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Niño, deja el móvil y mírate un pie

Nos creemos padres y madres excelentes, pero qué raro es encontrar este verano una familia sentada a la mesa sin teléfonos de por medio. Pantallas para que nuestros hijos no se aburran

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Un niño juega con el móvil de su madre.

Un niño juega con el móvil de su madre. / E. P.

"La infancia es un invento reciente". Lo dijo, con toda la razón, el cineasta Alberto Rodríguez cuando presentó 'La peste' (2018), deslumbrante serie que retrata la Sevilla del siglo XVI. En el primer capítulo, un joven coge a un bebé de pocos días y lo lleva al río. Le sostiene por los pies con la intención de tirarle al agua y que muera ahogado. Ese recién nacido no tiene presente ni futuro. No vale nada.  

A finales del siglo XIX la infancia seguía sin valer gran cosa. Cuando Francisco Largo Caballero -nacido en un humilde buhardilla de Madrid en 1879- tenía siete años los frailes escolapios le dijeron a su madre que más valía que el chaval dejara el colegio y empezara a trabajar porque ya tenía edad de ganarse la vida. No le faltaron razones a Largo Caballero para convertirse en un combativo dirigente socialista y una figura fundamental del movimiento obrero.

Estamos en 2021 y los hijos son el invento del siglo. Se han convertido, en palabras de la divulgadora Eva Millet, en “seres preciados, un bien escaso, un signo de estatus”, un reflejo de sus padres y madres, que planifican al milímetro sus vidas y que jamás dejan espacio a algo tan sano como el aburrimiento. Nos creemos mejores padres y madres que fueron los nuestros. Nos creemos más sabios, más concienciados. Hemos leído muchos libros y pensamos que lo sabemos todo de la crianza. Esto no es el siglo XVI ni el XIX. Tampoco el XX. Somos padres y madres profesionales del XXI. Somos los mejores.

"Mamá, me aburro" es el hit del verano. Una contestación ideal -según recomienda la psicóloga y madre Agnès Brossa- es “mírate un pie”. Si el peque se sigue aburriendo, la respuesta es: “Mírate el otro pie”. Pero nuestros hijos nunca se miran los pies, no se aburren nunca. Y menos en vacaciones, donde todo es un torbellino de actividades y felicidad extrema. 

Ver este verano a familias desayunando en un hotel cada uno con su pantalla produce estupor y temblores. Para qué enseñarle a tu hijo el paisaje que se ve desde la mesa, para qué preguntarle si prefiere tomate en el pan o mantequilla y mermelada, para qué decirle que juegue un poco con el perro del dueño del hotel, para qué decirle que se vaya a echar pan a los peces. Para qué hablar del tiempo si es mucho mejor jugar en el móvil.

Qué raro se hace ver una familia donde los niños pequeños están mirando las nubes. O mirándose un pie. O hablando. O leyendo un cómic. Tenemos un gravísimo problema con las pantallas y no lo queremos ver. A desayunar, con el móvil. A tomar un aperitivo en el chiringuito, con el móvil. A comer, con el móvil. A cenar, con el móvil. 

En el durísimo confinamiento por la pandemia todos los padres y todas las madres abusamos de las pantallas para sobrellevar el infierno. Triste legado pandémico. Qué difícil ahora dar marcha atrás y decirle a nuestros hijos que levanten la cabeza de la pantalla. Para empezar, deberíamos levantarla nosotros, los padres y las madres.

Cómo sorprende ver estos días ver 'Verano Azul' (20.00 horas, La 2) y contemplar a chavales y chavalas de la generación EGB (y a sus padres) sin móviles. Una pandilla que se pasaba las horas muertas en la playa, chupando un polo de limón o corriendo en bici. Y siempre lejos de la mirada de sus padres. ¿Nos imaginamos ahora a un peque de seis años y otro de ocho paseando y jugando solos en la calle a las chapas?

En 2021 (y menos mal) no ahogamos a los recién nacidos. Tampoco les obligamos a trabajar cuando cumplen 7 años. Nuestro mundo no es 'La peste' ni la biografía de Largo Caballero. Pero el Oscar a la mejor paternidad y maternidad tampoco nos lo llevamos. Por más que nos creamos extraordinarios. 

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Si estás de vacaciones y tienes niños pequeños, deja el puñetero móvil en el bolso y habla con tu hijo. Lo más probable es que os aburráis. La crianza -por más que sigas en Instagram a las mamás 'cool'- tiene mucho de aburrido. Y de cansado. Pero hay algunos momentos en los que miras a tu hijo y te sientes feliz. Disfruta esos instantes, que son escasos y no duran mucho. Abandona el teléfono una tarde y vete con tu hija a coger cangrejos por la playa. Y después, si se aburre (que se aburrirá) que se mire el pie. Y tú, padre coraje, mírate el otro pie.  

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