle una atención personalizada a la mascota.

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