Entender + el reto demográfico

¿Por qué tiene España una población envejecida?

Una mujer mayor, en una residencia.

Una mujer mayor, en una residencia. / CARLOS MONTAÑÉS

  • Las palabras de la escritora Ana Iris Simón, durante un acto del Gobierno sobre el reto demográfico, han puesto sobre la mesa la falta de expectativas de los jóvenes y sus problemas para poder independizarse y formar su propia familia. Dos demógrafos y un geógrafo analizan un fenómeno cuyas semillas se plantaron hace décadas.

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Eva Cantón
Eva Cantón

Periodista

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“Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad”. Con esta frase pronunciada en el Palacio de la Moncloa en la presentación del plan gubernamental ‘Pueblos con futuro’, la periodista y escritora de 29 años Ana Iris Simón abrió una Caja de Pandora de que la salieron algunas polémicas y muchos temas para el debate que convergen en el mismo punto: la situación de los jóvenes y las consecuencias sociales derivadas de sus dificultades para tener un empleo estable, acceder a una vivienda y hacer proyectos de futuro, entre ellos plantearse tener hijos. Para arrojar algo de luz sobre un fenómeno que demógrafos y expertos en despoblación llevan años estudiando, EL PERIÓDICO ha hablado con algunos de ellos. 

Si empezamos preguntándonos cuál es el principal reto socio-demográfico que tiene hoy nuestro país, la respuesta de la investigadora y profesora de la UNED Marta Seiz es clara: la sostenibilidad del sistema de pensiones. España tiene una pirámide poblacional invertida, porque hay mayor número de generaciones de edad avanzada que de jóvenes, pero eso “no es una catástrofe sino un logro, por la mejora en las condiciones de vida”, advierte la demógrafa. 

Eso sí, exigirá invertir en políticas públicas y sociales tanto para los mayores como para que los jóvenes puedan emanciparse y formar una familia, algo que hoy hacen a una edad tardía ¿Por qué? Es poco probable que haya razones culturales, si observamos lo que ocurría en la década de los 60 y 70 del siglo pasado. 

“No ha sido una constante vital de la sociedad española tener estos niveles de corresidencia con los padres hasta tan tarde”, explica el Director del Centre d’Estudis Demogràfics (CED) Albert Esteve. La edad media a la que los jóvenes españoles se independizan es de 29,5 años, según el Consejo de la Juventud de España (CJE), cuando Eurostat situa la media europea en los 26,2.

Esteve encuentra una posible explicación en que, a diferencia de otros países, como Suecia, donde la extensión educativa se hizo a través de un sistema de becas, en España se apostó por “poner una universidad en cada esquina” de manera que los jóvenes no se mueven de la casa familiar mientras están estudiando. “La oferta universitaria ha ido muy bien para formar a la gente, pero no les prepara para un mercado laboral muy competitivo”, apunta. 

Con un 39,9% de desempleo entre los menores de 25 años, España lidera la tasa de paro juvenil de la OCDE. A ello se suma la alta temporalidad laboral (49% en el tramo de 16-29 años) y que, según el CJE, el 92% del salario de los jóvenes se va en el alquiler de un piso.  “Eso no facilita llevar a cabo un proyecto familiar y reproductivo en las edades más propicias en términos biológicos”, resume Seiz. El resultado es que se retrasa el nacimiento de los hijos y que hoy la edad media para tener el primero está en los 32. 

“Lo que está pasando es la crónica de un cambio anunciado. Revertir esto, demográficamente hablando, es muy difícil"

“Aunque ocurriera el milagro de que, en vez de 1,3 tuviéramos 2 hijos, dada la estructura demográfica del país, sin inmigración tardaríamos entre 70 y 80 años en recuperar el nivel de población que tenemos ahora”, calcula Esteve, quien recuerda que “una población no envejece porque la esperanza de vida aumente, sino porque cada vez hay menos niños y la media de edad va aumentando”.

Lo que está pasando ahora es la crónica de un cambio anunciado cuyas semillas se plantaron hace 40 años. Revertir esto, demográficamente hablando, es muy difícil”, añade el experto, escéptico sobre la posibilidad de que el medio rural atraiga a gente joven. “No sé si el teletrabajo puede llegar a tanto”, reflexiona. 

Presión sobre el medio rural

En opinión de Ángel Paniagua, geógrafo del CSIC y experto en despoblación rural, convendría ver cómo hicieron otros países de nuestro entorno sus procesos de transformación rural, para no cometer los mismos errores. “Parece que ahora se trata de acelerar la instalación de la gente en las zonas rurales, pero eso tiene sus peligros, porque no son zonas vacías, como se ha dado a entender”. 

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La gente de las ciudades –alerta- puede “suplantar local o comarcalmente a las poblaciones rurales más tradicionales en la toma de decisiones” y, entre los efectos colaterales, el investigador cita la presión sobre el mercado de la vivienda. “Los procesos de reequilibrio territorial tienen que ser muy dilatados en el tiempo. De lo contrario tendrá efectos perversos”, advierte. Sin olvidar, prosigue, que los medios y la literatura ofrecen una “visión nostálgica de un pasado rural” que, en realidad, dista mucho de ser una arcadia feliz.

¿Pacto generacional?

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Dibujado el escenario, ¿cómo afrontar este reto demográfico? ¿Se impone un pacto generacional? “No sé si es necesario, pero sí una inversión pública que garantice buenas condiciones de vida a los más mayores y que los más jóvenes puedan llevar a cabo sus proyectos familires”, sostiene Marta Seiz, poniendo el acento en que se trata de “dos prioridades de orden demográfico que hay que abordar sin presentarlo como una lucha generacional”. 

Es un error hablar en términos de confrontación generacional”, sostiene. La investigadora defiende fomentar la conciliación corresponsable y una mayor inversión en políticas familiares. En este capítulo, España está, con el 1,2% del PIB, por debajo del 2,3% de la media europea. Albert Esteve, mientras, plantea que el Estado del bienestar reorganice los flujos para invertir en la franja de edad entre los 20 y 30 años, para que puedan emanciparse mucho antes. En todo caso, los cambios no se verán en el corto plazo. “Las dinámicas geodemográficas son mucho más lentas de lo que uno espera”, resume el investigador Paniagua.