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El 'Gran Juego' de Afganistán

Con la retirada de EEUU de Afganistán, otras potencias se posicionan para controlar un territorio que es un avispero. Durante tres siglos las pretensiones exteriores para intentar controlarlo han terminado con un fracaso estrepitoso.

Caricatura publicada en la prensa londinense en 1878, donde Afganistán aparece vigilada por el león británico y el oso ruso (’Punch’, 1878)

Caricatura publicada en la prensa londinense en 1878, donde Afganistán aparece vigilada por el león británico y el oso ruso (’Punch’, 1878) / Punch

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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A medida que pasan los días, la situación en Afganistán comienza a poner en evidencia que no era algo tan simple como el avance de los talibanes hasta Kabul. Enseguida aparecieron analistas de salón en las tertulias dando mil y una explicaciones. Lo que sorprende en estos casos es que reducen el contexto histórico para ayudar a entender lo que pasa en la época de la Guerra Fría, como si la Historia hubiera comenzado con la Segunda Guerra Mundial.

Ahora bien, Afganistán es fuente de conflicto internacional desde hace, al menos, doscientos años. Entonces los actores protagonistas eran la Rusia de los zares y el Imperio Británico, que se disputaron el control del sudeste asiático en lo que se conoce como el Gran Juego.El miedo del Reino Unido era que Rusia con su expansión territorial amenazase la India, que era la joya de la corona de los británicos, y por eso quisieron convertir Afganistán en un estado colchón. Es decir, un territorio interpuesto ante un rival para detener su crecimiento y, en caso de invasión, encajar el primer golpe.

Durante el siglo XIX, Londres invirtió una enorme cantidad de recursos humanos y económicos en hacerse suyo aquel punto del planeta. En menos de un siglo, tres veces intentó controlarlo y tres veces fracasó. Son las llamadas guerras anglo-afganas.

La primera estalló en 1838, cuando Londres mandó tropas procedentes de la India para provocar un cambio de soberano y colocar uno afín a sus intereses. Aunque inicialmente parecía que conseguiría el objetivo, la resistencia interna fue tan feroz que en 1842 las tropas de su majestad tuvieron que retirarse con el rabo entre las piernas.

Al detectar la debilidad del Reino Unido, desde Rusia aumentaron la presión en la zona. Entonces los británicos probaron la vía diplomática. En 1854 firmaron el tratado de Peshawar con Afganistán. Los dos países se reconocían el uno al otro y se aseguraban apoyo mutuo en caso de conflicto. En realidad era una especie de dominio encubierto.

Aún así las fronteras - que todavía no eran las actuales -no estaban suficientemente definidas y, en 1872, Rusia y Reino Unido acordaron respetar el límite norte de Afganistán. Paralelamente, sin embargo, los rusos iniciaron una aproximación diplomática con Kabul. Como esto contravenía el tratado de 1854, Londres tuvo la excusa perfecta para enviar tropas a la zona. Así se produjo la segunda guerra anglo-afgana, durante la cual Londres intentó (otra vez) poner un soberano afín pero volvió a fracasar (otra vez) al ser rechazados por las fuerzas locales. En 1881 se retiraron de Afganistán.

A partir de ese momento rusos y británicos iniciaron conversaciones y acordaron que el límite norte del territorio afgano sería el río Amu Darya, que también servir para señalar la frontera de la India británica (en aquellos momentos también incluía la actual Pakistán). No contentos con ello, en 1907 fueron más allá y dividieron Afganistán en dos áreas de influencia. Huelga decir que a los autóctonos no les hacía ni pizca de gracia que alguien decidiera por ellos y el rey Habibullah aspiraba a la independencia total de su país. El error fue que para ahuyentar a los rusos, recurrió a los británicos, que no estaban dispuestos a permitir la plena soberanía afgana.

Habibullah fue asesinado en 1919 y su hijo y heredero al trono quiso hacer realidad el propósito de su padre expulsando los británicos. Entre mayo y junio se vivió la tercera guerra. Fue la última. Londres negoció un alto al fuego y en agosto abandonó Afganistán después de casi cien años de participar de una espiral de muerte y destrucción.

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En aquellos momentos había terminado la Primera Guerra Mundial y en Rusia se imponía el régimen comunista. El mapa de las relaciones internacionales estaba cambiando. Por un momento pareció que Afganistán podría, por fin, seguir su camino tranquilamente. Fue un espejismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, y con la URSS como gran potencia de la zona, el país volvía a estar en la lista de objetivos de Moscú. Como es sabido fracasó, al igual que antes le había pasado a Londres y ahora le ha sucedido a Washington. Veremos quién será el próximo que osará intentarlo.

Relaciones triangulares

El término Gran Juego fue acuñado por los propios británicos para definir las relaciones triangulares entre Rusia, Afganistán y el Reino Unido. En cambio, la historiografía rusa se suele referir a este período como "El torneo de las sombras", porque a pesar de las tensiones en la zona, nunca llegó a producirse un enfrentamiento directo entre las dos potencias.