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Enfermeras antes y después de Florence Nightingale

Son una figura clave del ámbito de la salud, pero solo hace cincuenta años que su profesión se ha empezado a tener en cuenta. Hoy ponemos el retrovisor al mundo de la enfermería.

Finalizada la guerra civil, unas voluntarias del Auxilio Social de La Garriga atienden a un niño.

Finalizada la guerra civil, unas voluntarias del Auxilio Social de La Garriga atienden a un niño. / RAMON FERRANDIS NOGUERA

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Dadas las circunstancias que vivimos, este año la celebración del Día Internacional de la Enfermería, al igual que ya ocurrió en 2020, tiene una significación especial. Puesto que se escogió el 12 de mayo al ser la fecha del nacimiento de Florence Nightingale, es el día que en las redes sociales circulan imágenes y biografías de aquella pionera. Es de justicia reconocer su papel en la profesionalización de la tarea de cuidar a los enfermos. Ya hablamos de ella al explicar su rol vital asistiendo a los heridos de la Guerra de Crimea de 1854.

Nightingale, sin embargo, no salió de la nada. Era hija de su tiempo. A mediados del siglo XIX, Europa se estaba transformando por la Revolución Industrial. La gente abandonaba el campo para ir a vivir a las ciudades, atraída por la seguridad de los salarios fijos de las fábricas. La superpoblación urbana provocó un problema de salud pública y las condiciones insalubres de los barrios obreros fueron el caldo de cultivo idóneo para muchas enfermedades. Esto puso en alerta a las autoridades sanitarias que intentaron solucionarlo.

A partir de ese momento la salud se convirtió en una cuestión de estado y los países más avanzados comenzaron a tomar medidas. Se entiende así que en 1860, en Londres, gracias a la determinación de Nightingale, abriera las puertas la Escuela de Enfermeras del Hospital Saint Thomas. Se entraba a lo que algunos estudiosos llaman la época técnica de la enfermería y se superaba la vocacional, característica de la edad media y moderna, cuando el cuidado de los enfermos era un tema religioso.

En la Europa cristiana, durante la época medieval, la atención sanitaria era considerada un camino para llegar a Dios y se fundaron instituciones religiosas consagradas a este fin, como la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que aún ahora sigue teniendo una función destacada en el ámbito médico y asistencial. La formación básica se adquiría durante el noviciado pero esto no quiere decir que no hubiera intentos de sistematizar los conocimientos, tal y como demuestra el hecho de que en el siglo XVII ya existían manuales de enfermería.

En el contexto español, sin embargo, costó que la profesión avanzara al mismo ritmo que en los países vecinos. En 1857, por ejemplo, la ley de instrucción pública solo reconocía los títulos de practicante y comadrona. Hubo que esperar hasta 1915 para que hubiera una titulación muy rudimentaria que se aproximara a lo que hoy en día consideramos enfermería.

Durante la República, con gobiernos mucho más sensibles a las cuestiones sociales, se hicieron planes de formación de lo que se llamaban practicantes pero el estallido de la guerra civil impidió seguir esa línea. Ahora bien, los dos bandos enfrentados en 1936 necesitaban unos servicios sanitarios robustos. Cada bando recurrió a sus acólitos. Así, mientras los rebeldes contaban con la colaboración de las corporaciones religiosas, el sector leal a la República tuvo el apoyo de organismos como Socorro Rojo Internacional o las Brigadas Internacionales, ya que al igual que muchos extranjeros se alistaron voluntarios para combatir el fascismo, otros se incorporaron al cuerpo sanitario para atender enfermos y heridos tanto de la primera línea de frente como de los bombardeos de la retaguardia. Además, algunas instituciones como el gobierno de Catalunya quisieron crear centros formativos. En su caso fundó la Escuela de Enfermeras de la Generalitat, pero las urgencias bélicas la hacían poco operativa a corto plazo.

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Ya durante el franquismo, en 1953, se creó la figura de los Ayudantes Técnicos Sanitarios (ATS). Aquello fue el primer paso hacia la definitiva profesionalización que no llegaría hasta 1977, cuando se reconoció enfermería como carrera universitaria. A partir de ese momento la figura de la enfermera ha evolucionado a una velocidad nunca vista en la historia. El nivel de profesionalidad y especialización es extraordinario, pero sin olvidar la parte humana de su tarea, tal y como han podido comprar tantos miles de personas en los últimos meses.

Adela Simon Pera

Nacida en 1919, estudió en la Escuela de Enfermería de la Generalitat durante la guerra pero la dictadura no reconoció su título. Se marchó a Londres para ampliar su formación en el centro fundado por Nightingale. Trabajó en el Hospital General de Asturias y, desde 1966, en el Hospital de Sant Pau de Barcelona, donde dirigió el departamento de enfermería. Su maestría fue clave para la mejora de la profesión.

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