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La silla de ruedas también tiene historia

Las imágenes que nos llegan de los Juegos Paralímpicos de Tokio nos muestran atletas utilizando unas sillas de ruedas sofisticadísimas para competir al máximo. Quedan lejos aquellos primeros modelos de hace setenta años.

El bádminton es una de las disciplinas debutantes en estos Juegos Paralímpicos.

El bádminton es una de las disciplinas debutantes en estos Juegos Paralímpicos. / Paralímpicos

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Los conflictos bélicos tienen consecuencias inesperadas. Si no hubiera sido por la Segunda Guerra Mundial, el doctor Ludwig Guttmann no habría escapado de la Alemania nazi ni se habría refugiado en Inglaterra, donde promovió la creación de los Juegos Paralímpicos, que sirvieron para que muchos ex combatientes con lesiones medulares pudieran demostrar que, a pesar de no poder caminar, seguían siendo personas con muchas capacidades. Y si no hubiera sido todo esto, los nombres de los ingenieros estadounidenses Herbert Everest y Harry Jennings no habrían pasado a la historia.

En 1918, Herbert Everest sufrió un grave accidente en la mina donde trabajaba y no pudo caminar nunca más. Entonces se dio cuenta de que necesitaba un sistema para poderse desplazar con autonomía, sin tener que pedir ayuda a nadie. Con este propósito comenzó a trabajar con su amigo Jennings en el diseño de una silla de ruedas tubular, plegable y ligera. Como ocurre en este tipo de historias de emprendedores americanos, ellos también desarrollaron los prototipos en un garaje. Entre 1932 y 1933 produjeron los primeros modelos de prueba y en 1937 patentaron la silla de ruedas modelo Everest & Jennings. Cualquiera que haya visto la serie 'Ironside' sabe de qué tipo de silla estamos hablando.

Aquel invento apareció en el momento justo, ya que con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, el número de personas que requerían una silla de ruedas crecía dramáticamente. Se calcula que solo en EEUU durante el conflicto hubo más de 680.000 heridos, muchos de ellos con amputaciones y lesiones irreversibles que les impedían la movilidad.

A partir de ese momento la sociedad Everest & Jennings vio como su negocio aumentaba. Esto les permitió ir mejorando su diseño y los Juegos Paralímpicos fueron un importante banco de pruebas, porque los atletas forzaban aquellas sillas al máximo durante las competiciones. Una de las cosas que habitualmente pasaba, por ejemplo, era que el material plástico de los primeros modelos impedía la transpiración y los deportistas acababan con el cuerpo llagado. También se dieron cuenta que necesitaban diseños específicos para cada tipo de prueba, porque ir al choque en deportes de contacto como el baloncesto no es lo mismo que utilizar una silla en las pruebas de velocidad del atletismo. Sólo hay que seguir los Juegos Paralímpicos de Tokio estos días para darse cuenta.

En definitiva, lo que consiguieron Everest y Jennings con su silla fue algo revolucionario porque, hasta entonces, las personas que no se podían mover siempre necesitaban de alguien. Está claro que, en ciertos casos, esto no era ningún problema. Sobre todo si eras rey y tenías un montón de sirvientes a tus órdenes. Por eso, cuando Felipe II tuvo problemas de salud y no se podía mover, le construyeron una silla con cuatro ruedas y reposa pies pensada para que alguien lo llevara de un lado para otro. Se sabe que existió gracias a un dibujo de 1595. Los estudiosos la consideran la primera silla de ruedas de la historia. Desgraciadamente, sin embargo, no se sabe quién la inventó.

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En cambio, sí se tienen los datos del creador del primer intento de silla "autónoma". Se trata de un relojero de Nuremberg llamado Stephen Farffler. En 1565, cuando tenía 22 años, aprovechó sus conocimientos para construir una silla para uso personal, ya que no podía caminar. El diseño recuerda las llamadas 'handbikes' actuales, puesto que la rueda delantera tenía un engranaje que se movía con una manivela accionada con las manos.

Tanto el caso del rey como el del relojero fueron dos casos individuales, fruto de circunstancias particulares. En cambio, a partir de siglo XVIII, cuando la aristocracia británica empezó a ir a tomar las aguas en el balneario de Bath, se construyeron una especie de carruajes individuales que durante el siglo XIX se popularizaron tanto que precisamente se las llamó "silla de Bath". Incluso, en 1916, algunas ya se montaban con un pequeño motor de combustión.

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Ahora se ven anticuadas y poco prácticas. Y esperemos que algún día pase lo mismo con las actuales, cuando la ciencia y la tecnología avancen lo suficiente para que nadie ya no necesite sillas de ruedas.

Sillas antiguas

Aunque aquí hemos querido explicar la evolución de las sillas de ruedas durante la época más reciente, se tiene constancia que en la antigüedad ya había habido algunos dispositivos pensados para mover personas. Por ejemplo, se han localizado representaciones de asientos y camas con ruedecitas en pequeñas piezas de arte tanto en China como en Grecia, que datan de hace unos 2500 años.