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Xavier Folch, que nos ha hecho a todos

Desde la discreción de una sombra fructífera, sabia, pausada y tenaz, creyó en un país y en una lengua

Xavier Folch, que nos ha hecho a todos
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Josep Maria Fonalleras
Josep Maria Fonalleras

Escritor

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Cuando se jubiló, ahora hará ocho años, unos amigos organizaron una discreta cena de homenaje a Xavier Folch i Recasens (1938-2021). En los parlamentos de esa noche de verano, en el Motel Empordà, de Figueres, se dijeron dos cosas que son las que, a mi entender, representan mejor la figura de Xavier y su importancia en el panorama de la Catalunya contemporánea. Una la dijo la profesora Dolors Oller: “Ha trabajado a favor de la cultura como si tratase de una gracia, en el sentido teológico, y esto es transcendental para un país, con una punta de cordialidad y de eficacia”. Este sentido se refiere a la concesión divina para el ejercicio del bien y explicaba la amplitud de la dedicación, el entusiasmo y el esfuerzo de un "hombre inteligente, discreto, elegante, amabilísimo”, como ha escrito Antoni Puigverd.

Una devoción por la cultura que le hizo transitar por dos editoriales –Ariel y Crítica– y que culminó con la creación, en 1983, de la Editorial Empúries que, con más de un millar de títulos, tiene un papel capital en la historia de la lengua y la literatura catalanas. Una entrega en la cual aquel "bien" que decíamos se concreta en un legado intelectual de primer orden, una herencia que se ha de valorar como una aportación central, fundacional. Poetas y escritores como Vinyoli, Brossa, Martí i Pol, Bauçà, Palácios, Comadira, Mesquida, Casasses, Puntí o Cornudella no serían lo que son sin Xavier Folch y si él no hubiese conformado un catálogo que los reúne y los eleva. Por no hablar de la memorable colección de ensayos sobre lingüística catalana, con Joan Solà al frente. 

La otra cosa que se dijo en aquella cena la formuló el poeta Narcís Comadira. Refiriéndose al vínculo entre el profesor y teólogo Modest Prats y Xavier Folch (de respeto y cordialidad y de extrema complicidad futbolística, barcelonista y guardiolista, la verdadera religión que ambos compartían), citó a Gabriel Ferrater cuando afirmaba que Carner “nos ha hecho a todos nosotros". Xavier Folch, sí, nos ha hecho a todos. Es decir, ha sabido crear el microclima adecuado para muchas generaciones, con confianza, haciendo de acicate, haciendo de eslabón entre la tradición y la modernidad, consciente de lo que defendía, “dispuesto a participar en todas las aventuras del momento”, como escribió Josep M. Castellet, con la idea de una “utopía razonable y racional" y siempre con una "incansable y generosa dedicación a la fidelidad amical”. 

Es necesario mencionar, también su trayectoria política. Del conocimiento de Manuel Sacristán, Alfonso Carlos Comín, Jorge Semprún o Javier Pradera y, claro, de su militancia en el PSUC, de su lucha antifranquista y, posteriormente, de su capacidad de influencia en torno a la figura de Pasqual Maragall, a través de Ciutadans pel Canvi. De su participación en la Assemblea de Catalunya y en la Caputxinada, de su condición de diputado en la primera legislatura democrática y de su labor al frente del Institut Ramon Llull. 

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Nos conviene una biografía detallada de Xavier Folch, un calidoscopio diverso, un mosaico de múltiples piezas, para entender en profundidad su magisterio y la trascendencia de su personalidad. Desde la discreción de una sombra fructífera, sabia, pausada y tenaz, Folch creyó en un país y en una lengua. Hace un año escribió, en una edición privada, un elogio de Modest Prats a partir de un texto suyo que decía: "Vam haver d’aprendre a descobrir Catalunya. Vam créixer en un país derrotat. Ara em pregunto: ¿Haurem estat capaços de salvar el futur?". Y Folch añadía: "Continuem essent un país derrotat. Si som capaços de salvar el futur, serà gràcies a persones com ell”. 

Si somos capaces de hacerlo será porque Xavier Folch ha existido y nos ha hecho a todos nosotros. Lo digo desde la orfandad intelectual de una mañana de Sant Joan, desde la amistad truncada por la muerte, desde la emoción íntima hacia un hombre que fue amigo y que, hace más de treinta años, confió en un joven que empezaba a escribir historias.

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