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La hierba de la reina

El tabaco vuelve a estar en el centro de la polémica desde que se quiere ampliar la prohibición de su consumo en espacios abiertos. Es un buen momento para explicar cómo y por qué se popularizó en Europa

Un hombre fumando en una terraza, en Madrid.

Un hombre fumando en una terraza, en Madrid. / David Castro

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Prohibir fumar en las terrazas aunque exista distancia social. Esta es la propuesta lanzada como un globo sonda por el Ministerio de Sanidad a las comunidades autónomas. La medida se plantea con la doble finalidad de luchar contra el tabaquismo y frenar posibles transmisiones de covid-19, porque se ve que ahora se han dado cuenta de que fumar no es demasiado compatible con llevar mascarilla (de hecho, para algunos parece que tampoco lo es hablar por móvil, a juzgar por lo visto por las calles, pero eso ya es otro tema). Menos mal que el tabaco ahora se inhala, porque cuando llegó a Europa se esnifaba, con los consecuentes estornudos posteriores.

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La relación entre la humanidad y el tabaco da para varios artículos como este. Si en vez de ser un texto escrito por un historiador el autor fuera un botánico, posiblemente lo primero que diría es que el nombre de la planta es Nicotiana Tabacum. La bautizó así el padre de la taxonomía moderna, el sueco Carl Linneo en 1753. Y lo más curioso es que escogió el nombre teniendo en cuenta la historia de este vegetal que provoca encendidos debates hoy en día.

La alta sociedad

Esto ahora, porque entonces tenía tan buena prensa que su introductor en la alta sociedad se ganó el derecho de pasar a la posteridad. Su nombre era Jean Nicot. Nacido en Nîmes en 1530 y diplomático de profesión, a los 29 años era el embajador de Francia en Portugal. En el jardín de su residencia de Lisboa se dedicaba a plantar lo que entonces eran plantas exóticas que le hacían llegar desde varios puntos. Las semillas de la tabaquera, por ejemplo, procedían de un comerciante de Flandes.

En esos tiempos, más allá de su función decorativa, del tabaco también se valoraban las propiedades medicinales. Se decía que las hojas trituradas y convertidas en polvo iban muy bien para las jaquecas (se ve que no se preocupaban tanto por los efectos secundarios como nosotros con las vacunas).

Para el rey francés

Precisamente, dio la casualidad de que en aquellos tiempos en la corte de Francia todo el mundo iba de cabeza intentando encontrar un remedio para calmar las migrañas del nuevo rey, Francisco II, que en 1559 había sido coronado con solo 15 años a raíz de la muerte de su padre. Cuando Nicot tuvo noticia de la cuestión, decidió enviar polvo de su tabaco a la reina madre, Catalina de Médicis, que lo administró a su hijo. La cosa surtió efecto y a Francisco II le desapareció el dolor. Catalina estuvo tan contenta de ver la mejora de su primogénito que quiso recompensar el embajador de Portugal con un premio en metálico y nombrándolo señor de Villemain, una pequeña localidad situada al este de París.

El diccionario de Nicot

Aunque su nombre ha quedado asociado al tabaco para siempre, aparte de diplomático Jean Nicot era un gran erudito y amante de la lengua. Fruto de su pasión, publicó varios textos sobre la cuestión, entre los que destacan un diccionario latín-francés y el ‘Tesoro de la lengua francesa', del que se hicieron varias ediciones a lo largo del siglo XVII.

Evidentemente, el hecho de que el rey curara su migraña esnifando polvo de tabaco fue la mejor publicidad posible para la popularización de su consumo, porque no había mayor ‘influencer’ que la familia real. Cuando sus majestades vestían, comían, bebían, bailaban... eran observados con lupa por toda la corte y cada vez que adoptaban algún nuevo hábito o moda, los miembros de la aristocracia corrían a imitarlo.

Un homenaje

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Esta es la razón que explica que durante mucho tiempo en Francia el tabaco fuera más conocido como la hierba de la reina o la hierba de Nicot. El nombre perduró hasta el siglo siguiente y esto hizo que cuando Linneo decidió dar un nombre científico en latín a todos los animales y plantas que conocemos, pensó que lo más lógico era homenajear el embajador aficionado a la botánica.

Al estudiarse con más profundidad el funcionamiento de la planta, se bautizó como nicotina uno de los alcaloides presentes sobre todo en las hojas del tabaco. Esta sustancia actúa como autodefensa contra los insectos, ya que para ellos es venenoso. En cambio a los mamíferos, o sea a los humanos, les causa adicción. Una de las más difíciles de superar, según los especialistas en el tema. Esto ayuda a entender que a partir del siglo XVIII su consumo se popularizara tanto que en localidades como Sóller (Mallorca) incluso tuvieron que prohibir explícitamente consumirlo dentro de la iglesia a pesar de las protestas de los feligreses. Cada época tiene sus templos.