Ágora

Rutas de larga distancia

Mejor que recuperar la normalidad trabajemos desde lo que somos y lo que sabemos hacer, para un equilibrio social real, solidariamente, generando marcos de confianza y buscando amplias bases de consenso

Trabajador en el taller TEB para personas discapacitadas.

Trabajador en el taller TEB para personas discapacitadas.

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El único psicólogo que ha ganado un Nobel de economía, Daniel Kahneman, demostró, junto con Amos Tversky, que no somos tan racionales como creemos en la gestión del riesgo. En entornos de incertidumbre solemos calcular muy mal las probabilidades. Nos vemos afectados por la existencia de ángulos ciegos en la toma de grandes decisiones vitales, empresariales, económicas...

Que la actual crisis esté resultando muy dura para las personas y las empresas no quita que tengamos que continuar repensando y redefiniendo. Ahora, sometidos a la existencia de unos ángulos ciegos aún más amplios, resulta fácil sucumbir a actitudes reactivas o dejarse arrastrar por corrientes engañosas. El 'ahora tenemos otras prioridades' no nos llevará demasiado lejos. Pensamos en las aves migratorias que recorren miles de kilómetros sometidas a todo tipo de inclemencias. Se adecuan a las circunstancias desviando su ruta. Incansablemente, sin embargo, siempre terminan retomando el rumbo. Ser flexible y al mismo tiempo tenaz, fiel a unos principios, es imprescindible si queremos no solo sobrevivir, si pretendemos aún lograr nuestra misión y el desarrollo de nuestros valores.

Las empresas de la Economía Social no estamos en absoluto exentas de los embates de la historia y sufrimos las actuales turbulencias como todo el mundo. El grado de esfuerzo de nuestros equipos para cada unidad de producción de bienes y servicios es ahora necesariamente más alto y más intenso que hace un tiempo. La incertidumbre hace de las suyas y nos va dejando enigmas por los rincones oscuros del día a día.

Con todo, y aplicando mucha creatividad, nos mantenemos firmes en la convicción y el trabajo por un mundo en constante reconstrucción. No, no nos referimos a una recreación post-covid que sirva para viajar atrás en el tiempo. No. Continuamos trabajando con la misión de contribuir a la transformación social para el bien común a través de la acción de la empresa y de las personas que la formamos.

La actual crisis está resultando terreno abonado para la empresa altamente digitalizada. No sabíamos que llegaría una pandemia, pero éramos muy conscientes de la importancia estratégica de digitalizarnos. Los deberes bien hechos facilitan la adaptación en entornos que cambian bruscamente.

Pero la digitalización no será, en el listado de los deberes pendientes, el ítem más relevante para un mundo que pueda ser más justo y sostenible. Ejemplifica solo la importancia de no dejar para mañana lo que reconocemos como estratégico. Las empresas de la Economía Social investigamos, practicamos y proponemos realidades que, de extenderse y convertirse en estándares empresariales, podrían formar parte de la clave de bóveda en la construcción de nuevos, amplios y necesarios marcos de confianza: adecuamos la gobernanza de las empresas en la medida de lo humano, con democracias altamente participativas; generamos un elevado valor social a través de nuestra actividad; somos sostenibles en la gestión, con un elevado respeto y compromiso con el medio ambiente... Y, sobre todo, buscamos la coherencia entre la misión y los afectos de cada persona que forma una empresa y lo que esta lleva a cabo en su día a día para el bien de cada usuario o de cada cliente.

Ser flexible y al mismo tiempo tenaz, fiel a unos principios, es imprescindible si queremos no solo sobrevivir, si pretendemos aún lograr nuestra misión y el desarrollo de nuestros valores


En migración constante, nuestras organizaciones apuntalan aún más los canales de creatividad y se permiten ser mucho más flexibles. En todo momento, sin embargo, mantenemos la vista pendiente de unas brújulas que indican, nítidamente y sin temblar, un mismo destino. Es hora, ahora también y más que nunca, de dominar el arte de la combinación entre las luces de cruce y las de carretera, no sea que nos perdamos.

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No siento nostalgia. ¿Cómo puedo tener nostalgia de nuestro fracaso?, nos repetía Franco 'Bifo' Berardi en la última edición del VilaPensa. Quizá ya va siendo la hora de integrar aquello tan básico que hace 2.500 años nos dejó Heráclito, y es que no podremos volver a bañarnos por segunda vez en un mismo río. ¿Qué normalidad nos creemos que queremos recuperar? Este concepto está reñido del todo con la realidad fluida y cambiante del mundo. Mejor que trabajamos, desde lo que somos y lo que sabemos hacer, para un equilibrio social real, solidariamente, generando marcos de confianza y buscando amplias bases de consenso. Migramos en una ruta de larga distancia y no podemos dejar a nadie atrás.