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Un canal en Suez, una plaza en Barcelona

Hay un hilo de la historia que une Barcelona con el canal de Suez. Un nombre que ahora se asocia con los problemas de tráfico de la ciudad.

Retrato del exdiplomático y Duque de Suez Ferdinand de Lesseps

Retrato del exdiplomático y Duque de Suez Ferdinand de Lesseps / Archivo

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El Canal de Suez se ha atascado. Ironías de la historia, en Barcelona uno de los puntos donde siempre hay problemas de tráfico (terrestre) es la plaza Lesseps, que debe su nombre al empresario que promovió la construcción de aquella infraestructura: Ferdinand de Lesseps.

Ahora bien, si su nombre aparece en el nomenclátor de la capital catalana no es por Suez sino porque durante una época vivió en Barcelona. Nacido en Versalles en 1805, se dedicó a la carrera diplomática al igual que ya había hecho su padre. Fue destinado a Lisboa, Túnez, Alejandría y El Cairo. Fue allí donde tuvo la idea de abrir una vía marítima que conectara el Mar Rojo con el Mediterráneo. Gracias a ello los barcos ya no deberían bordear todo el continente africano y ahorrarían tiempo y dinero.

El proyecto, sin embargo, quedó aparcado porque fue trasladado a Rotterdam y luego a Málaga. En 1842 fue nombrado cónsul en Barcelona, justo cuando la ciudad estaba literalmente sublevada contra Madrid. La política librecambista del gobierno perjudicaba la industria catalana y esto provocaba la pérdida de muchos puestos de trabajo. Fue la chispa que hizo estallar una protesta que se había ido incubando fruto del descontento generalizado por decisiones como las quintas forzadas para hacer el servicio militar.

El 3 de diciembre de 1842 la gente salió a la calle y ante la presión popular, el ejército tuvo que refugiarse en el castillo de Montjuïc. Entonces el capitán general Antonio Van Halen ordenó bombardear la ciudad. En un solo día la artillería disparó 1014 proyectiles, destruyó 462 edificios y causó una treintena de muertos.

Ejerciendo sus funciones de diplomático, Lesseps atendió la colonia francesa residente en Barcelona, pero además ayudó a todo aquel que pudo, hasta el punto de interceder ante los militares para conseguir la liberación de manifestantes encarcelados y negociar la rebaja de las sanciones económicas que el gobierno español había impuesto a la capital catalana como represalia.

En 1848 Lesseps fue promocionado y ascendido a embajador en Madrid, de donde pasó a Roma. Allí abandonó la carrera diplomática y pasó al sector privado. Fue entonces cuando recuperó el viejo proyecto de Suez y, aprovechando sus contactos, obtuvo la concesión oficial para construirlo. Después de diez años de obras, en 1869, se inauguró el canal. Lesseps se hizo rico y además adquirió mucho prestigio. El hecho de que Napoleón III lo nombrara Duque de Suez aún lo hizo más famoso.

El exdiplomático se dio cuenta de que hacer grandes obras públicas podía ser un gran negocio y proyectó varias: un túnel bajo el canal de la Mancha, una red ferroviaria en Asia, una línea de tren que uniera el Atlántico y el Índico cruzando el Sahara... de todas las ideas sólo cuajó una: el Canal de Panamá. La idea era la misma que en Egipto. Construir un punto de conexión entre océanos en América Central.

Surgió un pequeño contratiempo. Las obras se encarecieron más de lo previsto. Para afrontar los gastos se abrió una suscripción popular. El problema fue que se desvió una parte de las donaciones para sobornar periodistas y políticos con el objetivo de que apoyaran la compañía constructora ya que no se querían desbloquear fondos públicos.

Aquello fue un escándalo mayúsculo que provocó la bancarrota de la empresa, la ruina de miles de pequeños accionistas y sentó en el banquillo a Lesseps, su hijo, algunos de los trabajadores -entre ellos el ingeniero Gustave Eiffel- y varios políticos franceses. El juicio se celebró en 1893 y Lesseps fue condenado a cinco años de prisión que no tuvo que cumplir debido a su avanzada edad y a los problemas de salud que padecía. De hecho, murió en diciembre de 1894, a los 89 años.

Esta última etapa de su vida no fue impedimento para que en 1895 Barcelona rebautizara la plaza de los Josepets con su nombre como homenaje póstumo.

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