Club de Educación y Crianza de EL PERIÓDICO

Bienvenidos a las aulas del futuro

  • Un profesor universitario impulsa un movimiento para adaptar físicamente las escuelas a los nuevos criterios pedagógicos
  • Espacios diáfanos, flexibles y luminosos, sillas con ruedas, sofás y colores cálidos contribuyen a mejorar la experiencia del aprendizaje
Una de las escuelas diseñadas por Smart Classroom Project

Una de las escuelas diseñadas por Smart Classroom Project / SMART CLASSROOM PROJECT

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Olga Pereda
Olga Pereda

Periodista

Especialista en educación y crianza

Escribe desde Madrid

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"La escuela no es un parque de atracciones". Así titula el maestro y pedagogo Gregorio Luri uno de sus fundamentales libros, un ensayo en el que defiende el "conocimiento poderoso" y reivindica la autoridad de los maestros (no confundir con poder). Un colegio no es un parque de atracciones ni una democracia. Pero tampoco una cárcel. Ni un cuartel ni un valle de lágrimas, añade Luri. Dos estudiantes, Malc Vizern y Camille Rose Cabiles, han enviado al Club de Educación y Crianza de EL PERIÓDICO sendas cartas para comentar que el sistema escolar les aburre y desmotiva. "Se supone que deberíamos protagonizar la educación, pero la vivimos de forma pasiva". "Una buena educación es esa que no prioriza las notas que sacas en un examen, sino el conocimiento diario y el esfuerzo del alumno".

Hay chavales que no tienen 18 años y que ya están hastiados del aula. ¿Podemos devolverles la motivación? ¿Otra forma de enseñar y aprender es posible? Sí. Empezando por el aula. Y siguiendo por las mesas, las ventanas y las sillas. No hablamos de arquitectura sino de pedagogía. Si la evidencia científica demuestra que se aprende mejor colaborando ¿no hará falta crear aulas en las que los pupitres fomenten el trabajo en equipo?

Hasta ahora, el foco se ha puesto en la remodelación de los patios, donde los niños y niñas pueden llegar a pasar hasta 525 horas por curso. El objetivo era acabar con la dictadura del balón y empezar a aprovechar las virtudes no solo de oxigenación sino educativas de ese espacio. Ahora ha llegado el turno de que esa revolución llegue a otro recinto: el aula.

Cuando era un chavalín, Guillermo Bautista, actual profesor de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y director del master de formación del profesorado, también se aburrió mucho en el cole. Muchísimo. Por eso se formó como pedagogo, para aprender y llevar a la práctica otro tipo de educación. En 2008, acudió a un congreso universitario en Estocolmo sobre 'Las aulas del futuro'. El encuentro le motivó hasta tal punto que ahora dedica su vida profesional a pensar, desde la pedagogía, cómo cambiar fisicamente las clases para adaptarlas al siglo XXI y al futuro. Si las asignaturas, los libros de texto, los métodos, las pizarras y los profesores han cambiado en los últimos años, ¿por qué mantener ancladas en el pasado las aulas?

Una de las escuelas diseñadas por Smart Classroom Project

/ SMART CLASSROOM PROJECT

Pedagogos, no arquitectos

"No hablamos de pintar las paredes y ya está. Este cambio va mucho más allá. No somos arquitectos sino pedagogos. Nos motiva el bienestar de los estudiantes y mejorar su experiencia de aprendizaje. La escuela es un sitio en el que los alumnos y alumnas pasan muchas horas. Es un lugar en el que se aprende, se está, se come, se divierte, se crece, se duerme, se llora, se ríe, se juega, se estudia…", explica Bautista, responsable de Smart Classroom Project, una iniciativa que puso en marcha profesionalmente en 2016 para diseñar espacios escolares basándose en la evidencia científica. "Nuestro grupo de investigación interuniversitario surge de la necesidad de repensar los espacios de aprendizaje necesarios para llevar a cabo las nuevas metodologías educativas. Y, sobre todo, para ofrecer bienestar físico y emocional", explica el responsable del proyecto, implantado en Catalunya y en otras autonomías y cuyos tentáculos llegan también a América Latina. 

Colegios que maltratan

Hace unos días, Bautista se acercó a un instituto del Raval (Barcelona). "Entré en un aula que tenía unas paredes verdes espantosas y vi que el profesor señalaba la pizarra con un palo. Es un mensaje carcelario. Cuando terminé la visita comenté con el equipo directivo que no eran conscientes pero que el colegio les maltrataba. Fui así de claro", advierte. Bautista añade que muchos colegios e institutos se han convertido, sin quererlo, en espacios donde se almacenan cosas. Ya sean libros, pupitres o pizarras. En su opinión, la escuela tiene que convertirse en un verdadero espacio de aprendizaje. Espacios amables, luminosos y personalizados. Lugares en los que ¿por qué no? haya plantas que regar y cuidar y pufs en los que se sentarse cómodamente.  

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Diáfanas y flexibles

Las aulas deberían ser diáfanas y flexibles. "No nos damos cuenta, pero los colores también influyen en nuestro estado de ánimo. Hay colores que provocan calma. Los estudiantes tienen que interactuar, así que sus mesas deben fomentar esa actividad. Por no hablar de las sillas. ¿Algún adulto que se pasa ocho horas en una oficina se imagina trabajar en una silla que no tenga ruedas? Y otra cosa ¿por qué el profesor tiene que tener una mesa propio separada del resto? Todo cuenta. Todo influye a la hora de enseñar y aprender. También la ventilación, la temperatura y humedad del aula. El dióxido de carbono influye y nos provoca cansancio", alerta el profesor universitario.

Bautista añade que el cambio no debe ser solo físico sino global. Explica que las clases rígidas de una hora ya no sirven en el aprendizaje del siglo XXI. Una clase puede durar una hora, por supuesto. Pero también media. O dos. Depende. El pedagogo también apuesta por fomentar los grupos mixtos con estudiantes de varias edades.

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