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¿Por qué el Brexit amenaza las giras del pop británico?

El Reino Unido es la primera potencia europea del pop, pero su marcha de la UE complica la proyección de sus artistas en los escenarios continentales. Documentación enrevesada que encarece los ‘tours’ y complica la vida a las bandas de salas y clubs, particularmente en España, y restricción legal del cabotaje, es decir, del número de paradas que un tráiler puede realizar al salir del Reino Unido, añaden una capa más de niebla a un sector castigado por la pandemia. 

El cantante británico Louis Tomlinson, exmiembro de One Direction, en un concierto en la sala Razzmatazz de Barcelona, el 9 de marzo de 2020.

El cantante británico Louis Tomlinson, exmiembro de One Direction, en un concierto en la sala Razzmatazz de Barcelona, el 9 de marzo de 2020. / Ferran Sendra

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No todos los males vienen del covid-19: de hecho, la pandemia, con la suspensión de las giras internacionales, ha provocado que este efecto del Brexit quede aletargado, atendiendo a aquella leyenda de que el mejor modo de ocultar un problema es que entre en escena otro peor. Pero la futurible remontada de la música en vivo planeada para 2022 mira al Reino Unido de reojo con cierta preocupación. Y antes que eso, con la vista puesta en este verano, los audaces festivales de pequeño formato que se propongan traer a un artista británico deberán afrontar pagos y engorros que no existían antes del pasado 1 de enero.

La conversión de los isleños en extracomunitarios los coloca de repente ante la ventanilla que expide los permisos de trabajo. Ahí, cada miembro de la UE opta por una receta distinta, y la española resulta ser la más dura: ofrece una exención de ese permiso si se trata de una visita para un máximo de cinco días seguidos de trabajo (cinco conciertos), o bien de veinte bolos repartidos en un período de entre tres y seis meses, y la mala noticia es que cuesta 232 libras (267 euros) por persona embarcada en el ‘tour’. Ese requisito coloca a España en el grupo de países más exigentes, junto con Portugal, Bulgaria y Croacia.

Tan caro como el caché

Puede parecer un monto asumible para muchos artistas, y lo es si pensamos en los que llenan estadios, pero no tanto para la liga de las salas medias y los clubs, como hace notar Albert Salmerón, presidente de la APM (Asociación de Promotores y Managers). “Una gira de clubs puede suponer mover a entre ocho y veinte personas, entre músicos, técnicos y ‘tour manager’, y si haces la multiplicación te sale una cifra que puede equivaler o superar al caché del artista”, observa, pensando en “bandas que venden 300, 400 o 500 entradas” (y cuya contratación puede oscilar entre los 1.000 y los 6.000 euros).

Ya lo apuntó semanas atrás Elton John cuando alertó de ese peligro en ‘The Guardian’, subrayando que no hablaba por él, sino por los artistas recién salidos del cascarón, a los que girar por Europa les haría “no solo tocar mejor, sino escribir mejores canciones”. Las figuras del mañana, a las que hace mucho bien bregarse ante auditorios extraños.

A los promotores les alivia que, por ahora, los artistas puedan mantener el alta en la Seguridad Social británica, si bien sus tributos en España por los conciertos realizados ya no serán del 19%, sino del 24%. Una traba más a la que hay que añadir otra menos tangible, y que tiene que ver con la enrevesada burocracia y los plazos largos con que se mueven actualmente embajadas y consulados, incompatibles con la urgencia y la improvisación que rigen a veces el fichaje de una banda por un festival.

Un país exportador

En dirección inversa, y buscando la reciprocidad, el Reino Unido facilita las cosas a los músicos continentales, si bien el proceso es complejo. “El propio servicio de Inmigración recomienda estar bien asesorado, y conviene recurrir a un servicio jurídico para tramitar el permiso”, advierte el abogado Manuel Ángel López, director de Sympathy for the Lawyer, despacho que trabaja para la federación EsMúsica. “Pero el Reino Unido es exportador de música en Europa y ahora se encuentra con una barrera importante, sobre todo en un país, España, que está en el podio de los más atractivos para las bandas británicas”.

Entretodos

A este embrollo hay que añadir otro obstáculo surgido del Brexit: el fin del movimiento ilimitado por la UE de los tráileres británicos, que a partir de ahora ven reducidas a un máximo de tres las paradas continentales, tras las cuales deberán volver a casa. Un golpe para una industria del transporte asentada en Londres que lleva décadas moviendo montajes de producción de los astros pop por toda Europa. Esta restricción, que afecta sobre todo a los artistas de grandes recintos, complica la logística establecida y puede llegar a precipitar el traslado de esa sede central a otro punto del continente.

Carta al Gobierno

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En el Reino Unido toman conciencia del lío, que afecta a un sector tan potente, transmisor de orgullo nacional, como es el musical. “Hemos recibido mensajes de agentes y managers británicos pidiéndonos colaboración”, revela Albert Salmerón. La APM ultima cartas dirigidas al Gobierno (a Presidencia, Cultura y Asuntos Exteriores). Pino Sagliocco, presidente de Live Nation España, invoca la grandeza humana para negar que esto vaya a ser el acabose. “Dentro de un año volverán a arrancar los grandes conciertos y estos serán problemas burocráticos que se resolverán, porque la música no tiene fronteras y no se puede frenar”, confía sin titubear.

Es cierto que el tiempo extra concedido por la pandemia juega a favor. “Las giras han pasado del 2021 al 2022”, recuerda un Manuel Ángel López no ajeno al humor negro. “Y creo que para entonces tiene que haber una evolución… a mejor, o a peor”.