Políticas públicas y cuidados

Dolors Comas d'Argemir: "No queremos ver la vejez asociada a la decrepitud"

La pandemia ha expuesto con crudeza los retos del sobreenvejecimiento. El ciclo sobre Envejecimiento y Necesidades de Cuidado expone sus conclusiones y presenta la red ciudadana La Cura al Centre. La catedrática de Antropología Social e investigadora sobre políticas públicas de cuidados con perspectiva de género participa en esta sesión organizada por el Observatori Social de la Fundació la Caixa. La charla junto a Sílvia Bofill tendrá lugar el jueves día 25, a las 18.30 horas. Será de forma presencial en el Palau Macaya (inscripciones en la web del Palau Macaya) y también podrá seguirse en línea.

La antropóloga y exdiputada, Dolors Comas d’Argemir

La antropóloga y exdiputada, Dolors Comas d’Argemir / Jordi Cotrina

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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Mayores, viejos, ancianos, tercera edad… ¿Por qué tantas palabras para definir esta etapa vital?

Añado otra: abuelos.

¡Cierto!

Es una etapa que nos acerca al final de la vida, donde hay decrepitud física y a veces pérdida de facultades cognitivas. Nos cuesta confrontarla y seguramente por eso no la sabemos nombrar. 

Es una visión muy negativa.

Hablo del sobreenvejecimiento del envejecimiento. Vivimos cada vez más años y esta longevidad va asociada a una cuarta edad. 

La pandemia es una oportunidad para hablar de los límites de la vida. ¿La estamos aprovechando?

No, es un tema que rehuimos. No abordamos qué queremos hacer al final de nuestras vidas y tampoco que la muerte es parte de la vida. Yo misma formo parte de estos viejos jóvenes con hiperactividad y buena salud y no lo abordo. No afrontamos ni nuestra vulnerabilidad ni el papel que la sociedad le da a la vejez.

"Ocultamos la vejez y además con la pandemia ha habido edadismo, es decir discrimación por edad"

¿Qué papel le damos?

La ocultamos y además con la pandemia ha habido edadismo, es decir discriminación por edad. Se ha tenido una actitud paternalista hacia las personas mayores y se las ha discriminado en el acceso a los servicios sanitarios. Me pregunto si hubiéramos reaccionado igual en el caso de que la pandemia hubiera afectado a la infancia.

¿Y qué se responde?

Prefiero no responder. El 72% de las muertes en la primera ola fueron en residencias. ¿Por qué se ha descuidado tanto el sector residencial? No queremos ver la vejez asociada a la decrepitud y las residencias, que son necesarias, sirven para tapar ciertas situaciones. 

La inmensa mayoría de personas no quieren ir a una residencia.

No quieren, las llevan. Cuando una familia opta por esta solución es porque no puede más y esto está relacionado con el sobreenvejecimiento. En la cuarta edad se necesitan cuidados durante más tiempo y con más intensidad y complejidad. Es muy difícil mantener en casa una persona con Alzheimer. 

Califique muy brevemente los siguientes modelos de cuidados: el modelo residencial actual.

Es mejorable.

El 'cohousing' sénior o viviendas colaborativas para la vejez.

Muy bueno pero muy caro.

Las unidades de convivencia con pocos usuarios.

Parece que hay un consenso político para potenciar este modelo, junto con el aumento de los servicios de asistencia domiciliaria.

"Un buen cuidado requiere explotación o bien es muy caro y hemos optado por la explotación"

¿Y no es muy caro también?

Es más caro que el actual. Un buen cuidado requiere o bien explotación o resulta muy caro. Y nuestro país ha optado por la explotación. ¿O es que a las personas que cuidan en casa les pagamos bien? ¿Las tenemos aseguradas?

El último modelo es el de las superislas sociales, que concentran los servicios de atención a la dependencia en los barrios.

Es un modelo a explorar y a potenciar, porque posibilita estar el máximo tiempo en tu casa y potenciar el entorno comunitario.

Usted ha sido concejala y diputada. Sabe que, sin dinero, todos estos modelos son papel mojado.

Una parte de los fondos europeos irán a la remodelación de las residencias para transformarlas en unidades de convivencia, pero la pregunta es muy pertinente. Si no hacemos ahora un cambio de modelo que sea satisfactorio no saldremos adelante.

¿Qué lo frena, dinero aparte?

Hace falta una mayor conciencia de que el derecho a ser cuidado no es un capricho, es un derecho. Tampoco es un problema individual o familiar, sino una cuestión social y política y como sociedad tenemos que responsabilizarnos.

"Hay que potenciar las masculinidades cuidadoras, la entrada de los hombres en empleos relacionados con cuidar"

Mientras, siguen las listas de espera.

 El sistema actual no protege a los más vulnerables. Se juntan una injusticia de género (porque es un tema que afecta más a las mujeres tanto como usuarias como cuidadoras) y una injusticia social cuando para una plaza pública tienes que esperar 4 o 5 años. 

Se habla de modelos de futuro pero no se solucionan los déficits de la ley de dependencia.

Esto es responsabilidad política. Una cosa son los proyectos, pero la realidad la tenemos ya. Hay sobrecarga en las familias, se han eliminado servicios y no se mejoran las condiciones de trabajo. Y esto es lo más urgente.

¿La atención a la vejez dependiente debería ser pública?

Puede haber colaboración público-privada, pero hay que evitar que sea un negocio lucrativo.

¿Igual que se hacen campañas para que las mujeres estudien carreras tecnocientíficas, por qué no se promueve que los hombres se formen en los cuidados?

Hay que potenciar las masculinidades cuidadoras, la entrada de los hombres en empleos relacionados con cuidar, y no solo a los pequeños, que es lo que tiene glamur. Pero la precarización de los trabajos vinculados al cuidado y una cuestión más cultural de que los hombres no se han socializado para cuidar actúan como freno. 

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Parece que cuidar sea poco masculino.

Hay hombres que cuidan, pocos, pero son muy invisibles. Es necesario dar valor a cuidar. Si no cuidamos, no hay vida.