Entender + la factura eléctrica

¿Miedo al recibo de la luz?

El debate sobre el precio de la electricidad en España vuelve a estar sobre la mesa después de que el año, a cuenta de Filomena, arrancara con una escalada en el mercado mayorista. Joan Miquel Piqué, economista y profesor de estrategia de EADA Business School; José Antonio Morán Moreno, director del Grado de Ingeniería en Tecnologías y Servicios de Telecomunicación de la UOC; y José Luis López, director de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) analizan la situación desde diferentes prismas.

Una usuaria comprueba la lectura del contador y las facturas.

Una usuaria comprueba la lectura del contador y las facturas. / Álvaro Monge

Se lee en minutos

La pandemia está introduciendo nuevos factores que hacen temer aún más el recibo de la luz: caída del nivel de ingresos de muchas familias y un mayor consumo al estar más tiempo en casa. El precio de la electricidad depende de la oferta y la demanda en cada momento, y si bien enero arrancó en máximos, a final de mes llegó a niveles mínimos. Aunque son muchas las familias que no pueden pagar el recibo, y más en la actual situación, ahorrar algunos euros es posible.

Madurez eléctrica

Joan Miquel Piqué. Economista y profesor de estrategia de EADA Business School

"En caso de altas temperaturas, ambientes muy secos, o vientos fuertes que amenacen las infraestructuras, puede ser necesario cortar los servicios eléctricos en interés de la seguridad. Esta situación se denomina Cortes Eléctricos para la Seguridad Pública. Prepárense para cortes del suministro eléctrico que pueden durar varios días". Este aviso, que parece salido de un 'show' distópico, es real y está en la página principal de la web de Pacific Gas and Electric (PG&E), una de las eléctricas más importantes de EEUU que da servicio al área de San Francisco, Silicon Valley y la mayor parte del norte de California; un Estado que, si fuese un país, sería la quinta economía del mundo. Si les gusta, bien; y si no, cómprense un generador eléctrico de emergencia por si acaso.

Y aquí nos quejamos, seguramente con toda la razón, que el mercado nos obliga a pagar la electricidad más cara de los últimos años, como sucedió a primeros de enero coincidiendo con Filomena, el mayor temporal de las últimas décadas. Con Filomena volvió la discusión sobre la factura de la luz. Sin embargo, en solo un mes, la electricidad bajó a niveles de mínimos

Torres de alta tensión en el barrio madrileño de Aluche.

/ Agustín Catalán

Sabemos que el consumo supone solo una parte de esa factura (una tercera parte); que con situación meteorológica adversa es más difícil producir la energía a partir de las fuentes más baratas (básicamente las renovables); que las fuentes de energías más caras (gas) están subiendo de precio a nivel internacional desde hace meses; y que con las bajas temperaturas aumenta la demanda. Dejamos al margen otras partes importantes de la factura (como el IVA, del 21%), y la conclusión es que, en condiciones extremas, seguimos teniendo un suministro razonablemente estable, pero más caro.

El fondo de la cuestión es que nos quejamos del principio más elemental de la economía: que el precio depende de la oferta y la demanda en cada momento. Como las gambas en Navidad.

Es del todo legítimo querer que los bienes y servicios más estratégicos, aquellos más vinculados a la salud y el bienestar, no dependan de las fluctuaciones de la oferta y la demanda. De los vaivenes del mercado. Que encender o no la calefacción no tenga que depender de un agente privado que tiene como único objetivo maximizar su beneficio. Pero eso implica que los gobiernos deberían estabilizar el precio y suavizar sus fluctuaciones, compensando los picos y aprovechando los valles de los precios. Y eso, en el fondo, significaría que acabaríamos pagando lo mismo, en factura o en impuestos. Bienvenido sea si eso implica que nadie tiene que preocuparse por como pagará la luz, pero quizá es tramposo quejarse solo cuando los precios suben.

Y ya de paso, la reflexión debería extenderse a saber lo que queremos y cómo pagamos eso que llamamos Estado del bienestar.  

Consejos para reducir el consumo

José Antonio Morán Moreno. Director del Grado de Ingeniería en Tecnologías y Servicios de Telecomunicación de la UOC

El consumo eléctrico es un elemento importante en la factura de los ciudadanos a final de mes. La situación generada con la pandemia del covid-19 ha transformado nuestro modelo de vida haciendo que pasemos mucho más tiempo en nuestros hogares, derivando nuestro ocio en muchos casos hacia la tecnología. La tormenta perfecta se genera cuando los fenómenos meteorológicos dejan al país en unas condiciones de frío extremo que lleva a los sistemas de calefacción a trabajar en condiciones excepcionales. 

Discutir sobre cómo funciona el sistema de regulación del precio de la electricidad es un tema que tiene poca utilidad para el usuario doméstico. En cambio, sí existen toda una serie de factores sobre los que podemos influir para reducir el consumo eléctrico, y que ahora que tenemos un poco más de tiempo libre conviene revisar y poner al día. 

El primer punto es ajustar la potencia contratada a las necesidades reales del hogar. En muchos hogares podemos tener una potencia contratada por encima de la necesaria. En estos casos, conviene hacer una estimación de la potencia que necesitamos sumando la potencia de los aparatos eléctricos del hogar. En caso de detectar que la potencia contratada es superior a la que necesitamos, reducirla y ajustarla a las necesidades reales supondrá un ahorro significativo

Una regleta con temporizador puede ayudar a adelgazar la factura eléctrica de los hogares.

/ EL PERIÓDICO

El segundo gran punto es optimizar el consumo de los dispositivos eléctricos y electrónicos de casa. Una alternativa a valorar es ir pasando progresivamente a una iluminación led, empezando por aquellas estancias donde pasamos más horas para tener más impacto en el ahorro. El ajuste de la calefacción es también un elemento clave, ya que por cada grado de menos podemos tener un ahorro de entre un 7 y 11%. Lavar la ropa a baja temperatura o desconectar antes las vitrocerámicas para aprovechar el calor residual son otras pequeñas acciones que pueden contribuir al ahorro. No cabe decir que aprovechar al máximo las energías naturales como la luz natural o el sol para calentar nuestra vivienda siempre que sea posible es la mejor forma de ahorrar

El ‘consumo fantasma’ puede suponer hasta un 10% en muchos hogares

Finalmente, el desconocido 'consumo fantasma' o en 'standby' también supone un porcentaje que puede estar alrededor del 10% en muchos hogares. Apagar los ordenadores y la tele cuando no se utilicen o poner alguna regleta con temporizador pueden ayudar a adelgazar la factura. Con una buena concienciación y pequeñas acciones podemos contribuir a un uso más eficiente de nuestros recursos energéticos.

Parches contra la pobreza energética

José Luis López. Director de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA)

A pesar de que la última actualización de indicadores publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica, con datos de 2019, mostrase una mejoría, la situación de la pobreza energética en España atraviesa un momento delicado. Primero el confinamiento y después el desempleo, el teletrabajo o los ceses de actividad han obligado a miles de personas a permanecer muchas más horas en sus hogares y a consumir más energía. Asociado a ello, además, muchas familias sufren una reducción considerable de sus ingresos, que se agrava aún más con los incrementos en el precio de los suministros de energía. Tenemos el cóctel perfecto para que el número de familias vulnerables crezca a una velocidad no deseada.

Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno amplió los requisitos de acceso al bono social eléctrico para cubrir, por ejemplo, a los autónomos que hubieran sufrido una importante pérdida de sus ingresos o a los trabajadores en ERTE. También estableció un primer periodo de moratoria frente a la suspensión de los suministros de energía y concedió la prórroga temporal hasta la finalización del anterior estado de alarma para los beneficios del bono social. Posteriormente se aprobó otra moratoria para proteger a los consumidores hasta la finalización del actual estado de alarma

Una vecina del Barri Gòtic en su casa con una estufa eléctrica.

/ FERRAN NADEU

Sin embargo, nos preocupa que, a pesar de todas estas iniciativas, no estemos viendo la realidad del problema. Las moratorias están impidiendo los cortes, pero no están resolviendo la deuda acumulada de miles de familias, incapaces de asumir el pago. El bono social está paliando la situación de una parte de las familias que lo perciben, pero es insuficiente para las más vulnerables y además, no está llegando todos las hogares que lo necesitan. 

Son necesarios mecanismos más sencillos para acceder al bono social eléctrico

Noticias relacionadas

Por ello, creemos necesario establecer mecanismos más sencillos para el acceso a esta ayuda, como se realiza en Portugal, que el bono social se aplica automáticamente a los beneficiarios. 

Asimismo, se debe hacer una apuesta decidida por medidas estructurales que aborden dos pilares fundamentales: los precios y la eficiencia energética de las viviendas. Por un lado, se debe evaluar y revisar el sistema de fijación de precios de la energía eléctrica, basado en un mercado marginalista que genera situaciones injustas. Por otro, se debe apostar firmemente por la renovación energética de las viviendas donde habitan las familias vulnerables. Estamos ante un momento de oportunidad en el que es posible utilizar parte de los fondos para una recuperación verde para mejorar la eficiencia energética de millones de viviendas, priorizando con criterios de vulnerabilidad. Esta medida protegerá la salud de las personas, contribuirá a abordar la lucha contra el cambio climático y aumentará la resiliencia de las familias frente a posibles cambios en los precios de la energía o en los ingresos.  

Temas

Electricidad