Club de Educación y Crianza de EL PERIÓDICO

La 'ley Celaá' y la parte contratante de la primera parte

  • El convulso y estéril debate que ha provocado la nueva norma educativa se parece mucho a la mítica escena de la película de los hermanos Marx
 Señal de trafico cercana a un colegio.

Señal de trafico cercana a un colegio. / JOSÉ LUIS ROCA

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En el colegio público El Raso, en Moralzarzal (Madrid), hay un cartel que recuerda una cita maravillosa de Nelson Mandela: "La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo". 

En España, sin embargo, nos hemos quedado con la primera parte de la frase. La educación es un arma. Reprochamos a los políticos -y con razón- que la conviertan en un campo de batalla. ¿Cómo puede ser que sus señorías no alcancen un pacto de Estado? ¿Cómo puede ser que tengamos ocho leyes educativas desde los años 70? Culpa de los políticos, claro. Pero también nuestra. El debate que vemos en el Congreso es el mismo que tenemos nosotros con nuestros amigos y familiares. Nadie pregunta en qué va a mejorar la educación la nueva ley ni cómo va a beneficiar a los estudiantes. El debate se centra en Religión sí o Religión no. Castellano 'versus' catalán. Y pijos (la concertada) contra progres (la pública). Qué gran error. 

Varios lectores han acudido al Club de Educación y Crianza de EL PERIÓDICO para escribir lo que opinan de la 'ley Celaá', que está dando sus últimos pasos en el Parlamento antes de su aprobación definitiva. José María Torras afirma que "propicia la vagancia y elimina el derecho de las familias a elegir el modelo de enseñanza para sus hijos". Eva Navarro se indigna por "el destierro" de la asignatura de Ética en 4º de la ESO. Ximo Estal califica de "hipócrita" el "ataque de la derecha" a la norma. A él le hubiera gustado que Religión saliera directamente de las escuelas. 

Interpretaciones

Qué difícil mantener un debate pausado y sereno. La repetición de curso será a partir de ahora excepcional y algunos pronostican vagancia en el alumnado. Otros recuerdan que la repetición es una fórmula cara, ineficaz y desigual. "A igualdad de rendimiento educativo hemos visto que se hace repetir más al alumnado socialmente más desfavorecido", explicó Xavier Bonal en EL PERIÓDICO hace varios días. Bonal, por cierto, también se mostró partidario de echar Religión de la escuela (algo que no hace la ley, que se limita a considerarla una asignatura optativa, sin contar para nota ni becas). La ley es la misma. Pero tenéis puntos de vista diferentes a los de Bonal en esta otra entrevista con Alfonso Aguiló. Una misma ley. Dos interpretaciones.

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La asignatura de Ética, efectivamente, no estará incluida en 4º de ESO, como pedía una enmienda. Unidas Podemos, el Grupo Plural y Vox votaron a favor de la propuesta. Pero el PSOE lo hizo en contra. Y PP y Cs se abstuvieron. Sí que fue ratificada otra enmienda que pedía que a los alumnos se les enseñara de alguna manera a tener empatía y respeto por los animales, así como conceptos de impuestos y justicia fiscal. Perfecto, por supuesto. Pero a lo mejor Ética también merecía un hueco.

A veces los debates parlamentarios son 'La parte contratante de la primera parte', mítica frase del guion de 'Una noche en la ópera'. La película de los hermanos Marx es infinitamente más divertida que la discusión política, tan escorada y convulsa como estéril. La 'ley Celaá' echará a volar, pero sus alas son tan cortas como las de cualquier ley educativa previa. Cuando haya un cambio de Gobierno y la derecha tome la bancada azul, el texto será derogado. Y otra vez a empezar. Y otra vez a convertir la educación en un arma. Y otra vez la Religión, el catalán y los pijos contra los progres. Así no.