Polémica en Barcelona

El mural de la furgoneta en llamas y la libertad de expresión

La controversia sobre el mural de Martz en el parque de las Tres Xemeneies, una reproducción realista de la furgoneta incendiada en la Rambla durante los disturbios por Pablo Hasél, abarca cuestiones delicadas que van desde la libertad de expresión hasta la batalla por el espacio público, la responsabilidad de las administraciones y hasta los códigos que maneja la nueva generación de artistas urbanos

El mural de Martz en el parque de las Tres Xemeneies, antes de ser borrado.

El mural de Martz en el parque de las Tres Xemeneies, antes de ser borrado. / Alex R. Fischer

7
Se lee en minutos
Mauricio Bernal
Mauricio Bernal

Periodista

ver +

Como viene haciendo desde hace un tiempo, la plataforma Wallspot organizó una 'jam session' de arte urbano en el parque de las Tres Xemeneies, en Barcelona, el pasado 20 de junio. La temática era: realismo. Entre los artistas que participaron estaba el bilbaíno Martz, que desde hace un año vive y pinta en Barcelona, y cuya aportación al encuentro consistió en un mural que reproducía la imagen de la furgoneta de la Guardia Urbana incendiada por manifestantes, el pasado febrero, durante las protestas contra el encarcelamiento de Pablo Hasél. Como seguramente era de esperar, la policía, a través de los sindicatos Sapol y CSIF, expresó públicamente su indignación y exigió la “retirada inmediata” del dibujo. El debate sobre la libertad de expresión, del que los muros del parque han sido últimamente acicate, volvía a la palestra barcelonesa.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Un mural "satírico"

El autor, un muralista que durante los nueve años que lleva pintando ha oscilado entre escenas de la vida cotidiana y contenidos sociales y políticos, defiende, por supuesto, su libertad de dibujar el vehículo en llamas. Era una manera, dice, de denunciar injusticias. “Después del incidente de la furgoneta detuvieron a una chica italiana y montaron la película de que los responsables eran un grupo de italianos anarquistas que habían venido a hacer disturbios a Barcelona. La chica pasó tres semanas en el calabozo hasta que la tuvieron que soltar porque el abogado demostró que no podía ser ella. Tres semanas, pero de eso, no sé por qué, se habló poco”, lamenta. También hay algo de historia personal en el dibujo: Martz, hijo de padre brasileño y madre bilbaína, es de tez morena y dice que por eso ha tenido algunos encontronazos con agentes urbanos desde que vive en Barcelona. “Pero”, dice, “al final solo he hecho un mural satírico. La gente no se ha fijado mucho, pero en la puerta de la furgoneta no pinté el logo de la Guardia Urbana, sino un helado. Es un carrito de helados en llamas”.

El centro del debate

Poco a poco, las Tres Xemeneies, uno de los pocos enclaves barceloneses donde se puede pintar sin temor a ser multado, se ha convertido en el centro del debate sobre el arte urbano y la libertad de expresión. Pocos días antes de que la ciudad fuera escenario de las protestas por Hasél, el muralista Roc Blackblock firmó una obra pidiendo su libertad en la que aparecía la cara del Rey emérito con una inscripción en la cara que rezaba: “ladrón”. Fue borrada por el ayuntamiento. O no exactamente: fue borrada por los servicios de limpieza del ayuntamiento a petición de la Guardia Urbana. El concejal de Derechos de Ciudadanía y Participación, Marc Serra, expresió su preocupación porque la acción había afectado a un derecho fundamental, el de la libertad de expresión. En consecuencia, Blackblock repitió el mural e incluyó, además de al Emérito, a su hijo, Felipe VI, y a Franco: los tres últimos jefes de Estado que ha tenido España. Cuatro días después, una mano anónima y carente de arte emborronó el mural de mala manera.

Indignación policial

El mural de Martz ha durado más tiempo. Una semana después de pintado, el 27 de junio, el sindicato Sapol de la Guardia Urbana, mayoritario en el cuerpo, lanzó esta denuncia a través de Twitter: “Condenamos rotundamente esta pintada de unos hechos que fueron un ataque directo a la policía, al cuerpo y a los agentes de la Guardia Urbana y en los cuales se puso en riesgo la vida e integridad física de un agente. Exigimos su retirada inmediata”. Al día siguiente, otro sindicato, CSIF, se sumó a la petición con los siguientes argumentos: “El contenido de este grafiti atenta claramente contra la institución de la Policía de la Guardia Urbana, denigra al cuerpo, incita al odio, banaliza la violencia y, entre otros contenidos del mismo talante, se dan ideas futuras de cómo atentar contra la policía”. El sindicato decidió proceder por su cuenta y el pasado martes borró el mural. En su lugar pusieron dos pancartas que piden la dimisión de la alcaldesa, Ada Colau, y del teniente de alcalde de Prevención y Seguridad, Albert Batlle. Básicamente consideran que han actuado con negligencia. El malestar en el cuerpo policial es intenso.

Debate y reflexión

Un mural de la furgoneta de la Guardia Urbana que ardía en la calle, hace apenas cuatro meses, con un agente en el interior. Sin duda, un tema delicado y sensible. ¿Dónde está el límite? Preguntado al respecto, el comisario de arte urbano Arcadi Poch opina que la de Martz es una obra realista y alegórica a la vez “de los disturbios que ha estado viviendo Barcelona en los últimos años”, y que “no hay implícita necesariamente una apología de la violencia”. “La sociedad expresa sus deseos y preocupaciones y lo hace de múltiples maneras, unas más creativas y otras menos. Barcelona es un lugar donde últimamente se ha generado esta dinámica de expresión que busca generar debate y reflexión, y eso debería ser saludable para cualquier ciudad”, añade. Dado que el mural fue pintado en los muros libres que el ayuntamiento pone a disposición de los artistas, Poch añade: “¿Hay que regularlos o no hay que regularlos? Personalmente yo creo en la autorregulación, me gusta pensar que las calles son un reflejo de la salud que tiene la ciudad en términos democráticos, en términos de pensamiento, en términos creativos…” Sobre los límites de la libertad de expresión, el comisario dice que "si una obra no tiene un mensaje directamente agresivo, homófobo, misógino, racista, etcétera, pero provoca una reflexión", entonces no debería ser censurada.

Competencia municipal

Marc Garcia, director de Wallspot y artífice de la 'jam session' de marras, dice: “Nosotros como organizadores no nos ponemos en la parte de contenido. Yo no decido qué está bien o qué está mal. Si a alguien le compete hacerlo es al ayuntamiento. Si ellos dicen que no se pueden pintar furgonetas en llamas, los artistas van a hacer lo que les de la gana, como siempre, pero la diferencia es que van a poder borrarla enseguida”. Garcia recuerda que los muros son cíclicos y que las obras tienen una vida limitada, y considera que el borrado por parte del sindicato CSIF entra en la dinámica de los muros libres según la cual alguien siempre pintará encima de lo que pintó su antecesor. “Simplemente que aquí, en lugar de interpelar a otro artista, o de que haya un diálogo entre artistas o grafiteros, interpelas a la Guardia Urbana, dialogas con la Guardia Urbana. Creo que tendrían que estar preparados para esto y para mucho más. La policía tiene que asumir que hay gente a la que no le gusta la policía”.

El 'contexto Hasél'

También ha accedido a entrar en el debate Ricardo Klein, profesor del departamento de Sociología de la Universitat de València y autor de varios trabajos sobre ‘street art’. Klein empieza diciendo que "este no es un hecho aislado" y que “no se puede ignorar el trasfondo de Pablo Hasél”. "Actualmente hay un debate respecto a los muros de este parque, algunos han sido tapados, como el mural del rey, y lo que yo veo es que hay una batalla cultural que tiene que ver con las ideas, la libertad de expresión y la disputa del espacio público, y que hay varios actores participando en esta discusión. Pero repito, no se puede desligar del contexto de Pablo Hasél. Es un tema que no está zanjado ni mucho menos, sobre el que no hay acuerdo, y mientras no lo haya el debate va a seguir estando presente”. Klein dice que los límites de la libertad de expresión son “difusos” y que cada uno los pone en un lugar distinto, y que, de todos modos, no hay que sorprenderse en exceso, toda vez que históricamente una de las líneas de acción del arte urbano ha sido la línea “reivindicativa y contestataria”.

Noticias relacionadas

Nuevos códigos

“Si pintas una imagen realista siempre te vas a encontrar detractores”, reflexiona el argentino Zosen, uno de los artistas veteranos del arte urbano en la ciudad. Zosen recuerda un episodio no ya de realismo sino de literalidad, cuando el año pasado, también en las Tres Xemeneies, participó en una jornada reivindicativa en favor de George Floyd que acabó con un mural que, sobre fondo negro, rezaba: “Aquí también la policía mata”. Debajo aparecía una amplia lista de nombres y al final el acrónimo antipolicial por excelencia: ACAB (All Cops Are Bastards). “Recuerdo que la policía llegó al lugar y le pidió al artista que lo borrara. El artista dijo que no estaba poniendo nada que no fuera verdad y no lo borró, pero más tarde vino BCNeta y borró los nombres de las personas”. Sobre el realismo de la obra de Martz, Zosen considera que hay una nueva generación de artistas urbanos, más politizados y que manejan otros códigos. “Es verdad que siempre una parte del arte urbano ha estado muy politizada, pero este realismo no se veía antes”. En cualquier caso, agrega, "si alguien pinta algo tan gráfico, evidentemente la policía va a salir a quejarse".