Entender + El cambio en EEUU

Relevo en la Casa Blanca

La presidencia de Donald Trump es historia. El próximo día 20 Joe Biden tomará posesión como el 46 presidente de los EEUU. Joan Ribas Tur, profesor de ESCI-UPF, José Mª Baldasano, catedrático emérito de Ingeniería Ambiental de la UPC, y Joan Manuel Batista-Foguet, director del Leadership Development Research Centre de Esade, analizan algunos de los retos que tiene por delante el nuevo mandatario estadounidense.

Joa Biden, en la convención del Partido Demócrata, celebrada en agosto en el Chase Center in Wilmington, tras ser nominado candidato a la presidencia de EEUU.

Joa Biden, en la convención del Partido Demócrata, celebrada en agosto en el Chase Center in Wilmington, tras ser nominado candidato a la presidencia de EEUU. / AP Photo/Carolyn Kaster

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La administración Joe Biden-Kamala Harris echa a andar oficialmente la próxima semana. En el despacho oval, a Biden le aguardan algunas carpetas vitales para el futuro de EEUU, como la gestión del covid-19, las guerras comerciales desatadas por su antecesor, Donald Trump, o la lucha contra el cambio climático.

Bajar la temperatura de las guerras comerciales

Joan Ribas Tur. Profesor de Economía y coordinador académico en ESCI-UPF

Donald Trump llegó a la presidencia de EEUU prometiendo 'America First', pero su lema implícito era 'America Alone'. Trump hizo de la guerra comercial uno de los ejes principales de su política. Su antecesor, Barack Obama, había dedicado el segundo mandato a trenzar dos grandes acuerdos de libre comercio. El primero, el TTP en el Pacífico, que tenía por objetivo contener a China, lo dejó acordado, pero Trump no lo ratificó. El segundo, el TTIP con la UE, del que Trump rompió las negociaciones para alivio de los países europeos, era una manera de potenciar el espacio trasatlántico y contener a Rusia. Ambos acuerdos intentaban compartir el coste con los socios tradicionales de EEUU, como la UE, Canadá o Japón.

Importanciones y exportaciones de EEUU

Hillary Clinton, contrincante demócrata de Trump en el 2016, tenía un programa bastante proteccionista. Trump dobló la apuesta de Hillary, repudió el legado de Obama y ganó con un programa muy nacionalista, que identificaba al resto del mundo, sobre todo a China, como la madre de todos los problemas de su país. Trump cumplió la promesa y se dedicó a atizar conflictos comerciales, con China como gran enemigo, pero no solo con China. Obligó a México y a Canadá a renegociar el NAFTA e inicio una guerra comercial con la UE.

Camiones en Tijuana, en la frontera entre México y Canadá

/ Guillermo Arias / AFP

Ahora, buena parte de los retos económicos más importantes de la administración Biden-Harris son en el ámbito de la economía internacional y la relación con el resto del mundo. Nunca como ahora coincidieron tanto los objetivos de política económica y de relaciones internacionales. EEUU no puede afrontar solo la mayor parte de problemas y muchos de estos no tienen solución sin una cooperación multilateral en la que esté EEUU. 

El primer reto de la política económica de Joe Biden es retornar a EEUU al liderazgo en la escena mundial

Por tanto, el primer reto de Joe Biden es retornar a EEUU al liderazgo de la economía mundial. Esto pasa por recuperar la interlocución con los socios tradicionales e inyectar energías renovadas al G-20. La lucha contra el covid-19 y el cambio climático son dos ejemplos paradigmáticos de bienes públicos globales y el retorno de EEUU a la OMS y al Acuerdo de París sobre cambio climático es muy importante. 

Si bien no cabe esperar que Biden promueva o apruebe a corto plazo nuevos tratados de libre comercio, se espera que baje la temperatura de las guerras y conflictos comerciales en marcha y que contribuya a revitalizar la Organización Mundial de Comercio y a desbloquear el mecanismo de resolución de diferencias.

No parece que el nuevo presidente vaya a ser un apóstol del multilateralismo

Trump no firmó el TTP y ahora, irónicamente en sus últimos días en la Casa Blanca, China ha acordado un tratado comercial con 14 países del Pacífico, incluyendo a Japón, Corea del Sur y Australia. Es un acuerdo que reúne a 2.200 millones de habitantes y un 30% del PIB mundial. Justicia poética. No parece que Biden vaya a convertirse en un apóstol del multilateralismo, pero tampoco que repita este tipo de errores no forzados.  

De Trump a Biden, el clima no espera

José Mª Baldasano. Catedrático Emérito de Ingeniería Ambiental de la UPC. Investigador del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)

A pesar de las claras señales de emergencia climática, Trump comentó hace unos meses: «No creo que la ciencia lo sepa, en realidad». El relevo presidencial será crucial para restituir el liderazgo ambiental de EEUU, que nació en 1970 con un presidente republicano.

Trump abandonó el Acuerdo de París al principio de su mandato, aunque se hizo efectivo el pasado 4 de noviembre. Joe Biden ha prometido que su país regresará ya. Las reglas del acuerdo fijan que un mes después de que un país lo pida está oficialmente dentro. Volver es simple. La cuestión es qué objetivos de reducción de emisiones adopta para el 2030, vital para mantener el aumento de temperatura por debajo de 1,5 grados. La segunda cuestión es cuál será el plan para cumplir esa meta, donde puede tener serias dificultades si los republicanos controlan el Senado con actitud de bloqueo.

El presidente electo ha prometido el regreso inmediato al Acuerdo de París. La clave serán los objetivos que se fijen

Biden ha anunciado una cumbre climática de las principales economías del mundo en los primeros 100 días de su mandato. Ha indicado una acción climática ambiciosa, con la promesa de llevar el país a cero emisiones para el 2050. Para ello necesita el apoyo del Senado.

Un grupo de ONG ha presentado un listado de acciones que Biden puede realizar de forma inmediata, como la declaración de emergencia climática. Las peticiones se centran en el freno a los combustibles fósiles, sector favorecido por la desregulación ambiental de Trump. Más de un centenar de normas han sido derogadas o rebajadas, apoyó la extracción de combustibles fósiles y frenó el endurecimiento de las limitaciones de emisiones de los coches.

Refinería cerca de la ciudad de Corpus Christi, Texas, EEUU.

/ Loren ELLIOTT / AFP

Michael Regan, futuro director de la Agencia de Protección Ambiental, si lo confirma el Senado, asume que «el cambio climático es el desafío más importante que enfrenta la humanidad». Heredará una agencia desmoralizada por cuatro años bajo el mandato de Trump, donde marcó a los científicos de la agencia y descartó la evidencia científica en un esfuerzo sin precedentes para reducir la legislación ambiental y de salud pública. El exsecretario de Estado John Kerry ejercerá de enviado climático, dirigiendo el esfuerzo para reintegrar al país al Acuerdo de París. 

El Acuerdo de París se ha mantenido a pesar de la retirada de Trump, aunque ha supuesto un lastre. Si Biden mantiene su compromiso de cero emisiones para el 2050, podríamos adentrarnos en un momento donde la política contra el cambio climático entrara en acción, juntamente con el resto de países, y dejara los discursos. Eso sería lo necesario, pues el clima no espera.  

Aprender de un liderazgo desvirtuado

Joan Manuel Batista-Foguet. Director del Leadership Development Research Centre de Esade

Miente 26 veces al día. Tilda de idiota al responsable de coordinar la emergencia sanitaria, y ya llevan más de 350.000 muertos. Se le detectan cuentas ocultas y se orgullece de no pagar impuestos en un país que solo pudo juzgar a Al Capone por delito fiscal. Critica al Colegio Electoral y nombra miembros exprés del Tribunal Supremo para obtener réditos. Y, aun así, Trump obtuvo 74 millones de votos. ¿Explican esto las teorías del liderazgo?

La Teoría Emocional entiende el liderazgo como una relación de sintonía entre el líder y quienes le apoyan. El líder es el gestor de las emociones grupales que propician un determinado ambiente social. Su papel es vital en épocas de cambios dramáticos e incertidumbre; debiera proporcionar visiones precisas de lo que sucede y entender el impacto emocional de los cambios en el ciudadano.

Donald Trump apura sus últimos días en la Casa Blanca.

/ OLIVER CONTRERAS / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

¿Y si en cambio el líder usa narrativas nostálgicas que idealizan el pasado y teorías conspiranoides que despiertan temores sobre un futuro amenazante? Sabemos que la emoción negativa es mucho más potente que la positiva y, además que aquella hace que el sistema nervioso simpático dirija nuestros pensamientos y reacciones. ¡Cuando la amígdala está al cargo no hay criterio!

La teoría del ‘e-leadership’ entiende el liderazgo como un proceso social de influencia, instrumentado a través de las tecnologías de la información, que persigue generar cambios en actitudes, sentimientos y conductas de individuos. Es patente como redes sociales y medios alternativos influyen en campañas y estrategias políticas para modular nuestra perspectiva de la realidad y en el cómo vemos al otro

Ambas teorías están pensadas para optimizar la efectividad del liderazgo, asumiendo integridad y escrutinio público de su capacidad de influencia. Pero las teorías son falaces si sus premisas son falsas ¿Qué ocurre si falla por ejemplo la integridad?

La historia demuestra que ante la inseguridad y la frustración tendemos a buscar al líder protector cuya retórica atenúe miedos. Si un líder aparenta coraje, dice lo que piensa y ofrece soluciones simples ¿qué necesidad tendrá de presentar con precisión los hechos en la era de la posverdad? Para transmitir su visión apocalíptica apuntará solo a emociones negativas que propicien confrontación. Sabe que su credibilidad y popularidad dependen solo de ser fiel a una narrativa, aunque los hechos la contradigan, y en ser coherentemente maniqueo: blanco o negro, ellos o nosotros, conmigo o contra mí.

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En esta ocasión, le vieron las orejas al lobo y la participación masiva conjuró el peligro. Pero conviene reflexionar sobre lo aprendido. Cuando la deshonestidad se centra en azuzar emociones negativas, para así sectarizar socavando la división inmanente en EEUU, las cualidades del lider (ególatra, arrogante, histriónico...) no cuentan. La pregunta es: ¿Ocurre esto solo en EEUU?