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Gitanos: la historia pendiente

Ahora que todo el mundo se llena la boca de la lucha contra el racismo vale la pena recordar el trato que ha recibido el pueblo gitano desde tiempos inmemoriales.

Acto conmemorativo del Día Internacional del Pueblo Gitano en Barcelona, en 2018.

Acto conmemorativo del Día Internacional del Pueblo Gitano en Barcelona, en 2018. / Carlos Montañés

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Estos días la prensa se hace eco de un nuevo caso de racismo en el fútbol que se produjo durante el partido entre el Cádiz y el Valencia. La víctima es el jugador francés Diakhaby. "Negro de mierda" habría sido el insulto proferido contra él por Juan Cala, que niega los hechos. Parece como si España hubiera descubierto el racismo hace cuatro días y que los más atacados sean las personas negras. Nada más lejos de la realidad. Los grandes olvidados, los más estigmatizados y perseguidos han sido los gitanos, que hace 500 años que sufren un racismo tan estructural que ni nos damos cuenta de que existe.

Las primeras personas de origen gitano llegadas a la Península cruzaron los Pirineos a mediados del siglo XV, procedentes de la India, después de recorrer Asia Menor y Europa, donde según la historiadora Sarah Carmona habrían luchado como mercenarios para diferentes ejércitos.

En los territorios peninsulares los problemas comenzaron pronto. Los Reyes Católicos ya hicieron leyes para controlarlos y asimilarlos. El objetivo era que dejaran de utilizar su lengua, abandonaran su manera de vestir tradicional y establecieran residencia fija.

Durante el siglo XVI, al faltar remeros para los buques de guerra se instauró la pena de galeras contra los gitanos. No importaba que tuvieran familia y oficio. Eran detenidos y tratados como esclavos o delincuentes. 'Chusma' era el nombre que recibía aquel grupo humano heterogéneo obligado a remar y de ahí que el término ahora tenga una connotación negativa.

Mandarlos a galeras significaba condenar sus familias a la miseria porque con la detención del hombre muchos hogares perdían la principal fuente de ingresos. En consecuencia aún incrementaba más el nivel de estigmatización de los gitanos, que eran vistos como mendigos y delincuentes, cuando en realidad el propio poder que los perseguía era quien los había conducido a esa situación.

En 1610 se llegó a plantear la posibilidad de expulsarlos como se había hecho con los judíos y los moriscos, pero el país había sufrido una peste que lo había dejado tan diezmado demográficamente que la operación se descartó. Sin embargo la idea continuó siempre presente. Lo peor aún estaba por llegar.

En 1745, ya con los Borbones en el trono, se estudió enviarlos a las Américas igual que había intentado Portugal, pero se desestimó al ver el fracaso del operativo vecino. Finalmente se optó por la llamada Gran Redada de 1749, que no era otra cosa que un proyecto de exterminio.

Se ocupó de ello el marqués de la Ensenada, que preparó un minucioso dispositivo. Con el padrón como referencia, el Ejército fue casa por casa. En total 9.000 personas, entre ellas muchas de matrimonios mixtos formados por gitanos y no gitanos, terminaron entre rejas.

Así como la detención había sido muy planificada, la logística posterior fue un desastre. No se sabía qué hacer con esa gente. Fueron abandonados en las prisiones, causando desde motines hasta epidemias. Finalmente los hombres fueron destinados a construir los nuevos barcos de flota borbónica.

La peor parte se la llevaron las mujeres, que no se sabía qué destino darles. Las más afortunadas fueron las valencianas, que fueron liberadas progresivamente. En cambio en lugares como Plasencia, Toledo y Málaga el problema se enquistó. En 1751 Ensenada las embarcó hasta Tortosa y, desde allí, fueron trasladadas a Zaragoza.

El historiador Manuel Martínez ha investigado el periplo de aquellas pobres mujeres que en muchos casos iban acompañadas de sus criaturas y destaca su capacidad de resistencia y organización para hacer frente a las autoridades.

El episodio se prolongó hasta el 1765, cuando Carlos III concedió el perdón a todo el mundo detenido el 1749. El daño ya estaba hecho. Los que no habían muerto habían perdido sus bienes y no los pudieron recuperar.

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Si al llegar hasta aquí está leyendo con la boca abierta, bienvenido. Esto también es historia de España. ¿En cuántas escuelas se explica este episodio? ¿En cuántas se habla de la historia de los gitanos? Preguntas ideales para el Día Internacional del Pueblo Gitano.

Una sede de Gobierno que fue una prisión

El lugar de detención donde fueron trasladadas las gitanas en Zaragoza durante la Gran Redada fue la Casa de la Misericordia que, desde 1983, es la sede del Gobierno autonómico de Aragón. No fue hasta 2019 que se colocó una placa conmemorativa para recordar en el lugar de los hechos aquel intento de exterminio totalmente olvidado por la historia oficial.