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Catalunya 2021: ¿año de prosperidad?

¿Qué le depara el 2021 a la economía catalana? Las previsiones apuntan a una recuperación tras un año aciago. Siendo como es un año electoral, toca tomar decisiones. Oriol Amat, catedrático de la UPF y decano de la UPF Barcelona School of Management, y Joan Miquel Piqué, profesor de Estrategia de EADA Business School, analizan la situación y apuntan algunas medidas que se deberían aplicar.

Una terraza del Poblenou tras el anuncio de nuevas restricciones en los horarios de bares y restaurantes en Catalunya.

Una terraza del Poblenou tras el anuncio de nuevas restricciones en los horarios de bares y restaurantes en Catalunya. / Ferran Nadeu

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La economía catalana, igual que la española, la europea y la mundial, está sufriendo los estragos del covid-19. Si las previsiones se cumplen, después del descalabro de este año, el 2021 marcará el inicio de la recuperación. Con elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina, será el Govern que salga de las urnas el 14-F el encargado de pilotar la etapa pospandemia y adoptar las medidas que permitan que la prosperidad económica sea sólida y duradera. Será la hora de la verdad.

Rescatar la economía sin perder más tiempo

Oriol Amat. Catedrático de la Universitat Pompeu Fabra y decano de la UPF Barcelona School of Management

Las crisis económicas son inherentes a la historia de la Humanidad. Desde la Antigua Mesopotamia, miles de años antes de Cristo, sabemos que las crisis se van repitiendo en ciclos que se producen cada varios años, normalmente entre seis y 10. La mayoría se producen a causa del pinchazo de burbujas especulativas. En ellas, el desencadenante es la combinación de aumentos desorbitados de los precios, riesgos excesivos y mucha deuda. De forma más esporádica, también hay crisis provocadas por hechos extraordinarios como guerras, fenómenos naturales (terremotos) o pandemias. Ahora nos ha tocado una de estas.

La economía lo está pasando mal. Durante los confinamientos, la caída de la actividad económica rondó el 50% y solo aguantaron sectores como la sanidad, farmacia, alimentación, Administración Pública, educación, comercio electrónico, logística y pocos más. La caída de actividad provocada por el covid está afectando donde más duele. Ya han desaparecido alrededor de 20.000 empresas catalanas, que representan el 8% del total; y los efectos se están notando en las cifras de paro y déficit público.

En algunos sectores, la situación aún es más dramática. Por ejemplo, el 80% de los hoteles siguen cerrados. Según Barcelona Comerç, en el centro de Barcelona ya han cerrado sus puertas el 30% de los comercios, a causa también de la desaparición del turismo. La mayoría de estadísticas apuntan que en el 2020 el PIB (el total de la actividad económica) caerá alrededor de un 12% en Catalunya. Y los efectos en el paro y la pérdida de bienestar son inmediatos.

Han desaparecido ya unas 20.000 empresas catalanas, un 8% del total

Y, a partir de ahora, qué puede ocurrir. Como se demuestra a menudo, los economistas no siempre acertamos en las previsiones de futuro. Y ahora, además, dependemos de la evolución de la pandemia. Los escenarios sanitarios más optimistas apuntan que a lo largo del 2021 las vacunas, los test rápidos y la mejora de los tratamientos médicos pueden permitir que la pandemia empiece a remitir. Pero también hay voces expertas en el mundo sanitario que dicen que lo de las vacunas va para largo ya que se necesitan varios años.

Por optimismo compulsivo me apunto a los escenarios favorables. Como indican la mayoría de servicios de estudios, como el FMI y el Banco de España, es factible que la economía empiece a recuperarse en el 2021. En Catalunya, de acuerdo con la Cámara de Comercio, parece que el crecimiento del 2021 puede rondar el 7%. Por tanto, no tendríamos una recuperación completa hasta el 2022. Y, en algunos sectores, como hoteles, líneas aéreas, agencias de viajes, puede demorarse uno o dos años más.

A la vista de estas previsiones qué podemos hacer. Aquí van siete propuestas y todas empiezan por la letra A. La primera: Ahora, es urgente que los gobiernos rescaten a las partes más vulnerables de la economía, desde las pymes y autónomos hasta sectores especiales como turismo, aerolíneas, comercio, cultura… Esto implica más deuda pública, lo cual es un problema serio, pero creo que este no es un problema tan grave como el cierre de más empresas que nos empobrecerán mucho más a todos y a la larga provocarán mucho más déficit y deuda pública. Hay países de nuestro entorno que ya lo están haciendo y son los que se recuperarán antes. En cambio, nosotros ya estamos empezando a hacer tarde.

Protesta de las agencias de viajes frente a la Generalitat por la delicada situación que atraviesan por la pandemia por Covid 19.

/ JORDI COTRINA

La segunda medida: Apostar por las personas, que significa que todas las empresas que puedan han de mantener el empleo. La tercera: Alejarse de los catastrofistas. No podemos dilapidar la energía que necesitamos para resistir. Todas las crisis, tarde o temprano, se superan y nos irá mejor con mentalidad positiva. Cuarta: Apuntalar la caja y el margen en las empresas con medidas innovadoras. En este último punto estamos fallando, ya que los datos de I+D no son nada alentadores puesto que la inversión en innovación sigue cayendo. Quinta: Aprovechar las oportunidades que hay, sobre todo por las caídas de precios en inmuebles, empresas y otros bienes. Hay años en los que hay que vender y años en los que hay que comprar; y en medio de las crisis es cuando podemos encontrar las mejores oportunidades. Sexta: Ayudar en todas direcciones. Por ejemplo, comprando en comercio de proximidad o pidiendo comida a domicilio de los restaurantes que queremos que no cierren o respetando las medidas de seguridad que recomiendan las autoridades sanitarias. Y, finalmente, aprender de los errores de las últimas décadas y cuidar la sanidad, la ciencia, corregir desequilibrios como la pobreza y el medio ambiente.

Nos irá mejor con mentalidad positiva. Tarde o temprano, todas las crisis se superan

Todas estas medidas no afectan solo a los gobernantes. Nos interpelan a todos, tanto como directivos, trabajadores, consumidores o también como ciudadanos. Aún estamos a tiempo de evitar males peores.  

Volvamos a la política económica y productiva

Joan Miquel Piqué. Economista y profesor de estrategia de EADA Business School

Por varias razones, la economía no ha sido el tema principal de la política catalana en la última década. Hemos atravesado una recesión muy importante con más de cinco años de crecimiento negativo entre el 2008 y el 2013, pero más allá de la eterna preocupación por las tasas de paro (que en el 2013 se acercaron al 25%, y al 50% para los jóvenes), la economía no ha sido una prioridad, y replicó de manera muy fiel la evolución de la economía española, creciendo y cayendo a ritmos prácticamente calcados. La productividad del trabajo ha caído notablemente, mientras aumentaba la del capital, y el poder de compra de la ciudadanía en relación con la media de la Unión Europea se ha mantenido prácticamente igual desde el inicio de la crisis financiera, hace ya 13 años.

La conclusión de esta imagen se podría resumir en que la economía catalana es fundamentalmente la misma que hace 10 años. No hemos avanzado, sino que nos hemos instalado en una situación de inercia, y quizás también un cierto estancamiento. No se puede estar en todas a la vez.

La economía catalana es fundamentalmente la misma que hace 10 años. No hemos avanzado 

En este contexto, miles de empresas en Catalunya están teniendo éxitos importantes, millones de profesionales y trabajadores aportan un gran valor al tejido productivo. Muchos innovan, otros inician nuevos negocios, una parte importante son exportadores, la gran mayoría están enfocados en hacer las cosas bien. Pero la sensación es que el mérito es suyo, más que de cualquier administración.

La economía, en su conjunto, debería poder recuperar el liderazgo, no solo en términos de producción y crecimiento, sino también desde la perspectiva de la innovación, de ser aquel espacio avanzado que se no se compara con otras áreas productivas del entorno más inmediato, sino con las regiones económicas más avanzadas del mundo, dando prioridad a la excelencia sobre la geografía.

Revisando el Plan de Gobierno de la Generalitat, muchos de los objetivos podrían ser compartidos por cualquier opción ideológica: «promover la competitividad y el desarrollo económico por medio de una red de infraestructuras y una gestión integrada, multimodal y digitalizada»; «impulsar políticas de empleo activas e integrales para la activación de las personas y para la mejora de su empleabilidad»... y en paralelo hay otros, aquellos que pueden ser más específicos, con más riesgo e intención, que parecen ahora mismo muy lejanos o difícilmente creíbles, como «crear el marco para el logro de la soberanía económica» o «apostar por una economía verde y circular, que ahorre recursos, ponga en valor los residuos y que impulse Catalunya hacia una sociedad pionera en innovación».

Catalunya necesita volver a la política económica y productiva. Necesita, sobre todo, que la economía, la empresa, el trabajo y la esfera profesional de las personas vuelvan a tener el protagonismo que nunca debieron perder ahogados bajo el ruido de otras cuestiones. Quizá todo el esfuerzo para apoyar el desarrollo económico, la competitividad y el tejido productivo sigue estando presente en la agenda del Govern, pero una de las cuestiones en las que hay que insistir es que la ciudadanía no lo sabe, no lo percibe; la ciudadanía no lo valora porque, incluso los mejor informados, no lo conocen. Y, a veces, parece también que, si existe, no se le da suficiente relevancia.

Catalunya necesita que la economía, la empresa y el trabajo vuelvan a tener el protagonismo que nunca debieron perder

Para la política económica y empresarial que comience en el 2021, posiblemente sería necesario un relato claro, visionario, realista, valiente. Sabiendo que la competitividad será menos importante que las alianzas; que el terreno de juego es mundial, ahora más que nunca, y que las empresas que nacen hoy no aspiran a tener pasaporte, sino clientes en cualquier lugar del mundo. Que nuestras ciudades piensan en su papel en el ámbito global, y que quieren tener un liderazgo en el que la geografía es tan solo un activo para mejorar la calidad de vida de las personas que viven en ella.

Trabajadores de la farmacéutica catalana Reig Jofre, en las instalaciones de la empresa en Sant Joan Despí.

/ Efe / Alejandro García

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