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La Mercè: de los cautivos madre y patrona I + Historia

Barcelona se viste con sus mejores galas para celebrar el día de la Mercè. A pesar de que tardó muchos siglos en ser la patrona, su relación con la ciudad viene de lejos. Todo comenzó con un sueño.

Detalle de la ’Visión de San Pedro Nolasco’ de Zurbarán, en el Museo del Prado.  

Detalle de la ’Visión de San Pedro Nolasco’ de Zurbarán, en el Museo del Prado.  

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Hoy es la fiesta mayor de Barcelona porque es el día de su patrona, la Virgen de la Merced. Según cuenta la tradición, una noche de agosto de 1218, la Virgen se apareció en sueños simultáneamente a Pedro Nolasco, Ramon de Penyafort y Jaume I. A los tres les comunicó el mismo mensaje: debían fundar una orden dedicada a redimir a los cautivos cristianos que estaban en manos musulmanas. Fue así como nació la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced de la Redención de los Cautivos, conocida popularmente como los mercedarios. Para entenderlo hay que ponerle un poco de historia.

En la Edad Media, el Mediterráneo era la gran vía de comunicación. Barcos cargados con todo tipo de productos surcaban las olas de una orilla a la otra haciendo comercio en los puertos. La economía crecía, como también lo hacían las religiones, que guiaban las decisiones políticas: los adversarios eran infieles a quien había que dominar porque tenían unas creencias diferentes. Así, mientras los cristianos intentaban dominar Tierra Santa, los musulmanes querían expandir sus dominios por Europa y, de paso, asegurar su hegemonía marítima. Mientras unos hacían cruzadas, los otros la piratería. Pronto los seguidores del profeta descubrieron que el secuestro podía ser una empresa muy lucrativa. Así, cuando atacaban las poblaciones costeras, aparte de saquearlas, también tomaban prisioneros. Los cautivos eran retenidos en Al-Ándalus o el norte de África, hasta que alguien pagaba una cantidad para recuperarlos.

El problema era que no todo el mundo tenía el dinero para satisfacer el rescate. Esto hizo que nacieran organizaciones dedicadas a conseguir las sumas exigidas. De todas ellas, la que tuvo más importancia fue la orden de los mercedarios.

Para obtener el dinero predicaban por pueblos y ciudades y, para que la audiencia aflojara la mosca, explicaban las desgracias y atrocidades que sufrían los presos. Además, era habitual que fueran acompañados de algún cautivo liberado recientemente para corroborar el relato y justificar las monedas que pedían. Parece, sin embargo, que no era un argumento bastante convincente para que la gente se rascara el bolsillo y les ofrecían contrapartidas. La más habitual era la celebración de misas para los difuntos, pero también se podía garantizar asistencia en la vejez o ser enterrado en el cementerio de la orden.

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Lo que no es tan claro es que todo empezara con un sueño, aquel verano de 1218. Según historiadores, como James William Brodman y Josep Maria Salrach, la fecha no cuadra porque, para empezar, Jaume I solo tenía diez años. Y, además, las primeras evidencias documentales que Pedro Nolasco colaboró con la institución datan de la década de 1230. Sea como sea, los primeros pasos de los mercedarios nos dan pistas de cómo era la sociedad de la época. La principal preocupación era la salvación del alma y asegurarse un lugar en el cielo. Por eso mucha gente rica, al final de su vida, abrazaba fervorosamente la fe. De hecho, inicialmente los mercedarios eran laicos bien posicionados y dado que entre las reglas a seguir había la prohibición de hacer ostentación de riqueza, se vendían sus propiedades. También tenían que observar un riguroso voto de castidad, que les impedía tener ningún tipo de relación con las mujeres. Ahora bien, por encima de todo, lo más característico era el voto de redención. Inspirados por la idea del sacrificio de Jesucristo, los mercedarios tenían que estar dispuestos a dar su vida para liberar a un cautivo.

Poco a poco, la orden fue ganando importancia y prestigio. Esto llamó la atención de Roma. Según Salrach, a la jerarquía eclesiástica no le hacía ninguna gracia la proliferación de entidades que fueran por libre porque temían que esto pusiera en duda su autoridad. Las tensiones entre laicos y religiosos fue creciendo hasta que finalmente, en 1317, se escogió un sacerdote como maestro general de la organización. Sin embargo los mercedarios continuaron haciendo su tarea hasta bien entrado el siglo XVIII. Según algunas fuentes se calcula que habrían liberado a 60.000 prisioneros. A partir del siglo XIX el mundo cambió y los mercedarios se adaptaron a los nuevos tiempos asistiendo a otros tipos de gente necesitada. Misión que siguen llevando a cabo en hoy en día.


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