Entender + las rebajas

Descuentos entre restricciones

Anuncio de rebajas en el escaparate de un comercio cerrado en las pasadas rebajas de invierno.

Anuncio de rebajas en el escaparate de un comercio cerrado en las pasadas rebajas de invierno. / Ferran Nadeu

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La campaña de rebajas es un buen indicador de la economía, así como de las tendencias sociales. Recién salidos de una Navidad menguada en casi todos los sentidos, el inicio del año no es alentador para el comercio, sujeto a las medidas contra el covid.

Representantes de las asociaciones Barcelona Comerç, Facua y Greenpeace analizan a continuación las diferentes vertientes de las compras.

Decepcionados y perplejos

Salva Vendrell

Presidente de Barcelona Comerç

Indignación, decepción, perplejidad, desconfianza, incertidumbre... la situación que vive el comercio en nuestra casa es muy amplia en estados de ánimo desde el mes de marzo pasado y las últimas restricciones nos abocan a uno de los momentos más críticos vividos hasta ahora, tanto porque la medida nos obliga a renunciar a los mejores días de la campaña de rebajas sino también por la acumulación de muchas otras anteriores, que nos ahogan día a día. Cada vez que parece que empezamos a ver un poco de luz, la pesadilla vuelve a empezar y cada restricción se convierte en una oportunidad menos de hacer caja y ganar algo más de tiempo de supervivencia. Si estas semanas de cierre obligado los fines de semana se alargan aún más, las consecuencias serán catastróficas y entre un 15% y un 20% del comercio se verá obligado a cerrar definitivamente. Esto son 10.000 tiendas y más de 26.000 personas al paro.

"Si estas semanas de cierre obligado los fines de semana se alargan aún más, entre un 15% y un 20% del comercio se verá obligado a cerrar definitivamente"

Desde el minuto O de la pandemia, el sector del comercio ha sido proactivo a la hora de tomar medidas para garantizar la salud de los clientes. Hemos asumido todas las medidas obligatorias dictadas y, también, hemos implementado otras suplementarias por voluntad propia. Aun así, el Govern se ha empeñado en señalarnos como el origen de todos los males. Han estigmatizado la hostelería y están consiguiendo hacer lo mismo con el comercio. Somos un segmento económico capital -el 16% del PIB de Catalunya, según datos de la Dirección General de Comercio a partir del Idescat-, pero nos desprecian. Toman decisiones de una magnitud totalmente inasumible para un segmento, el nuestro, de comercio al por menor y de proximidad, donde el 97% de los titulares son microempresas y ni ahora ni en estos cerca de 10 meses hemos recibido ayudas a la altura reales de nuestras necesidades. Andamos solos, y desgraciadamente muchos se están quedando por el camino.

"El Govern se ha empeñado en señalarnos como el origen de todos los males. Han estigmatizado la hostelería y están consiguiendo hacer lo mismo con el comercio"

Éramos conscientes que estas no tenían que ser unas rebajas normales. Había que reducir los estocs acumulados y todos habíamos asumido unas rebajas con descuentos muchos más agresivos que otros años que nos permitieran hacer ventas antes de afrontar unos meses que ya se preveían duros. Ahora, sin embargo, los días de mayor venta de campaña, durante los primeros fines de semana, nos han obligado a cerrar y lo que no facturemos no lo recuperaremos. Eso sí, mientras tanto, todo lo que nosotros dejamos de vender, sí que lo podrán hacer las grandes plataformas 'on line', que siguen operando y vendiendo toda clase de productos, sean esenciales o no, mientras nosotros tenemos la persiana bajada.

Hace meses que la gente no va de compras, simplemente va a comprar y con las rebajas teníamos la esperanza de empezar a revertir esta nueva realidad. El comercio está a punto y preparado -siempre lo ha estado-, para recibir a los clientes. Cumplimos con todas las medidas, hemos invertido en sistemas de desinfección, hemos comprometido nuestras economías, muchas familiares, para seguir adelante, pero no nos dejan trabajar... Aun así, estamos aquí, dispuestos a colaborar, a buscar soluciones juntos –hasta ahora pocas veces nos han requerido para debatir las restricciones relacionadas con nuestro sector- y para contribuir a poner fin a esta pandemia.

Esperemos que los esfuerzos del comercio, en la mayoría de los casos ya ahora sacrificios, sirvan para algo...

Rebajas que aburren

Rubén Sánchez

Secretario general de Facua

Las rebajas ya no son lo que eran. Los consumidores estamos rodeados de tantas modalidades de ventas con supuestos descuentos que en algunos establecimientos, casi la mitad del año muchos de sus productos tienen ofertas especiales, que la saturación lleva a muchos a restar importancia a las rebajas. De hecho, si sumamos los dos meses de rebajas de enero y febrero, los dos meses de rebajas de julio y agosto, los siete días de descuentos que muchos comercios anuncian en torno al Black Friday, la semanas fantásticas, 8 días de oro, etcétera, a veces da la sensación de que las épocas del año en las que no hay descuentos son aquellas en las que no deberíamos comprar ropa, electrodomésticos, equipos electrónicos…

Porque visto lo visto, ¿en ese casi medio año que duran los periodos de rebajas y de otros tipos de descuentos, los productos están más baratos o sencillamente es cuando determinadas superficies desinflan los elevados precios a los que los tienen a la venta el resto del año? Evidentemente, hay de todo, pero lo cierto es que cuando se abusa de una técnica comercial, pierde su efecto y el consumidor se satura, se cansa, se aburre.

"Cuando se abusa de una técnica comercial, pierde su efecto y el consumidor se satura, se cansa"

Pero más allá de eso, el gran problema está en el consumidor que desconfía, el que cree -o incluso sabe- que el descuento que le anuncian es falso. Son demasiados los casos de establecimientos que falsean sus supuestas bajadas de precios. En ocasiones, suben el importe de determinados productos unas semanas, días o incluso horas antes para luego retornarlos al precio anterior y asegurar que tienen un rimbombante 40%, 50%, 60% o 70% de descuento.

Y ante tanta saturación y engaño, acaban pagando justos por pecadores. Los primeros perjudicados, por supuesto, son los consumidores víctimas de descuentos fraudulentos. Los segundos, los pequeños comerciantes que intentan mantener un equilibrio en sus precios durante todo el año, con márgenes ni demasiado altos ni demasiado bajos, para poder competir con las grandes empresas sin ir a la ruina. Comerciantes que no tienen más remedio que sumarse a las temporadas de descuentos, como las rebajas, a sabiendas de lo difícil que les resultará competir en ellas con los gigantes del sector en el que operen. Comerciantes que, lamentablemente, a veces sienten que para vender no tienen más remedio que mimetizar las prácticas ilícitas que cometen los grandes simulando descuentos que no son reales. Afortunadamente, muchos no caen en ese error y, lejos de intentar tomar el pelo a sus clientes, actúan con honestidad, aunque sufriendo los perjuicios que ello conlleva.

"Ninguna comunidad autónoma puede presumir en España de llevar a cabo con eficacia los mecanismos de control de precios para evitar fraudes"

Para poner freno a las engañifas en las rebajas, Black Friday y similares, resulta fundamental que las autoridades autonómicas de protección al consumidor hagan el trabajo que le corresponde. Realizar controles de precios en los establecimientos durante las semanas previas, compararlos con los que se oferten durante las temporadas de descuentos y, en caso de detectar fraudes, sancionar a las empresas que los cometan y hacer públicas estas multas, como aviso para navegantes. Lamentablemente, ninguna comunidad autónoma puede presumir en España de llevar a cabo con eficacia ese tipo de mecanismos de control, sanciones y transparencia en su aplicación.

Quien compra decide

Celia Ojeda Martínez

Responsable en Greenpeace del proyecto internacional de ciudades y consumo

Hace poco le comentaba a una amiga los regalos que había tenido por navidad; camisetas veganas, ecológicas, sostenibles y hechas en España. Mi amiga, que suele frecuentar tiendas de moda rápida, me contestó: “Me encantan, no sólo las camisetas, sino la idea, la ética, la sostenibilidad. Quiero empezar a hacer lo mismo”. Tuve que leerlo dos veces. ¿Cómo se ha generado ese cambio? Por mi parte he predicado con el ejemplo, he cambiado mi consumo despacio y con ejemplos asequibles y cercanos. Lo hice porque es una manera de luchar contra la emergencia climática. Además es acto político; a través de mis compras elijo quién quiero que 'gobierne' el planeta; ¿prefiero un planeta liderado por grandes multinacionales que no cuidan el medioambiente ni a las personas, o lo contrario? 

"Mantener el consumo al ritmo actual tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra"

El consumo de bienes y servicios es normal, necesitamos comer, movernos, vestirnos, comunicarnos… Pero nuestra sociedad está envuelta en el consumismo. Pasear por una ciudad o navegar por internet es un escaparate que nos genera necesidades que creemos indispensables, cuando realmente no lo son. ¿Quién no ha comprado algo que realmente no necesitaba? Solo en los últimos 14 años el consumo de ropa en el mundo ha crecido un 60% y las prendas se usan la mitad de tiempo. Esta tendencia, de la que depende en gran medida el actual sistema económico, tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra. 

Mantener el consumo al ritmo actual requiere de materias primas cuya extracción crece sin freno. En 1970 se extraían cerca de 22 billones de toneladas de materiales primarios en todo el mundo (metales, combustibles fósiles y otros recursos naturales como madera y cereales). En 2010, esa cifra se disparó hasta los 70 billones de toneladas y se estima que en el año 2060 se necesitarán 190 billones de toneladas para hacer frente a la demanda. Entre el 60 y el 80% de los impactos en el planeta, en términos de los requisitos de materiales, agua y uso de la tierra, así como las emisiones de gases de efecto invernadero, provienen del consumo doméstico. Solo la industria textil es la segunda más contaminante por detrás de la petrolera y el 8% de las emisiones de CO2 mundiales tienen que ver con la fabricación de prendas y el transporte intercontinental de las mismas.

"El auge del comercio 'on line' entraña un grave peligro en términos de uso de los recursos, emisiones de gases de efecto invernadero y de residuos"

Este consumismo se ve incrementado en momentos como rebajas, Navidades, Black Friday… En 2018, las compras del Black Friday fueron un 220% superiores a las de un día normal y en torno a un 80% de los españoles adquirió algún producto, frente al 74% de la media europea. Este año y debido al contexto de crisis sanitaria y socioeconómica actual lo que ha aumentado es el comercio electrónico. Este entraña un grave peligro para el planeta en términos de uso de los recursos, emisiones de gases de efecto invernadero y de residuos; los envíos rápidos y a domicilio requieren de tres veces más energía que los habituales y el plástico del envío no es reciclable. 

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Aunque parece que una parte de la sociedad es inmune a todos estos datos, hay otra parte, cada vez mayor, que lidera un cambio, el 73% de los españoles hacen sus compras teniendo en cuenta motivos éticos o de sostenibilidad. Sin embargo, tanto empresas como gobierno necesitan hacer un cambio en su sistema de producción y gestión para que estas cifras de consumo alcancen el 100%. Como personas consumidoras, conservar lo que ya tenemos el mayor tiempo posible, reparar, intercambiar, rellenar y comprar local y sostenible son unos buenos primeros pasos para proteger el planeta a través del consumo.