SALIDA VERDE DE LA CRISIS

Crisis económica y emergencia climática en 2021

En plena pandemia, el cambio climático sigue siendo la principal amenaza de la humanidad. Es urgente e imprescindible diseñar una estrategia de recuperación económica socialmente justa y libre de emisiones

Dos pancartas en la manifestación de ayer en Copenhague: «Justicia climática ahora» y « No hay planeta B».

Dos pancartas en la manifestación de ayer en Copenhague: «Justicia climática ahora» y « No hay planeta B». / AP / ANJA NIEDRINGHAUS

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2020 será recordado durante décadas como el año de la pandemia. La crisis sanitaria y económica llenaran los libros de Historia de un año que ha sacudido el mundo que conocíamos. Pero el virus irrumpió en una agenda política global que se proyectaba muy distinta y en la cual el cambio climático tenia un papel protagonista. Tenía que ser el año de la entrada en vigor de los acuerdos de París y su libro de reglas. El movimiento para la justicia climática crecía alrededor del mundo, protagonizando grandes marchas y con fuerte presencia en los medios de comunicación. Pero el curso de los acontecimientos dio un giro brusco cuando el covid empezó a llenar las páginas de la sección internacional. 

Hoy en día todos los países del mundo se centran en dominar una crisis sanitaria y económica sin precedentes. Se olvida a menudo que la emergencia climática no ha desaparecido y sigue más vigente que nunca. A finales de siglo el calentamiento global puede provocar una subida del nivel del mar de hasta 1,3 metros, una gran pérdida de biodiversidad, la fusión de enormes extensiones de hielo, sequías recurrentes y el aumento de ciertos fenómenos extremos en zonas de gran densidad de población humana. Por todo ello se estima que el año 2050 ya habrá unos 200 millones de personas refugiadas climáticas, ya sea por la desaparición de su territorio o porque sus modos de vida dejaran de ser sustentables.

Aprendizajes de la pandemia

La pandemia nos ofrece muchos aprendizajes aplicables a la lucha contra el cambio climático. Se ha evidenciado que cuando es necesario se pueden orientar todas las políticas de un país para la gestión de la emergencia. Que es posible movilizar gran cantidad de recursos públicos para una reestructuración económica y social. También se ha demostrado que hace falta repensar el modelo económico centrándolo en la importancia de las actividades esenciales, sostenibles y que pongan los cuidados en el centro. Lo que queda por ver es si esta experiencia nos valdrá en la lucha contra el cambio climático. 

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No es hasta finales de 2020 que hemos presenciado la reactivación de la agenda climática europea. El pasado otoño el Consejo Europeo aprobó una reducción de emisiones del 55% que se tendrá que cumplir en 2030, como paso intermedio a convertirnos neutros en carbono en 2050. Un reto tan monumental como necesario que se plantea a la vez que los planes de reactivación económica europea. La recuperación económica de los Estados miembros vendrá condicionada por la lluvia de millones que anuncia la Unión Europea. Serán 140.000 millones de euros a los que puede aspirar el estado español, la mayoría bajo la convocatoria de Next Generation. El rescate se anuncia bajo la mirada del European Green Deal, un amplio abanico de medidas que pretenden que empujar a Europa hacia la neutralidad climática.

Criterios más estrictos en las ayudas

Desgraciadamente será muy difícil que estas inversiones puedan contribuir a una economía baja en carbono si no se revierten unos procedimientos de concesión tan poco exigentes como transparentes. Harían falta criterios más estrictos, que aseguren el cumplimiento de indicadores sociales y ambientales. Con las propuestas vigentes, empresas contaminantes del sector fósil no tendrán problemas para solicitar financiación si le dan una buena pátina de 'greenwashing' al proyecto. También hace falta que estos fondos puedan llegar a la pequeña y mediana empresa y a la economía social y solidaria.

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La salida de todas las crisis del siglo XX ha comportado un fuerte repunte de emisiones de efecto invernadero como señal de la reactivación económica. Por eso es de extrema necesidad impulsar una transición ecosocial que nos desenganche de la adicción al combustible fósil. El contexto internacional es favorable a relanzar el multilateralismo climático tan dañado por Trump. Será también necesaria la voz fuerte y coordinada de los movimientos sociales que exigen acciones valientes para garantizar el futuro de las nuevas generaciones. En Catalunya numerosos colectivos se han organizado ya bajo el paraguas de la Xarxa per la Justícia Climàtica para recordarnos que es imprescindible dejar atrás el covid con un nuevo modelo económico socialmente justo y a la vez, libre de emisiones. 

La autora de este artículo forma parte de la Red de Científicas Comunicadoras de El Periódico.