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¿De la ciudad al campo?

La pandemia ha llevado a muchos urbanitas a plantearse una vida en el campo. Los pueblos se reivindican, pero también reivindican mejoras para que sus habitantes no sean ciudadanos de segunda. La tecnología puede ser su gran aliada. Lola Sánchez Aguilera, de la UB; Mario Urrea Marsal, alcalde de Torrebesses y presidente de la asociación Micropobles de Catalunya; y Rosa Paradell, Innovation Business Development Director de la Fundació i2CAT, abordan la situación desde diferentes perspectivas.

Un niño, patinando por las calles de un pueblo de Valencia, en mayo del 2020.

Un niño, patinando por las calles de un pueblo de Valencia, en mayo del 2020. / Miguel Lorenzo

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Lola Sánchez Aguilera, Mario Urrea Marsal y Rosa Paradell

La irrupción de la pandemia ha supuesto un punto de inflexión que ha hecho multiplicar los mensajes sobre un posible cambio de tendencia y un retorno a los municipios rurales. Está por ver si el movimiento es lo suficientemente profundo y duradero para que suponga una solución a la despoblación rural, que tiene consecuencias no solo demográficas, también sociales, económicas, educativas y culturales.

Una tozuda realidad demográfica

Lola Sánchez Aguilera. Profesora del departamento de Geografía de la UB y presidenta del Grupo de Geografía de la Población de la Asociación Española de Geografía

La despoblación de áreas rurales es un proceso que en España ha cobrado un gran protagonismo en los últimos años, tanto en los medios de comunicación como desde el punto de vista político. Esta visibilización, sin duda, es muy importante para tomar conciencia de una cuestión de amplio calado territorial y que tiene consecuencias que van más allá de la dimensión demográfica e incide en la social, la económica, la educativa y la cultural.

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No obstante, la popularización de algunos conceptos asociados, como el de España vacía o incluso España vaciada, en ocasiones transmite un mensaje excesivamente simplificador. En primer lugar, el mismo concepto es un tanto impreciso: muchos municipios no están vacíos sino que se pueblan de manera intermitente y nada tiene que ver su población entre semana con la de los fines de semana o vacaciones, se trata de una suerte de vida a tiempo parcial

En segundo lugar, se percibe como un proceso reciente o en todo caso relativo a la segunda mitad del siglo XX, asociado a los flujos emigratorios hacia las ciudades y zonas industrializadas durante el desarrollismo. Los datos relativos a la evolución demográfica municipal muestran que son numerosos los casos de pérdidas de efectivos ya en el primer tercio del siglo XX, por lo que podemos confirmar una trayectoria muy dilatada, secular, de una despoblación que en ocasiones adquiere una intensidad muy notable, con una reducción de más del 90% de los habitantes municipales.

La España rural no es monolítica. Hay áreas caracterizadas por el declive demográfico, pero también hay áreas dinámicas, que crecen y que están en buenas condiciones para encarar el futuro 

En tercer lugar, con frecuencia se considera que las áreas rurales son un espacio sin diferenciación pero esta apreciación está lejos de la realidad y la España rural no es monolítica sino plural: hay áreas caracterizadas por el declive demográfico –más vinculado en la actualidad al agotamiento biológico de poblaciones sobreenvejecidas que al efecto de la emigración- y una perspectiva económica poco favorable, pero también hay áreas dinámicas, que crecen y que tienen buenas condiciones socioeconómicas para encarar el futuro.

Una clienta compra en la tienda del pueblo de Castellfort, en la comarca de Els Ports, en mayo del año pasado.

/ Miguel Lorenzo

Por último, las movilizaciones sociales para visibilizar la situación de las áreas más afectadas por la despoblación han sido encabezadas por algunos territorios que llevan mucho tiempo clamando por la atención de administraciones y algunos lemas, como ‘Teruel existe’ son ampliamente difundidos, pero ello no debe hacer olvidar que Zamora, Cuenca, Ourense y otras muchas también existen, aunque su situación sea menos conocida.

En este contexto, la irrupción de la pandemia ha supuesto un punto de inflexión que ha hecho multiplicar los mensajes sobre un posible cambio y un retorno a los municipios rurales. Un amplio abanico de elementos ha contribuido a generar esta expectativa. Entre los más destacados, el largo periodo de confinamiento domiciliario y las restricciones a la movilidad que han marcado nuestra vida cotidiana reciente; la instauración del teletrabajo como modalidad en ocasiones preferente y en otras obligada de algunas actividades económicas; la percepción de la ciudades como espacios con mayor exposición al contagio y el alto precio de la vivienda en entornos urbanos frente a precios más competitivos en áreas rurales. 

Las solicitudes de nuevos empadronamientos han despertado las esperanzas en algunos municipios rurales, pero cabe esperar a la finalización de la pandemia para poder establecer un balance fiable y confirmar, si es el caso, que se ha producido una reversión de la tendencia que afecta a muchos municipios rurales, si los deseados nuevos habitantes no son cambio de empadronamiento a una segunda residencia o si permanecen los recién llegados en un escenario poscovid. Queda la tarea más difícil, convertir una tendencia en un hecho estructural. La despoblación, en muchos municipios de España, es una realidad demográfica tozuda.

Una oportunidad para los micropueblos

Mario Urrea Marsal. Alcalde de Torrebesses y presidente de la asociación Micropobles de Catalunya

Hace tiempo que desde la asociación Micropobles de Catalunya estamos trabajando para evitar la despoblación y conseguir repoblar. Catalunya es un territorio con un gran desequilibrio, con todos los problemas que ello conlleva: contaminación, circulación, suministros, riesgo de incendios y así una larga lista. Revertir esta situación es cosa de todos. Y ahora la pandemia parece que nos da la oportunidad de conseguir este equilibrio, ya que algunos vecinos de las grandes ciudades quieren ir a vivir a entornos rurales. Pero ante esta realidad tenemos que preguntarnos si realmente están preparados para vivir en un lugar tan diferente del que han residido hasta ahora.

Una preocupación de los micropueblos es que mucha gente ha idealizado el pueblo, es muy bonito cuando se va de vacaciones en pleno verano, la gente vive en la calle, los niños no paran de correr y hacer ruido, pero cuando llega el invierno a las cinco de la tarde todo el mundo está en casa, las calles están desiertas, no pasea nadie, no hay escaparates para mirar, ni cines, ni teatros..., y se necesita el vehículo para casi todo.

Dos excursionistas en el pueblo de Madremanya, en el Gironès, a primeros de diciembre del año pasado.

/ EFE/David Borrat

Está claro que los micropueblos debemos atraer a un perfil muy determinado de población, personas que les guste la naturaleza, pasear sin aglomeraciones, que disfruten del silencio, de la paz y de la tranquilidad, que sean conscientes de que vivir en un pueblo es vivir en comunidad, que todos nos conocemos y que no vivimos entre extraños.

Pero hay que tener también presente que para vivir en un micropueblo se debe poder trabajar, y por eso es necesario que haya actividad económica; necesitamos emprendedores, personas con iniciativa, innovadoras, que hagan un producto de calidad, con valor añadido, que creen nuevos negocios. El primer sector no debe ser la única actividad económica. También se necesitan servicios, aunque muchos municipios ya tienen fibra óptica y esto permite trabajar desde casa sin necesidad de desplazarse, y esta es una gran oportunidad para ir a vivir a lugares donde la vida es más saludable.

Necesitamos vivienda de alquiler, ya que muchos no quieren hacer inversiones por miedo a no adaptarse. La Generalitat y muchos municipios ya han comenzado a trabajar para paliar este déficit.

El espacio rural no puede ser el jardín de las grandes ciudades, tampoco debe ser donde depredar recursos para el mundo urbano; debe ser un espacio vivo, donde todos los vecinos tengan las mismas oportunidades. Para repoblar, hace falta despoblar, y hay que hacerlo en igualdad de condiciones para todos y para todo el territorio. Trabajamos para lograrlo.  

El 5G, clave para la competitividad rural

Rosa Paradell. Innovation Business Development Director. Fundació i2CAT

Cuando hablamos de redes 5G debemos tener en cuenta que no se trata de una mera evolución de las redes móviles, sino que estamos ante una transformación disruptiva. Este nuevo paradigma multiplica las posibilidades de uso de las redes móviles gracias a una velocidad de transmisión de datos 20 veces superior a la ofrecida por el 4G, una comunicación en tiempo real, una disponibilidad de la red prácticamente garantizada y un incremento de la densidad de dispositivos conectados. Así pues, da lugar a nuevos usos, especialmente aplicados a las comunicaciones de máquina a máquina y que, poco a poco, irán ganando terreno a las comunicaciones entre personas.

Un grupo de jóvenes consulta sus teléfonos móviles.


/ MANU MITRU

La tecnología 5G también nos plantea un reto. La viabilidad económica de su despliegue depende del uso que hagamos de estas redes, que es siempre más intensivo en las zonas con densidad alta de población. Por ello y para evitar que se genere una nueva brecha digital en el entorno rural debemos gestionar este aspecto de manera adecuada. No en vano una de las líneas de actividad de los nuevos fondos de recuperación poscovid está dirigida a facilitar el despliegue de la tecnología 5G en zonas rurales. 

Sabemos que el despliegue en entornos rurales será un elemento clave para mejorar la competitividad del territorio, pero ¿cuáles van a ser las áreas de aplicación que ayudarán a acelerar este despliegue? Tenemos dónde elegir. 

Mediante la tecnología 5G podemos garantizar la conectividad en banda ancha y facilitar la automatización de empresas y explotaciones rurales. Esto puede incrementar el atractivo de este sector para nuevas generaciones y perfiles cualificados, dinamizando así la economía del entorno rural y fomentando la nueva ruralidad. 

Esta mejora de la conectividad acercará también los nuevos modelos educativos, intensivos en uso de material digital, a todos los territorios y en todas las etapas, desde la educación infantil y primaria hasta la universitaria.

La nueva tecnología facilitará la digitalización del sector turístico, clave en muchos territorios rurales

Será también clave en la gestión de recursos y espacios naturales, especialmente zonas protegidas, mejorando el control de accesos, la seguridad y la intensidad de uso de las zonas y será una tecnología clave para la digitalización del sector turístico, clave en muchos territorios rurales.

No podemos olvidar la atención sociosanitaria: mediante el 5G se prevé que los hospitales comarcales puedan mejorar su servicio, ya sea añadiendo soluciones de telemedicina, teleasistencia u hospitalización domiciliaria. 

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Por último, será clave en el sector energético, donde es necesaria una gestión y control en tiempo real de la producción, muy relevante en el caso de algunas de las energías renovables.

Desde i2CAT, aprovechando el conocimiento y posicionamiento en 5G, se está trabajando para impulsar la implantación de esta tecnología en el ámbito rural a través de varias iniciativas. Por ejemplo, el TDA 5G Rural, un proyecto de implantación de la tecnología 5G que permite validar los modelos de desarrollo en el ámbito rural, así como validar casos de usos relevantes en cuanto a actividad económica. También desde hace dos años colabora con la Generalitat y las entidades del territorio rural en el proyecto de Áreas 5G.