Entender + con la historia

Jeringa global

Primero aprendimos como se realizaba un ensayo clínico para una vacuna, luego vino el tema de la logística y las neveras y ahora es el turno de las jeringas

Un médico prepara una jeringa en una campaña de vacunación en Niza (Francia) el 24 de octubre del 2017.

Un médico prepara una jeringa en una campaña de vacunación en Niza (Francia) el 24 de octubre del 2017. / REUTERS / ERIC GAILLARD

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La humanidad vive un momento tan doloroso como fascinante. Desde hace un año, la vida de todos los individuos de nuestra especie está condicionada por un virus. Esto no es nada nuevo. Ha pasado decenas de veces antes. La diferencia es que ahora estamos asistiendo a la retransmisión en tiempo real de la investigación científica para hacerle frente. Somos testigos de la capacidad y velocidad de colaboración de los profesionales de todo el mundo en un esfuerzo conjunto sin precedentes. No somos conscientes de la grandeza de este hecho, que no había sucedido nunca.

Y en este curso acelerado de cultura científica que estamos haciendo entre todos, vamos descubriendo que cada elemento, por secundario que pueda parecer, tiene su papel imprescindible. Estos días le ha tocado el turno a la jeringa. Tan preocupados como estábamos con la vacuna, no nos habíamos parado a pensar en el instrumento que facilita su inoculación. Un utensilio que necesitó más de cien años para ser perfeccionado. Y eso que su mecanismo es sencillo: un émbolo dentro de un cilindro (que en griego se llama "syrinx" y de ahí el nombre del invento).

Existen algunas evidencias de que en el siglo IX, en la zona de Egipto, había médicos que extraían las cataratas con una herramienta similar. Ahora bien, para reconstruir la genealogía de la jeringa, el título de tatarabuela recaería en el modelo diseñado por Blaise Pascal en 1650, pensado para demostrar su teoría de los fluidos. Si se pregunta por la bisabuela, la respuesta variará en función de si responde un francés o un escocés. Aunque coincidirán en el año -el 1853- el primero dirá que fue el médico Charles Pravaz y, el segundo, que el mérito es para Alexander Wood. Este último también habría inventado la aguja hipodérmica, aunque algunas fuentes apuntan que sólo perfeccionó la invención del irlandés Francis Rynd. Él había tenido la idea de diseñar una aguja hueca por dentro para poder introducir el líquido bajo la piel.

Wood no utilizaba el término "hipodérmico" sino subcutáneo. El concepto fue creado poco tiempo después por el médico londinense Charles Hunter, que se especializó en el estudio y perfección de los sistemas de inyección. Las discusiones entre el inglés y el escocés sobre el tema fueron uno de los entretenimientos de las sociedades médicas británicas y posibilitó entender cómo se distribuían por el cuerpo las sustancias inyectadas. Entonces las jeringas eran metálicas o de cristal y se limpiaban más bien poco.

No fue hasta 1946 que se fabricaron las primeras unidades de cristal con émbolos intercambiables, lo que permitía una mejor esterilización. En aquellos momentos una de las funciones más habituales de la jeringa era inyectar penicilina. El problema era la obturación del conducto que, al ser de cristal, costaba mucho limpiar. Esto motivó que, hace 70 años, Charles Rothauser, un australiano de origen austríaco, dedicado a la fabricación de productos de plástico, creara un modelo de polipropileno.

Fue el último paso antes de utilizar las actuales jeringas desechables. Ahora bien, estos días hemos aprendido que no todas son iguales. Según explicaba este mismo diario, la mejor para la vacuna de Pfizer es la fabricada en Fraga por la compañía Becton & Dickinson (BD), que en 1961 ya patentó un modelo de usar y tirar.

Si BD tiene una planta en la demarcación de Huesca es por la insistencia de Manuel Jalón, que a pesar de ser ingeniero aeronáutico y militar de carrera, ha pasado a la posteridad por haber inventado la fregona. Lo que no es tan conocido es que, una vez hubo iniciado la producción de aquel maravilloso utensilio de limpieza reverenciado por nuestras espaldas, dedicó todos sus esfuerzos a perfeccionar el diseño de la jeringa para hacerla lo más resistente y eficiente posible.

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En diciembre de este 2021 hará una década de la muerte de Jalón. Valdría la pena que las autoridades pertinentes recordasen su figura, porque él también forma parte de la historia global de la jeringa, un invento, aparentemente modesto, que está ayudando a salvar millones de vidas.

¿Miedo a las agujas?

Si eres de los que no ha podido terminar de leer el artículo porque sólo de pensar en nuestra protagonista tienes escalofríos, quizás sufras belonefobia, que es el nombre técnico con el que los expertos definen el pánico a los objetos puntiagudos. Se llama así porque en griego antiguo "belone" significa aguja y "belos", flecha.