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Nadadoras a contracorriente

La natación es uno de los deportes olímpicos más populares, donde la competición femenina recibe tanta atención como la masculina. Al principio, sin embargo, las mujeres tenían vetado el acceso. Suerte de dos pioneras que rompieron esquemas.

Fanny Durack y Mina Wylie, primeras medallistas de la natación olímpica, en 1912.

Fanny Durack y Mina Wylie, primeras medallistas de la natación olímpica, en 1912.

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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Una de las disciplinas más seguidas de los Juegos Olímpicos es la natación, que estos días ocupa buena parte de la atención informativa de la competición, tanto las pruebas masculinas como las femeninas.

Las mujeres no lo tuvieron fácil para poder nadar en los juegos. Inicialmente su presencia estuvo vetada y no fue hasta 1910 que el Comité Olímpico Internacional autorizó pruebas femeninas en los JJOO que debían celebrarse en Estocolmo en 1912. Aunque sería más adecuado hablar en singular, porque solo dejaron que las nadadoras compitieran en los 100 metros libres. La medida no gustó a todo el mundo y no precisamente por restrictiva. Al contrario.

En la mentalidad de la época seguía teniendo mucho peso la idea de que las mujeres tenían que ser un ejemplo de virtud. Se consideraba que aquello era una característica inherente a su género, lo que se traducía en unas marcadas normas de comportamiento social que no permitían, por ejemplo, que las mujeres pudieran mostrar el cuerpo en público. Las faldas hasta los tobillos y las blusas de manga larga. Por lo tanto cualquier actividad al aire libre quedaba condicionada. En el caso de que tuvieran la osadía de tomar las aguas, que es como se le solía llamar a ir a la playa, debían hacerlo ataviadas con un traje que las cubriera completamente.

Esta idea de la mujer pudorosa era más fuerte en unos países que en otros. Por ejemplo, Estados Unidos de inmediato comunicó que no autorizarían la presencia de nadadoras en su delegación olímpica. Los australianos tampoco tenían ganas de que ellas participaran en la cita, por lo que comunicaron a las deportistas que habían estado entrenando desde 1910 que si querían ir a Estocolmo se tendrían que pagar ellas el viaje. Se trataba de Fanny Durack, de 23 años, y Mina Wylie, de 21. Nacidas en Sídney, eran las campeonas imbatibles de su país.

No eran solo los hombres los que no las querían aceptar. También había una parte de las feministas más veteranas que tampoco lo veían claro. Y eso que habían luchado por el derecho a votar. Pero una cosa eran urnas y papeletas y otra ir por el mundo con bañador exponiendo el cuerpo a las miradas lascivas de los hombres. Finalmente, sin embargo, pudo más la solidaridad femenina que la moralidad anticuada y aceptaron ayudarlas a recoger dinero para poder comprar los pasajes a Escandinavia. Sin embargo intentaron no perder la compostura, lo que provocó situaciones como mínimo sorprendentes. Por ejemplo, la líder del movimiento sufragista de Nueva Gales del Sur, Rose Escott, a la hora de organizar una exhibición de natación protagonizada por Durack y Wylie, contrató una banda de músicos ciegos para que no pudieran ver a las chicas en bañador. Huelga decir que el acto estaba restringido solo a las mujeres. También es cierto que gracias a actos como aquel, las dos deportistas pudieron hacer realidad su sueño. Y además pasaron a la historia.

La competición se celebró entre el 8 y el 12 de julio. En total había 37 nadadoras de ocho delegaciones diferentes: Austria, Alemania, Reino Unido, Finlandia, Suecia, Noruega, Bélgica y lo que se llamaba Australasia, que reunía los atletas australianos y neozelandeses, como ya se había hecho en los JJOO de 1908.

La primera en clasificarse para la final fue Wylie al ganar su serie. Después fue el turno de Durack, que nadó más rápido que ninguna otra mujer lo había hecho nunca. Cubrió los 100 metros en 1:19.8, pulverizando las marcas de las contrincantes que estaban alrededor del 1:25. En la final no fue tan deprisa pero aun así se impuso con claridad y ganó el oro; mientras que su compatriota logró la plata. Tuvieron que pasar 20 años hasta que otra australiana subiera a lo más alto del podio de unos JJOO. Fue Clare Dennis en Los Ángeles en 1932. Y en cuanto al récord de los 100 metros lo conservó hasta los juegos de 1920 en Amberes, donde Durack no pudo participar por culpa de un ataque de apendicitis.

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Después de Estocolmo, las dos atletas continuaron compitiendo en su país donde por fin vieron reconocida su valía. Fanny Durack murió en 1956 y Mina Wylie en 1984. Ambas forman parte del Salón de la Fama de la Natación que hay en Florida, consideradas pioneras de este deporte.

El traje de baño

Uno de los problemas que tenían las nadadoras olímpicas era cómo conseguir un traje de baño útil para competir pero que no las comprometiera en exceso. Utilizaron un diseño de una sola pieza similar al de los practicantes de atletismo, pero con más de una capa de tejido -lana o algodón- porque una vez mojado, no dejara entrever lo que querían cubrir.