Entender + la industria agroalimentaria

Así ha cambiado la pandemia nuestros hábitos alimentarios

La pandemia, por lo que ha supuesto de cambio de hábitos de los consumidores, obligados a comer más en casa, ha impacto en el sector agroalimentario y ha acelerado algunas tendencias de futuroPablo de la Rica, gerente del área de Retail Knowledge de AECOC; Samantha Álvarez, profesora en la Facultad de Medicina i Ciències de la Salut de UIC Barcelona; y Joan Ripoll, profesor de la UAO CEU, analizan el presente y el futuro de esta industria estratégica.

Un carro de la compra lleno en un supermercado de Barcelona.

Un carro de la compra lleno en un supermercado de Barcelona. / DANNY CAMINAL

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La industria agroalimentaria es una pieza clave en la economía española, amén de un elemento dinamizador y vertebrador del territorio, especialmente de la España rural. El sector de la alimentación será, además, uno de los protagonistas de este milenio. En España, la pandemia ha actuado de acelerador de tendencias que ya despuntaban, como el interés por una dieta más saludable, y ha roto barreras para el ‘e-commerce’. Los frescos, en este sentido, también se apuntan al carro


La ‘nueva nueva’ normalidad

Pablo de la Rica. Gerente del área de Retail Knowledge de AECOC

La perífrasis 'nueva normalidad' hizo fortuna en las primeras semanas de la pandemia. Ansiábamos volver a hacer vida en las calles y recordar ese encierro como un breve paréntesis. Con el paso de los meses parece claro que el sentido nostálgico de la nueva normalidad va perdiendo el sentido, especialmente para sectores tan impactados como el de la alimentación, que hace tiempo que trata de visualizar cómo será lo que podríamos denominar como su ‘nueva nueva’ normalidad. 

Desde el principio del estado de alarma se fraguó un fenómeno que ha transformado el sector de la distribución alimentaria: la eclosión de la venta 'on line’. Antes de la pandemia, no representaba más del 2% del negocio de la distribución y con el confinamiento saltó al 3,5%. Los porcentajes pueden parecer bajos, pero la realidad es que las restricciones a la movilidad y el miedo al contagio llevaron el 'e-commerce’ de gran consumo a niveles previstos para dentro de cuatro años

Cada vez más clientes incluyen verduras, carnes y pescados en sus cestas virtuales

El confinamiento rompió barreras para el ‘e-commerce’ en alimentación. No solo por la cantidad de hogares que tuvieron una primera experiencia y que repetirán, sino también por el crecimiento de los frescos. El ‘on line’ sigue siendo un canal donde predomina la compra de carga y de productos no perecederos, pero cada vez son más los que se animan a incluir verduras, carnes y pescados en sus cestas virtuales, lo que puede llevar las compras de alimentos por internet a un nuevo nivel. En este nuevo contexto, el ‘e-commerce’ ya no es una opción para la industria de la alimentación, sino una obligación.  

Un empleado con mascarilla y guantes en la sección de frutas y verduras de un supermercado en Madrid, en marzo del año pasado.

/ EFE/Rodrigo Jiménez

La pandemia también ha actuado de acelerador de tendencias que ya despuntaban. La primera, íntimamente relacionada con el covid-19, es la preocupación por la salud. Los datos de AECOC Shopperview nos indican que el 62% de los consumidores se han propuesto tener una dieta más saludable en este 2021, lo que se traduce en más consumo de productos frescos y ecológicos

Uno de cada cuatro consumidores reconoce que ha reducido su consumo de carne

Este cambio tiene como consecuencia una creciente modificación de la dieta. Uno de cada cuatro consumidores reconoce que ha reducido su consumo de carne y que ha aumentado la presencia de otras proteínas en sus hábitos alimentarios. Crecen opciones como la dieta flexitariana y la carne está reubicándose como un producto de consumo puntual, para momentos de disfrute. 

El otro gran cambio es el auge de la sostenibilidad. Ligada con la proximidad -seis de cada 10 consumidores prefiere productos de marcas locales-, pero también con los valores de las empresas. Casi un 40% de los consumidores han dejado de comprar marcas que considera no sostenibles. La sostenibilidad es ya un compromiso ineludible.

Otras de las claves que configurarán el futuro de la alimentación es el auge de la personalización en las ofertas y los métodos de venta y el trabajo de las marcas por ofrecer cada vez más valor a precios más ajustados.  


Vaivén dietético al son de la pandemia

Samantha Álvarez. Profesora en la facultad de Medicina i Ciències de la Salut de UIC Barcelona

Frente a un confinamiento que para algunos consistía en salir a sacar la basura, pasear al perro y hacer la compra, mantener una rutina saludable se convirtió en todo un reto. Teniendo en cuenta que nadie estaba preparado para un contexto así, ¿cómo cambiaron nuestros hábitos? 

Diferentes encuestas indican que nuestros hábitos han ido variando sustancialmente durante este periodo. Por ejemplo, durante los primeros días del estado de alarma, el pánico se apoderó de la ciudadanía y productos como los no perecederos, bebidas alcohólicas y artículos de limpieza se volvieron tan esenciales que se agotaron. Esta tendencia fue disminuyendo al pasar las semanas: un no desdeñable 3% de los encuestados cambiaron su dieta a una mediterránea: frutas, frutos secos, legumbres, verduras frescas, pescado y aceite de oliva estuvieron entre los alimentos más consumidos.

Sin embargo, aumentó el consumo de carnes procesadas como hamburguesas o salchichas, así como 'snacks' y bebidas alcohólicas. Especialmente interesante es el consumo de alcohol, ya que las encuestas indican que al inicio del confinamiento su consumo subió casi un 17% . Esta tendencia, que también se observó en bebidas azucaradas, decreció considerablemente durante las siguientes semanas. El consumo de vino aumentó en un 3,1%

Una familia haciendo repostería casera, una práctica que se disparó durante el confinamiento.

/ EL PERIÓDICO

Las encuestas reflejan un aumento de la práctica de la repostería casera de un 4,3%

El pasar más tiempo en casa ha hecho que tengamos que cocinar más, lo cual ha podido ser beneficioso, ya que hemos podido ser más cuidadosos a la hora de escoger los alimentos que consumimos. Aunque esto también podría llegar a tener consecuencias negativas: las encuestas reflejan un aumento de la práctica de la repostería casera de casi un 4,3% con el consecuente aumento de consumo de alimentos ricos en azúcares y grasas saturadas.

Durante las primeras semanas, las redes sociales nos ofrecían todo un mundo de posibilidades para mantenerse activo y saludable, y muchas personas cambiaron sus hábitos de alimentación y empezaron a hacer ejercicio, pero después algunos de estos hábitos mutaron o se incorporaron otros no tan saludables. 

Es difícil mantener un balance adecuado ante una pandemia mundial que no afectará a todos por igual. Existen factores socioeconómicos, de salud mental y de desigualdades sociales que influyen en nuestros hábitos. No sabemos cómo nos afectarán a largo plazo los profundos cambios que estamos experimentando, pero sí sabemos que estamos expuestos a ellos y que nuestros hábitos son muy sensibles al entorno en el que se producen y que no necesariamente son voluntarios.  


Un sector dinamizador y vertebrador

Joan Ripoll. Profesor titular de la Universitat Abat Oliba. Grado de Empresa y Máster en Emprendimiento Sostenible en el Sector de la Alimentación y Bebidas de la UAO CEU

La industria agroalimentaria es el primer sector industrial de la economía española tanto en términos de contribución directa e indirecta a la actividad productiva del país (casi el 6% del PIB), como en términos de generación de ocupación (20% del empleo industrial); sin olvidar la notable capacidad exportadora de las empresas de mayor dimensión, dedicadas a la comercialización de productos alimentarios elaborados y bebidas, conservas vegetales y productos cárnicos. Además, su naturaleza anticíclica justifica la importante resiliencia durante los años de crisis (2007-2013), pero también en tiempos de pandemia.

A nivel global, el aumento de la población mundial, la escasez de recursos naturales, los retos que impone el cambio climático y la tensión entre oferta y demanda mundial de alimentos convertirán al sector primario y a la industria de la alimentación en protagonistas de este milenio.

Cestos de uvas recogidos por trabajadores de la Bodega Txabarri durante la vendimia el pasado septiembre.

/ Iñaki Berasaluce / Europa Press

La agroindustria española se caracteriza por la coexistencia de empresas de dimensión desigual. Por un lado, un número reducido de grandes empresas que ostentan una cuota de mercado significativa en determinados segmentos de la industria de la alimentación y bebidas, que focalizan su actividad entorno a los grandes centros de consumo urbanos. Por otro, una cantidad muy importante de pequeños y medianos productores, de carácter eminentemente familiar, que son mayoría y concentran su negocio en un entorno rural pues buscan la proximidad con los proveedores de materias primas.

El futuro pasa por la integración vertical y por crear una agroindustria 4.0 a partir de la transformación digital

Los retos de futuro pasan por reforzar el proceso de integración vertical de las diferentes actividades que componen el proceso de transformación de recursos naturales en productos primarios no elaborados (sector agropecuario) y su posterior transformación en alimentos que finalmente son distribuidos y comercializados (sector alimentario). Así, será posible explotar ciertas economías de escala, reducir los costes y optimizar las condiciones de financiación, aumentando el valor añadido de las empresas.

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Otro aspecto clave es la creación de una agroindustria 4.0 a partir de la transformación digital. La explotación del ‘big data’, la robótica, el internet de las cosas y el ‘blockchain’ han de mejorar la eficiencia y la gestión sostenible de las explotaciones, facilitando también la trazabilidad de la cadena alimentaria, la diversificación de la oferta productiva y su adecuación a los nuevos hábitos de los consumidores.

Estas singularidades hacen de la agroindustria un sector estratégico. No solo por su relevancia como dinamizador del crecimiento económico nacional. Sino, sobre todo, por su papel vertebrador y cohesionador de las zonas rurales más desfavorecidas, afectadas por el envejecimiento y la despoblación.