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La sardana rusa de Stravinski

Este año se conmemora el 50º aniversario de la muerte del compositor Ígor Stravinski, que tuvo una relación muy particular con la ciudad de Barcelona. Aprovechando que nació un 17 de junio, viajamos hasta 1924.

Ígor Stravinski en 1930, cuando ya era un músico aclamado por el público barcelonés.

Ígor Stravinski en 1930, cuando ya era un músico aclamado por el público barcelonés.

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Xavier Carmaniu Mainadé
Xavier Carmaniu Mainadé

Historiador

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El verano estaba tan impaciente como nosotros por recuperar el tiempo robado por el covid-19 que, en un exceso de entusiasmo, nos ha regalado una ola de calor antes de llegar el solsticio. En el ambiente se respiran las ganas de celebrar el buen tiempo y pasarlo bien. Serán unos meses que en muchas localidades tendrán como punto culminante la fiesta mayor.

En Catalunya, no hay fiesta mayor sin sardanas, que para algunos es una música ramplona. Supongo que a estos les costará creer que a principios del siglo XX estuvo de moda en Barcelona, donde se organizaban conciertos sin parar. La sardana era habitual en la ciudad y convivía con melodías venidas de otras partes del mundo.

En 1924 fue protagonista de un episodio legendario. El compositor Ígor Stravinski, del que este año se celebra el 50º aniversario de su muerte, se enamoró de la música de cobla. En aquellos momentos el compositor ruso, nacido tal día como este jueves de 1882, ya se había empezado a hacer un nombre gracias a creaciones como 'El pájaro de fuego', 'Fuegos artificiales' o 'La consagración de la primavera'. Ahora bien, en aquellos tiempos en que no había la facilidad actual para poder grabar la música, los melómanos catalanes solo tenían referencias suyas a través de la prensa.

Primer contacto en Barcelona

Era el nombre de moda y el empresario Joan Mestres Calvet lo contrató para dirigir la Orquesta Pau Casals durante los conciertos de cuaresma programados en el Liceu. El ruso aprovechó el encargo para incluir obra propia en el repertorio y así darla a conocer al público local, como antes ya había hecho en París y Bruselas. Preocupado por si su estilo vanguardista sería bien recibido, Mestres le recomendó escoger piezas que, como escribiría Sempronio en 'Destino' en 1971, mostraran su cara más tranquila y seductora. El ruso le hizo caso y los conciertos fueron un éxito.

Parece que durante un ensayo a Stravinski le apeteció un té. Presente en la sesión estaba el periodista y crítico musical Rafael Moragas -a quien todos llamaban 'Moraguetes'- y lo llevó al otro lado de la Rambla para invitarle al café del Ateneu Barcelonès. En ese momento la entidad era punto de encuentro de los grandes nombres de las letras, y recibieron con entusiasmo al visitante. Enseguida entablaron conversación y salió el tema de la música popular. Cuando Stravinski explicó que desconocía las sardanas, los ateneístas le organizaron un concierto con la Cobla Barcelona. La actuación se celebró en el jardín de la entidad el 19 de marzo. Las crónicas cuentan que, al ser friolero, siguió la actuación sin quitarse ni el abrigo ni el sombrero. El conjunto tocó algunas de las sardanas más famosas como 'Per tu ploro' de Pep Ventura y 'Juny' de Juli Garreta. Esta pieza le impresionó tanto que, al terminar, Stravinski exclamó: "¡Más Garreta!". No solo eso. Después de charlar largamente con los intérpretes y preguntar por las peculiaridades de la tenora, como muestra de agradecimiento quiso obsequiar al Ateneu con un concierto, donde él personalmente acompañó al piano a la cantante Mercè Plantada. Esto ocurría el día 21, pocas horas antes de marchar a París. Al despedirse pidió que le enviaran partituras de sardanas y melodías populares catalanas porque se había propuesto crear su propia sardana.

A partir de ese momento empezó una estrecha relación con Barcelona hasta que estalló la Guerra Civil. Algunas veces tuvo buenas críticas y, en otras generó polémica. Dirigió en el Liceu por última vez en marzo de 1936, ya plenamente consagrado y sin que nadie discutiera su valía artística.

Durante el franquismo solo volvió en 1956 y porque el barco que lo llevaba a Italia procedente de Nueva York hacía escala en la ciudad, donde visitó algunos amigos queridos como el también compositor Eduard Toldrà.

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¿Y la sardana prometida? Nunca más se supo. Se cuenta que hizo probaturas pero nunca salieron a la luz. Este 2021, con motivo del medio siglo de su fallecimiento, la editorial FICTA ha convocado el concurso de composición La Sardana de Stravinski. Una buena manera de recordar la buena relación entre el músico y Catalunya.

Juli Garreta

Juli Garreta nació en 1875 en Sant Feliu de Guíxols. De su padre heredó la pasión por la música y aprendió el oficio de relojero, que era su medio de subsistencia. Ahora bien, la música era su vocación. También la orquestal. Destacan 'Suite Ampurdanesa' y 'Pastoral'. Murió en 1925, cuando se empezaba a consolidarse como un músico de referencia.