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¿De qué ha servido hasta ahora el acuerdo del clima de París?

  • La competitividad de las tecnologías limpias se ha disparado después del pacto climático

  • El supuesto “efecto París” no es suficiente para evitar los peores efectos del calentamiento

Proyecto austriaco de una autopista cubierta por paneles solares.

Proyecto austriaco de una autopista cubierta por paneles solares.

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El Acuerdo de Paris – la principal política global contra la emergencia climática aprobada hace 5 años – ha generado un tsunami de compromisos. Por ejemplo, países y territorios que representan a más de la mitad del PIB global, y más de 1500 grandes empresas, ya han prometido tener emisiones netas nulas en 2050 o antes. Sin embargo, las emisiones siguen desatadas. En 2015, se emitían 53.000 millones de toneladas de CO2 cada año. Hoy, ya son 55.000.

No obstante, un informe publicado este mes afirma que hay un extraordinario “efecto París” en la economía. El estudio de la consultora Systemiq (financiado por la entidad filantrópica británica Children's Investment Fund Foundation y alabado por Nicholas Stern, autor de uno de los más influyentes informe sobre cambio clímatico) detecta un salto adelante sin precedentes en la competitividad de las tecnologías bajas en carbono

¿Qué es el “efecto París”?

Según el estudio, en 2015 apenas había tecnologías bajas en carbono competitivas con las contaminantes - o sea, que hubieran alcanzado el mercado de masa. Actualmente, las hay en sectores que corresponden al 25% de las emisiones globales, según el estudio.

“En los pasados cinco años hemos visto un crecimiento exponencial y más rápido de lo previsto”, afirma Julia Turner, coautora del trabajo. Estas tecnologías afectan a sectores que van del transporte a la agricultura, pero donde más han avanzado es en la energía.

Por ejemplo, la caída en el precio de la energía solar ocurrida en los últimos cinco años corresponde a la que la Agencia Internacional de la Energía se esperaba para 2050. A la vez, la producción y el valor del carbón en Estados Unidos han caído en picado (incluso bajo Trump) y la industria de las proteínas alternativas a la carne ha crecido un 29% - dos de los múltiples datos optimistas del informe.

Todos los expertos consultados reconocen que la economía está reaccionando de forma medible ante el cambio climático y las políticas para mitigarlo. Pero muchos dudan que esa reacción sea suficiente.

Hollande, Fabius y Ban Ki-moon, en la presentación del acuerdo de la cumbre del clima de París.


/ Francois Mori / AP

¿Es mérito de París?

“Paris no lo explica todo, pero ha sido fundamental para crear un círculo virtuoso entre la ambición climática en la política y la confianza de los inversores en las tecnologías bajas en carbono”, afirma Turner.

“Paris tiene un efecto en cuanto a diseño de políticas, pero estas aún no se están implementando, en su mayoría”, discrepa Jaime Nieto, investigador en economía de los recursos naturales de las universidades de Valladolid y de Leeds. Nieto coincide con otros expertos que consideran que el aumento de competitividad viene de antes , y el pacto climático aún no ha dado efectos visibles en ello.

¿La tecnología solucionará el cambio climático?

El informe de Systemiq deduce de las tendencia actuales que en 10 años habrá tecnologías bajas en carbono competitivas en sectores que representan el 70% de las emisiones. “Estamos cerca de unos puntos críticos del mercado, después de los cuales la economía cambiará de forma dramática. Ya no es una cuestión moral. Es que los combustibles fósiles ya no son una buena inversión”, afirma Turner. Sin embargo, la experta reconoce que tres cuartas partes de las emisiones no desaparecerán solas. “Se necesita un apoyo político continuado”, afirma.

Diversos expertos no comparten el optimismo del informe. Por ejemplo, Jeroen van den Bergh, investigador ICREA en el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA-UAB) cita múltiples estudios que revelan que las políticas nacionales se están quedando cortas con respecto a lo pactado en París. Además, hay evidencias de que los mismos objetivos acordados son insuficientes para alcanzar el recorte de emisiones necesario para evitar un cambio climático con consecuencias peligrosas.

Consumo de carbono

 

¿Dónde falla la tecnología?

Fiarlo todo a la tecnología aboca a algunos fallos:

Costes de la transición. “Para construir a gran escala centrales solares y eólicas se necesitan energía y materiales, algunos de los cuales escasísimos”, observa Enric Tello, catedrático de economía de la Universitat de Barcelona. Crear la infraestructura y las cadenas de suministro de las energía renovable requiere, paradójicamente, mucha energía fósil, además de impactar biodiversidad, comunidades y paisaje. “En este momento, tenemos que pensar muy bien en qué usamos el presupuesto de carbono que tenemos”, afirma Alfons Pérez, investigador del Observatori del Deute en la Globalitzaciói y autor del libro “Pactos verdes en tiempos de pandemias”.

Efecto rebote. Si reemplazo una bombilla con 10000 leds, lo más probable es que gaste más energía, aunque cada led sea mucho más eficiente de una bombilla. Este efecto rebote (o paradoja de Jevons) ya está ocurriendo. A más eficiencia energética no le corresponden menos emisiones, sino más. Como el consumo no para de aumentar, aunque las energías limpias representen una fracción creciente del total, las contaminantes siguen creciendo.

Desacoplamiento. “No hay evidencia empírica de que exista un crecimiento sostenible. En ningún país se ha dado crecimiento en la producción de bienes y servicio desacoplado de un aumento correspondiente de las emisiones, al menos no de la magnitud que necesitamos para reducir emisiones”, observa Íñigo Capellán, del grupo de energía, economía y dinámica de sistemas de la Universidad de Valladolid. En Europa, ese desacoplamiento se ha alcanzado en parte al coste de trasladar las emisiones a otras partes del mundo.

 ¿Qué falta para evitar las peores consecuencias del calentamiento?

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“La transición requerida es ecológica, no sólo energética y comporta el fin del crecimiento económico tal como venimos experimentándolo en los dos últimos siglos”, afirma Tello. “El único escenario que cumple los acuerdos de París es el despliegue de las renovables de la mano de profundos cambios estructurales”, explica. Para el primero, hacen falta grandes inversiones públicas, según Nieto (“hay que descarbonizar la economía y además hacerlo a tiempo”, afirma). Pero eso no exime de reducir la demanda de energía.

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